Linea Directa


RENUNCIE USTED O, MÁS BIEN, PIDA LICENCIA SEÑOR PRESIDENTE
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 08-11-01)

Antes de darle curso legal a nuestra solicitud, debo aclarar que este modesto comunicador nunca tuvo entre sus objetivos “tumbarlo” a usted de su silla. Antes bien, pensábamos que siendo usted una persona con la inteligencia necesaria para haber llegado a la Presidencia, podría utilizar de vez en cuando nuestra crítica para corregir conductas y atemperar lo más posible lo más pedestre de sus acciones.

Sin embargo, fue usted quien introdujo en el plano de la discusión política nacional la idea de que los medios no podrían “tumbarlo” de la silla y nosotros nos preguntamos: ¿acaso no sería sano y más honesto que fuera usted quien de motu proprio renunciara a ejercer un liderazgo que en los hechos ya ha perdido?

¿Se siente usted lo suficientemente valiente para enfrentar la realidad y someterse a un juicio democrático, como podría ser un referéndum con el cual se consultara  a la ciudadanía, para ver si está de acuerdo en que continúe usted siendo presidente? Y, sobre todo ¿cuenta usted con la suficiente grandeza de espíritu como para someterse al juicio de su pueblo?

No. Definitivamente no somos nosotros quienes queremos “tumbarlo”. Es usted quien, con sus innumerables promesas incumplidas,  ha dado motivos de sobra para meter a la nación en la desesperanza. Al parecer, su falta de educación y sensibilidad le impide apreciar que las formas, en política, son fondo. Y que, en el fondo, sus formas chocan con las ideas que poseen los ciudadanos de la nación a cerca de lo que debe ser un presidente. ¿Acaso se ha detenido usted a pensar cómo violenta usted las leyes impuestas por los usos y costumbres? ¿Quién aprueba un agente viajero como presidente o quién acepta la idea de tener un presidente itinerante? ¿Cómo pisa, cual rojiza alfombra, algunas tradiciones profundamente arraigadas en el respeto ciudadano y como insulta con su insustancial chocarrería e insulsa verborrea a una sociedad que comienza a sentir los estragos de una crisis, cuyos orígenes les son ajenos, a la cual ve aproximarse como una desbocada locomotora? Estamos de acuerdo en que usted no generó las adversas condiciones que han sometido a mundo en un conflicto planetario pero, a pesar de su tibieza, usted, vía su nefasto canciller, es cómplice incondicional de las fuerzas más obscuras del imperio.

Estamos ciertos que las personas que lo seleccionaron a usted, señor presidente, para hacerse cargo del puesto que hoy ocupa, nunca previeron las actuales circunstancias por las que atraviesa la nación, como las del resto del mundo. Y si alguna cosa se puede mencionar a su favor es que usted no estaba diseñado para eso. Pero ahora ya está ahí y en su fuero interno usted y el resto de la ciudadanía sabemos que ya no le sirve a la nación. Entonces ¿por qué no pide licencia para separarse de su cargo y pasa a la historia como un hombre profundamente limitado, pero suficientemente honesto como para reconocer que fue derrotado por la vida?

Lo que no se vale es utilizar la técnica evasiva del avestruz. Recordemos que en una ocasión un economista poblano venido a menos, que responde al mote de “el  Gordo Aceves” , se quejaba con su jefe político, don Fidel Velázquez, de que estaba siendo criticado duramente por los periodistas y la respuesta del zorro del sindicalismo fue de antología: “no sea pendejo licenciado, no los lea”. Pero esa fue una recomendación muy ad hoc para el poblano ¿lo será para el presidente?


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