Linea Directa


FOX PREPARA SU REELECIÓN
Por Gerardo Reyes Gómez (LD 30-07-01)

Pareciera que ya ha pasado ya mucha agua bajo el puente desde que Vicente Fox comenzara a pensar en su reelección como presidente y sin embargo apenas estamos escasamente a un año de distancia, pero como, mejor que político, es un buen administrador, su pragmatismo le impide quitar el dedo del renglón.

En los viejos haceres priístas era frecuente utilizar el modelo Vaticano, aquel que equiparaba al Papa con el presidente y a sus cardenales con los secretarios del Gabinete Presidencial. En esos usos y costumbres la normalidad exigía que el sucesor debía pertenecer al equipo cardenalicio de cuyo grupo seleccionaba al hombre que mejor garantizara sus intereses, desde la impunidad para él y su familia, hasta una relativa continuidad de algunos proyectos que le permitirían usufructuar un nivel de prestigio e influencia aceptable dentro de la maquinaria política del Estado. Esto, claro está, sin desdeñar el derecho de veto que también tradicionalmente ejerce el gobierno de los EE.UU. para depurar la lista de cardenales y bloquear los que no le son afines. Así se quedaron en la puerta Javier García Paniagua en la sucesión de López Portillo y Víctor Manuel Camacho Solís en la de Carlos Salinas de Gortari.

Formalmente los cardenales, por su posición privilegiada en la maquinaria del Gobierno, tienen la posibilidad de ser conocidos a nivel nacional y hasta internacional. Ese es un valioso capital político que, construido con mesura, eficiencia y entrega profesional, permite a la comunidad nacional conocer el potencial de los precandidatos. Sin embargo, el procedimiento nunca estuvo exento de algunas trampas. En la práctica no faltaron los excesos, por ejemplo: aquel de apariencia opaco, cuando no oscuro factotum tras el trono, de nombre José Córdoba Montoya, que se dio el lujo de demostrarle a los políticos nacionales que en México cualquiera puede ser presidente, sentando en la silla presidencial a Ernesto Zedillo. Con ello, Córdoba, ese agente al servicio de grupos de poder transnacionales preparó las condiciones para que arribara al poder un presidente con las características de Vicente Fox.

Ahora, cuando las cosas se le pusieron difíciles a Fox, se vio hasta cierto punto natural que el presidente acudiera a Córdoba para sacarle las castañas del fuego, y enclavado momentáneamente en Monterrey, Córdoba comience a operar el proyecto de mayor prioridad para el futuro del presente régimen.

La parte menos visible de la personalidad de Vicente Fox ya apunta a la búsqueda de la reelección. Con un estilo diferente, Fox no permite que ninguno de sus principales subordinados descolle al grado de darle sobra a su imagen. Basta observar cómo, cuando fue gobernador de Guanajuato ningún colaborador estuvo siquiera a una distancia aceptable para disputarle la carrera hacia la Presidencia. Así es que si los tres punteros: Francisco Barrio, Santiago Creel o Jorge G. Castañeda quieren saber hacia dónde dirige Fox sus ambiciones, no tienen más que leerle los labios a Córdoba Montoya.

    


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