Linea Directa


CRÓNICA DE UNA HUMILLACIÓN AL PRESIDENTE
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 08-10-01)

En la política internacional mexicana todo parecía caminar sobre ruedas la semana del 17 al 21 de septiembre. Después de los ataques terroristas del 11 del mismo mes las Torres Gemelas en Nueva York y al Pentágono, el gobierno de México parecía haber cumplido puntualmente con casi todos los requisitos que marca la urbanidad del buen amigo y buen vecino en materia de condolencias y adhesiones solidarias.

Sin embargo, durante el fin de esa semana (22 y 23 de septiembre) alguien, como diría don Quijote, de cuyo nombre no quiero acordarme, se le acercó al director del periódico Reforma y le puso en sus oídos unos rumores que supuestamente anidaban en los corrillos de los congresistas de derecha del Capitolio Estadounidense; “la notoria ausencia personal de Vicente Fox y la tibia posición del gobierno mexicano contrastaban con el gran desfile de mandatarios que el presidente Bush había recibido en Washington para presentarle personalmente las condolencias del caso.

El lunes 24 de septiembre en la columna institucional del periódico Reforma fueron publicados los rumores que supuestamente esgrimían algunos políticos estadounidenses por la tibieza de la postura mexicana. Ese mismo día el presidente Fox ofreció una respuesta a ese mensaje donde aducía que: México apoyaba al gobierno de los EE.UU. en el marco de nuestra Constitución y, “en su opinión, ese apoyo era incondicional”.

El martes 25 el escándalo crecía y el presidente aprovechaba cada foro en que hablaba para reiterar que nuestro país se sentía solidario con el gobierno estadounidense en cualquier acción que emprendiese en su guerra contra el terrorismo. El semanario británico The Economist, haciendo mofa del canciller mexicano, mencionaba la tibia postura del gobierno mexicano en relación a la Guerra antiterrorista de George Bush.

El miércoles 26 el secretario de Gobernación ofreció una entrevista en un programa de Radio Universidad y ahí hizo una declaración que parecía establecer límites a lo afirmado, un poco irreflexivamente, por el presidente Fox y textualmente dijo: "Yo rechazo el hecho de que nos quieran orillar a una subordinación con el Gobierno norteamericano, eso nunca lo vamos a permitir. No lo permitiría el pueblo, la gente, mucho menos un Gobierno que surge de la gente, a raíz de cualquier coyuntura que sea". Y antes de terminar la entrevista afirmó: "Yo pienso que esto no es una cuestión de cortesías, de hacer caras amables... La política es intercambio de intereses y en Estados Unidos tenemos millones y millones de mexicanos, ocho y medio, y la mitad de ellos son mexicanos sin documentos que están trabajando y beneficiando la economía norteamericana y a su bienestar en general". Ese mismo día, una hora después de terminada la entrevista, se dio la comparecencia del secretario de Relaciones Exteriores ante una comision de la Cámara de Diputados y éste funcionario adoptó una postura casi diametralmente opuesta a la de su compañero de gabinete, quien asumía para México, como propio, el conflicto de antiterrorista de los EE.UU. Una postura un tanto más moderada que la mostrada por el mismo canciller, ante el pleno de la Cámara de Senadores, donde de plano, se había rasgado las vestiduras para mostrar en sus ropas interiores los colores azul, blanco y rojo que estaba defendiendo.

El diferendum de opiniones de los hombres fuertes del Gabinete Presidencial, como en la Quinta Sinfonía de Beethoven que en sus últimos pasajes parece que va a concluir y, sin embargo continúa, reavivó el escándalo artificialmente creado hasta que finalmente logró sensibilizar a una pequeña porción de la opinión pública estadounidense y entonces sí, se compararon las actuaciones de los dos últimos jefes de Estado recibidos en el pleno del Congreso en el Capitolio: el mexicano Fox y, posteriormente Tony Blair, el primer ministro inglés. Se dice que todas las comparaciones son odiosas, pero ésta, a Fox le resultó criminal. Blair con mucha más experiencia política que su contraparte mexicana, había demostrado que, en la arena de la competencia diplomática, él era mucho más veloz para ofrecer su virginidad política que cualquiera de sus oponentes europeos y no se diga de sus competidores del continente americano. Entonces fue cuando a Fox le exigieron abierta sumisión.

El resto de este melodrama en Re mayor, es de todos conocido; el Senado de la República, presidido por la antítesis de don Belisario Domínguez, justifico con el procedimiento “super fast track” un permiso de emergencia autorizando al jefe del Estado mexicano, para ir a rendir pleitesía a su super homólogo estadounidense. La indignidad bañaba a las instituciones responsables de la política exterior y como al parecer aún existe un dejo de vergüenza en el equipo gobernante, se juzgó oportuno no invitar a la prensa mexicana a un “viaje de trabajo” a Washington para tratar de no dejar registro de cualquier conducta del gobierno del señor Bush y, especialmente, de sus congresistas que pudiera humillar aún más, a un mandatario que se sabe más respaldado por las fuerzas de allá que las de acá.


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