Linea Directa


LA GUERRA “SANTA” DE LOS JUDÍOS
Por Gerardo Reyes Gómez (LD 06-08-01)

Yasser Arafat, el líder de los palestinos, acusa ya el severo desgaste de su influencia, producto de una política diseñada en un núcleo de ultraderecha israelita. Con ello se radicaliza una lucha que, a este ritmo, durará mil años.

Cualquier líder que se respete sabe que él debe ir solamente un pequeño paso delante de seguidores. Si se adelante mucho pierde el control, si se retraza pierde el respeto, al confundirse su paso con los de sus adeptos. A Arafat los palestinos le han perdido gran parte del respeto que le guardaban, pero eso no ha sido obra del tiempo o de la casualidad; ha sido fríamente calculado y planeado a conciencia. El objetivo es llevar el conflicto árabe-israelí, que los cristianos llamarían “guerra santa”, a niveles más altos de violencia, buscando con ello avasallar al enemigo. Mientras tanto el diferendum, por momentos, semeja una guerra de exterminio.

Lejos estaba la pérfida Albión de imaginar que, al término de la Segunda Guerra Mundial, al ceder a las presiones estadounidenses para  traspasar a los judíos los territorios ocupados en Palestina, iniciarían una lucha sin cuartel que dura ya más de medio siglo y, lo que es aún peor, no se le vislumbra fin, ni en corto ni a mediano plazo.

De las víctimas de actos terroristas que diariamente ocurren en el Cercano Oriente, una buen parte deberían acreditarse a la cuenta de los EE.UU. ya que ellos son el aliado militar más importante del Estado de Israel. Ellos lo proveen de recursos económicos, de asistencia militar, de armas, como aviones y mísiles de alta tecnología y, lo más importante, de los recursos de inteligencia de tecnología de punta, poniendo al servicio del Mossad la red de satélites espías del Pentágono. Sólo así pudieron los servicios de inteligencia israelíes llevar a cabo su campaña de ejecuciones selectivas de buen número de los líderes de Hamas y Al fatah.

No olvidemos que la minoría étnica más poderosa en los EE.UU. es la judía, la cual obligó al gobierno estadounidense a plegarse a los deseos de Israel, a brindarle todo tipo de apoyos para su supervivencia como Estado, sin detenerse a pensar que debido a su política expansionista, una alianza como esa, rompería los precarios equilibrios interétnicos de una región cuya importancia geopolítica es estratégica para el equilibrio mundial.

Ahora la CIA, esa tan querida (por el gobierno de EE.UU), como temida institución supranacional, entró al juego de la ultraderecha judía y avala gran parte de sus acciones. Para ese efecto el ala fundamentalista israelí utiliza todos los recursos a su alcance, desde colocar una becaria debajo del escritorio de la Oficina Oval al entonces presidente Clinton, hasta participar activamente en la destrucción de un liderazgo como el de Yasser Arafat, con todos las peligrosas secuelas que eso puede acarrear.

    


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