Linea Directa


LA CRISIS DEL CISEN
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 23-07-01)

Nadando como campeones olímpicos en la alberca del infantilismo político, los funcionarios foxistas están pagando caro el noviciado de su falta de oficio en el ejercicio del poder. Alguien diría, no sin razón: ¡están perdidos! Y el Cisen, su principal servicio de inteligencia, no es la excepción.

Atendiendo a una necesidad de mercadotecnia política para mantener en alto el perfil de popularidad de Vicente Fox, fue diseñada una estrategia de comunicación que obligó a varios de los funcionarios de primer nivel a dar la cara, esto es, a ser entrevistados en los canales electrónicos de mayor penetración, en los tiempos de mayor rating, para difundir mensajes de apoyo a sus políticas. Así por ejemplo, fue entrevistado entre otros, su eminencia serenísima el cardenal Abascal, quien parecía estar en pleno uso de sus facultades mentales y que, sin embargo, se dio el lujo de creer que estaba dirigiéndose a una audiencia de minusválidos cerebrales, al pretender hacerles creer que el desempleo está a punto de ser abatido y que las cosas van tan bien que la nave del Estado, viento en popa a toda vela, pronto llegará a su destino.

No obstante, como suele pasar cuando se trabaja sin experiencia política y sobre las rodillas, en el desarrollo de la estrategia descrita no faltó el resbalón. En su afán de darse baños de pureza, al ser entrevistado Emilio Medina-Mora, director general del CISEN, puso todavía más en evidencia a una institución que se dedica a un oficio casi tan viejo como el que históricamente ejercen las prostitutas: el espionaje. El director del Cisen daba la impresión de que lo habían pillado en situación semejante a la de un famoso "Tigre", en un viejo paraje, antaño conocido como Santa Julia, cuando mezcló la necesidad del acopio de información para mantener la integridad del Estado, en el marco de los derechos ciudadanos, siendo que no existe equivalencia directa entre el derecho ciudadano y el Derecho que ejerce el Estado para su supervivencia y el mantenimiento de la paz social. Estoy seguro que Medina-Mora sí sabe la diferencia entre esos conceptos, pero obligado por las circunstancias del momento político que vive el país y la posición de relativa debilidad del Poder Ejecutivo, se sintió invitado a utilizar la demagogia, en detrimento de la verdad y de la buena fe, aunque como diría un querido amigo: "en política, la buena fe no existe".

¿Cuán culpable es Medina-Mora de la debacle por la que está atravesando el Cisen? Creo que no más que otros altos funcionarios, como el coordinador de Seguridad Adolfo Aguilar Zinzer y, sobre todo, procurador general de la república, quien se atreve a considerar a la delincuencia organizada como una organización de imbéciles que no saben diferenciar entre un atraco común y corriente y el aviso de un atentado que puede ser perpetrado contra el gobernador del Banco de México. ¿De veras cree el procurador general (o si le da la gana puede llamarlo general procurador) que esos delincuentes son tan estúpidos como para ponerse a tirar al blanco contra un grupo de escoltas de un funcionario que ejerce una posición estratégica para la economía nacional, mientras el encargado de procurar la justicia se divierte jugando una "cascarita" en un llano futbolero con los compañeros periodistas de la fuente?

Y que hacía el Cisen, mientras se planeaba enviarle el contundente aviso al gobernador de Banxico y al resto de la administración del señor Fox. ¿Alguien podría imaginar cuál hubiera sido la reacción de Alan Greenspan si, en lugar de un aviso, el objetivo hubiera sido que Guillermo Ortiz siguiera los pasos de su hermano?


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