Linea Directa


EL SEÑOR DE LOS ARREPENTIDOS
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 26-10-01)

Quién iba a pensarlo; el señor de Los Pinos nos resultó un místico, casi un santo, y al cual, si fuese canonizado, debería llamársele “El señor de los Arrepentidos”. Sí, algunos millones de pecadores mexicanos votaron por él y ahora casi todos están arrepentidos. Pecaron de ingenuos, por inocentes y por creídos, pero finalmente pecaron y ahora tenemos en la vieja casona de Los Pinos y en el remozado Castillo de Chapultepec el imperio de las narco botas de charol.

No podemos afirmar que fue de golpe y porrazo, o como un camión que nos atropelló sin dejarnos ver ni las placas, pero de que nos dejó en la lona, no hay duda. Fue poquito a poquito, con desmadejada labia, producto de la más sofisticada mercadotecnia, que don Vicente Fox fue destruyendo uno a uno todos los viejos vicios del discurso priísta. Pero solo la novedosa retórica era capaz de vencer el viejo mensaje de la corruptela y el cochupo. En esencia, las entrañas del presidente son del mismo color, de la misma viscosidad  y la misma textura que las de los hombres del tricolor partido y si alguien pide una muestra del tamaño de un botón, pues ahí está la decisión de construir el que será el nuevo aeropuerto de la ciudad de México en Texcoco. Y ni modo de mandar al presidente a Chiluca, porque estoy seguro que no querría ir.

Por un lado los dinosaurios priístas, hasta cierto punto, están contentos, porque entre sí confiesan: ¡Fox es de los nuestros! Darle la multimillonaria concesión del aeropuerto al que hasta hace poco se denominaba el Grupo de Atlacomulco y que ahora podría llamarse el Edén de Madrazo, indica los amarres que se vio obligado a hacer un presidente-empresario que bien calladito se lo tenía; por ello se vestía de azul y blanco solo por fuera. En su yo interno admira, respalda y defiende los intereses del nuevo señor de Villahermosa, aquel que le propinó a Labastida un saco de sonoros como efectivos golpes que todo tenían que ver con su expresivo apellido. Y Madrazo quedó como campeón los narconegocios, en este sexenio, ya están asegurados.

Ha sido práctica común en nuestro sistema político que el presidente de la República controle, mediante su secretario particular, las relaciones con los capos del narcotráfico. Es la narcoempresa la que ofrece mayores dividendos y tal responsabilidad sólo se deposita en un personaje cercano, tan cercano como puede ser un secretario particular. Así tenemos bien situados, por ejemplo, en el sexenio de Miguel de la Madrid a Emilio Gamboa Patrón, con una variante, en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, al “Güero Ceja” y a Liébano Sáenz, en la administración de Ernesto Zedillo. Ahora, bajo el nuevo esquema del control del negociazo del aeropuerto, toma total sentido la designación por parte de Vicente Fox, para que un priísta medio renegado, pero muy mañoso, fuera nombrado secretario particular del presidente, me refiero a Alfonso Durazo: el hombre fuerte a quien corresponderá el control los negocios del giro negro de los polvos blancos, la yerba verde, y todo lo que hay en medio.

Así que Mr. Fox, tonto tonto, pero no tanto, se perfila como el proveedor oficial de los hombres que hacen la guerra de la “Libertad Duradera”.

Ver artículos relacionados:

“Aeropuerto Internacional hecho sobre medida” (http://gerardoreyes.com/page880.html)

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