Linea Directa


AEROPUERTO INTERNACIONAL HECHO SOBRE MEDIDA
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 06-07-01)

La pugna, que nada tiene que ver con la sana competencia, entre dos poderosas fuerzas del narcotráfico para construir el nuevo Aeropuerto internacional que deberá dar servicio a la Ciudad de México, tiene claros antecedentes con la construcción del Aeropuerto Internacional de Toluca; la lucha es por el control de los espacios y los corredores por donde deberán transitar las mercancías de mayor valor en el mercado y, entre ellas, las más redituables son las drogas y las armas.

Hace algunos años, durante la primera parte del sexenio de Carlos Salinas de Gortari, publiqué un artículo en las páginas editoriales de El Universal, en el cual expuse las razones técnicas por las cuales un aeropuerto construido en el Valle de Toluca no tenía viabilidad real para sustituír al de la Ciudad de México. Las razones que expuse me habían sido explicadas por miembros de la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores de México y tenían que ver con la mayor altura sobre el nivel del mar que tiene el Valle de Toluca, en relación al de México. Las enormes aeronaves comerciales, para poder despegar de ese aeropuerto tendrían que hacerlo sacrificando alrededor de un 15% de su capacidad de carga. Esto es, las compañías aéreas tendrían que dejar de vender asientos y admitir menos carga para poder operar dentro de los límites de seguridad internacionalmente normados. A la larga las empresas aéreas acumularían pérdidas que haría incosteable la operación.

Un par de días después de la publicación del artículo mencionado, curiosamente y sólo por coincidencia, apareció en primera plana de El Universal una entrevista realizada al secretario de Gobernación, Fernando Gutiérrez Barrios, en la cual él, sin referirse a mi artículo, refutaba las tesis que yo había expuesto, afirmando que las aeronaves sí podían operar con completa eficiencia en el que sería el Aeropuerto de Toluca. Esa era la respuesta del Gobierno a mi artículo, con lo cual entendí que la decisión era política y que la realidad técnica no tenía nada que ver en el asunto. La credibilidad de un secretario de Gobernación, normalmente, está por encima de la de un articulista editorial. El aeropuerto se construyó, bajo los auspicios del grupo más poderoso del narcotráfico en México y, como lo había yo predicho, las compañías aéreas no cambiaron sus operaciones a Toluca, a pesar de haberse construido, dentro del proyecto, una costosa supercarretera para conectar a esa capital con la Ciudad de México.

El doctor Juan Ramón de la Fuente, rector de la UNAM, comprendió que hoy, como antaño, las consideraciones técnicas para la construcción del nuevo aeropuerto no tienen importancia y son las de otros intereses sobre las que se tomarán las decisiones. Por ello el Programa Universitario del Medio Ambiente (PUMA) emitió un informe técnico con el cual se deslinda de emitir una recomendación que apoye la construcción en una de las dos opciones: Texcoco y Tizayuca.

Hoy, el conflicto entre esas dos formidables fuerzas del narcotráfico, encabezadas o representadas hasta ayer domingo por el profesor Hank González, por una parte y por el señor Murillo Karam por la otra, están por definir cuál será le tendencia del gobierno de Vicente Fox, si apoya a uno o a otro bando. A Pedro Cerisola, el secretario de Comunicaciones y Transportes, le tocará anunciar el veredicto que marcará el rumbo del narcoestado, aunque ya en este momento, por las afinidades de Cerisola con el mentor de Atlacomulco, las cuales pasan por Caminos y Puentes Federales, hacían pensar que la decisión estaba tomada.

Sin embargo, la muerte del profesor podría añadir algún elemento de incertidumbre, debido a que aún no existe un claro y definitivo heredero de los asuntos políticos y del emporio o imperio del narcotráfico controlado por Carlos Hank González. El heredero puede ser Roberto Madrazo, pero antes y para evitar sorpresas, habrá que dar lectura al testamento, mismo que deberá ser leído en “famiglia”. Mientras, no dejaremos de observar los ojos y leer los labios de Pedro Cerisola, porque el proyecto del aeropuerto internacional estaba cortado a la medida, ahora quizá ese traje le quede grande al heredero.

    


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