Linea Directa


EL EJÉRCITO GLOBALIZADO
Por Gerardo Reyes Gómez (LD 06-08-01)

Nadie podría negar que uno de los primeros pasos de la estrategia estadounidense para minar el nacionalismo de los países latinoamericanos fue debilitar a los ejércitos nacionales de los países al sur del Río Bravo. Todo estaba fríamente calculado en aras de imponer el globalismo a las repúblicas del sur y México no fue la excepción.

Hoy, gracias a medidas como las recientemente anunciadas de estar dispuestos a enviar a militares como "observadores" a Colombia, zona de conflicto armado interno, propiciado por EE.UU., nuestro Ejército agrava el proceso de su acelerado desprestigio, de las luchas y divisiones soterradas internas, de la falta de credibilidad y de creciente descontento que más pronto que tarde podría reflejarse en abierta rebeldía. Ellos tienen las armas, pero nos preguntamos: ¿tendrán la inteligencia para anteponer una estrategia efectiva ante los embates destructivos del Pentágono?

Desde hace años Línea Directa condenó, desde nuestra modesta perspectiva, las políticas que el imperio del Norte exportaba para tensar los hilos del control del Pentágono sobre el Ejército Mexicano. Así con toda energía nos opusimos a que nuestras fuerzas armadas participaran en la labor policíaca para combatir al narcotráfico. Con meridiana lucidez previmos con mucha antelación que altos mandos del Ejército serían corrompidos por el negocio de Estado que contamina todo lo que toca. Además, para hacer más firme nuestra oposición acudimos al siguiente argumento: ¿cómo el Gobierno de EE.UU. nos está obligando a utilizar nuestras fuerzas armadas en labores ajenas a sus obligaciones constitucionales, si los mismos EE.UU. se niegan categóricamente a utilizar su Ejército para combatir el tráfico, la distribución y el consumo de las drogas en su territorio?

Los gobiernos priístas terminaron por sucumbir a las brutales presiones y en muy pocos años el general Arévalo Gardoqui, secretario de la Defensa nacional durante el sexenio de Miguel de la Madrid, sería acusado, no sin poderosas razones de participar activamente en el negocio de las drogas. Los últimos años de vida los pasó el general confinado en sus propiedades, sujeto a una especie de arresto domiciliario. El Ejército se negó a enjuiciar a tan alto general, pero casi todo mundo conocía de qué pie cojeaba y las culpas de una administración sexenal a la que se le recuerda, precisamente, por haber tenido metidas las manos, hasta los codos, en el negocio de las drogas.

Más, con todo, los momentos de mayor desprestigio del Ejército los vició la institución durante el sexenio de Ernesto Zedillo. Todo parecía obedecer a una consigna. Llegó a la secretaría de la Defensa el general Cervantes Aguirre, un general que había sido agregado militar en la Embajada de México en Washington, donde estableció lazos de amistad y algunos de franca dependencia con altos militares de la administración militar estadounidense que si bien , por un lado le facilitaron mucho las cosas para llegar a ser el titular de la Sedena, por otro marcaron su destino político por el nivel de sumisión que se vio obligado a demostrar.

Hoy al general Cervantes Aguirre una fuerte corriente del Ejercito lo considera traidor, porque puso en evidencia a, por lo menos, tres generales que están presos. Uno purgando una condena en prisión, y dos sujetos a proceso de juicio militar. Estos últimos son los que por alguna razón, que ellos conocen mejor que nosotros, abiertamente lo califican de traidor. Los generales Arturo Acosta Chaparro y Quiroz Hermosillo tienen sellados los labios con un candado más fuerte que el acero al temple: el código militar, pero aunque estén impedidos para hablar de este delicado asunto, y aunque el general Cervantes Aguirre se haya auto expatriado a los EE.UU. para vivir más seguro, lo cierto es que después de él, el Ejército ya nunca será el mismo.



    


volver al homepage
HOMEPAGE


LINEA DIRECTA GERARDOREYES.COM DERECHOS RESERVADOS.   regg48@hotmail.com