Linea Directa


SE VENDE A CITIGRUP EL PATRIMONIO INTANGIBLE DE BANAMEX
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 23-07-01)

Mucho se ha escrito durante las últimas semanas de la venta de Banamex al Citigrup y con ella de la enajenación de una parte del patrimonio cultural propiedad del, todavía, banco mexicano. Defensores del patrimonio artístico en riesgo han surgido a pasto, pero a nadie se le ha ocurrido evaluar la perdida del patrimonio intangible del que se apropiará la multimillonaria operación financiera.

Dicho de otra manera, a la enorme mayoría de los mexicanos (intelectuales y no letrados) les importa más un legado de símbolos, de obras de arte, algunos edificios coloniales, importantes documentos y diferentes objetos de incontrovertible valor histórico, que el mismo futuro económico del país. Se defienden, como preciosos fetiches, los diversos símbolos de una identidad nacional que se desintegra a pasos agigantados en un mundo en plena transformación. En ese proceso de apropiación, de parte de las naciones ricas, que hace víctimas a las naciones pobres, denominado globalismo, están peligrando muchas otras cosas tan o más importantes que los símbolos de nuestra cultura; está en riesgo nuestra supervivencia como nación relativamente independiente.

Déjeme recordarle al lector que, en uno de sus rarísimos momentos brillantes, el ex presidente José López Portillo, a la pregunta de un reportero sobre la adversidad económica que enfrentaba el país, contestó: "corremos el riesgo de convertirnos en un país de cínicos". Hoy, amables lectores dadas las actuales circunstancias, permítanme ser un cínico, porque debo llamar pan al pan y vino al vino.

El plato fuerte de la comilona que el Citigrup se dará en México no es el patrimonio cultural de Banamex, sino su patrimonio intangible: el control del Cártel del Sureste. Ese corredor que nace en el norte de Colombia, pasa por Punta Pájaros en Quintana Roo y tiene su final en la tierra de ese finado personaje que murió apenas la semana pasada de muerte natural en Tamaulipas: Juan N. Guerra, el intocable capo del cártel del Golfo que rebasó los ochenta años, sin que ningún brazo de la justicia pudiera llamarlo a cuentas, curiosamente incluida la DEA. Los doce mil quinientos millones de dólares que pagará Citigrup están comprando el derecho de paso por uno de los corredores más lucrativos del tráfico de la cocaína colombiana, la propiedad de Roberto Hernández Ramírez, a quien le permitió construir un imperio financiero. Al mismo tiempo están comprando las relaciones que posee el todavía dueño del banco mexicano, relaciones que incluyen las del bajo y alto mundo, con ex presidentes de la República, líderes políticos y grupos financieros, pero también con el actual jefe del Poder Ejecutivo, con las familias de esos personajes, y sus relaciones, algunas de dependencia, con las diversas fuentes de poder del Estado.

Ese patrimonio intangible que rinde multimillonarias ganancias para quienes lo controlan ha sido, y es, invisible para las autoridades nacionales y extranjeras. Llámense Álvarez del Castillo, Ignacio Morales Lechuga, Jorge Carrillo Olea, Jorge Carpizo, Antonio Lozano Gracia, Jorge Madrazo Cuéllar o general Macedo de la Concha.


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