Linea Directa


LA EXTRADICIÓN; UN INSTRUMENTO DE LA JUSTICIA GLOBAL
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 16-07-01)

El mundo político todavía no sale de su asombro ante los vientos de justicia global que soplan en diversas latitudes del planeta. Ex presidentes, ex dictadores, ex hombres fuertes militares y hasta ex líderes sociales, están siendo juzgados y condenados por tribunales de sus propios países o internacionales. Sin embargo México en esta materia, todavía hoy, es un cero a la izquierda.

Contando con casos excepcionales y candidatos a juicio de lujo, México aún no incursiona en la nueva justicia global. Ello se debe, innegablemente, a una terca falta de voluntad política del Poder Ejecutivo mexicano.

Si en este momento están la cárcel o en los tribunales siguiendo un proceso judicial gente como: Manuel Antonio Noriega, de Panamá, Jorge Rafael Videla, de Argentina, Augusto Pinochet, de Chile, Slobodan Milosevic, de Servia, Helmut Kohl, de Alemania y hasta el ex hombre fuerte de Filipinas ¿cómo los mexicanos no nos hemos permitido intentar una catarsis de justicia para lavar culpas, pagar agravios y limpiar conciencias, aplicando la ley a los ex poderosos de nuestro micorcosmos político o ¿es que somos globalistas, sólo cuando nos conviene?

Todos podemos pronunciar cinco nombres que encajarían en el contexto de la búsqueda de la neojusticia global: Luis Echeverría Álvarez, José López Portillo, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, y Ernesto Zedillo. Los delitos por los que podrían ser acusados los conoce todo el mundo. Don Luis, por ejemplo podría enjuiciársele como partícipe, o al menos cómplice de un genocidio en contra de cientos de jóvenes estudiantes en la noche triste de Tlaltelolco, el año 68, amén de enriquecimiento ilícito como el resto de los cinco candidatos. A don José podría enjuiciársele por frívolo, disoluto, irresponsable, por nepotismo, por andar causando lástimas y vergüenzas y no haberse muerto a tiempo. Don Miguel podría ir a juicio por narcotráfico, por perversión de menores, por enajenación de bienes nacionales, por acelerar defunciones de periodistas, y algunas otras minucias que, de llevarse a la realidad, le quitarían lo que le resta de sueño en la vida. El buen (?) Carlos podría ser llevado a juicio por asociación criminal (era socio de su padre) por magnicidio imprudencial (el de Colosio), por despojo nacional (Telemex y mil cosillas más) de homicidio por Nintendo (la muerte de un cardenal) y otros importantísimos despojos del patrimonio nacional. Y a Zedillo, por cubrir de impunidad matanzas como las Aguas Blancas y Acteal, por autovenderse una buena parte de la red ferroviaria nacional y por habernos heredado a un presidente virtual.

Sin embargo, no debemos anclarnos en el pasado. Lo positivo del asunto de la justicia globalizada sería sacar partido de las lecciones de la historia. Entonces la pregunta de los mexicanos debería ser la siguiente: ¿cómo podemos evitar que el día de mañana algún juez español, británico o estadounidense emita alguna solicitud de extradición contra el señor Fox, o alguno de sus colaboradores? La respuesta, creo yo, debería ser muy sencilla, observándoles de cerca cada uno de sus pasos, para evitar desviaciones. Ya que hasta el momento por lo único que a Fox se le podría enjuiciar sería por nimiedades, como sus problemas de alcoba, por mandilón, y por un crimen de lesa patria: atentar contra la esperanza nacional para lograr un cambio real en el camino hacia la democracia.


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