Linea Directa


CABALLO DE TROYA EN LA UNAM
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 25-06-01)

Aunque parece que sí, la verdad es que la UNAM aún no se repone del trauma que le causó ver cómo el PRI perdió las elecciones del pasado dos de julio. A pesar de que su rector, el doctor Juan Ramón de la Fuente, es un experto en el tratamiento de traumas, los cuales provocan ciertos desordenes de la conducta, no puede pasar por alto que la institución posee demasiadas líneas cruzadas con miembros del ex grupo en el poder, como para desdeñarlas o fingir que no existen.

Recordemos que el ex presidente Zedillo, además de ajustar cuentas con el PRI, cobró doble venganza de una Universidad ácidamente critica y contestataria: primero le recetó un largo paro loco, encabezado por estudiantes y maestros ultras prefabricados, que ocasionó la caída y casi el total desprestigio de su amigo, el doctor Barnés de Castro y, finalmente, acatando un compromiso previo le entregó la Presidencia de la república a un fiel y leal exponente de la derecha internacional.

Tras setenta y un años de hegemonía priísta la Universidad no estaba preparada para el brusco cambio de manos del timón de la nave del Estado. La derechización en el mando apenas ha comenzado a mostrar el verdadero rostro de un proyecto de poder que pretende ejercer el control político de la nación durante, al menos, los cuatro próximos sexenios. Esta situación ha obligado a la UNAM a replantear todas sus estrategias de aproximación con los hombres del poder público, para atender, en la medida de lo posible, los requerimientos que en materia de educación superior ha comenzado a dictar el nuevo grupo en el poder.

El diálogo y la negociación serán las armas más poderosas que utilicen las autoridades universitarias, para intentar atemperar la implantación del pragmatismo a ultranza, como programa que persigue el fin utilitario elitista, en detrimento del bien social o la equitativa justicia para las mayorías nacionales.

Para tales propósitos la Universidad cuenta con activos de valor propio. No en balde docenas de universitarios militaron en las filas de la administración pública en puestos relevantes y acumularon una gran experiencia como estrategas del poder. En esa canasta hay de todo, desde cabezas de grupos de interés, operadores políticos, expertos en planeación, ex funcionarios de amplio espectro, grandes personajes, y pequeñas personalidades, gente de buena fe y otra de no tanta, así como un numeroso contingente dispuesto a defender lo mejor de sus ideas y los principios que las sustentan.

De entre ellos no ha faltado quién le haya dado al rector De la Fuente algunos buenos consejos, como adelantarse a las pretensiones del Congreso de la Unión, para fiscalizar las cuentas universitarias, presentándole estados de ingresos y egresos con el objetivo de distender tensiones y ofrecer transparencia en el manejo de los recursos.

Sin embargo, en el proceso de toma de decisiones, no debiera ser fácil para el rector De la Fuente depositar la confianza y la responsabilidad de emitir algún consejo que resultará crucial para la vida de la institución a primerizos o advenedizos. Y, por otra parte, aquella gente enamorada del ejercicio del poder finalmente le será leal mientras les sean alimentadas sus expectativas, pero en el momento en que desde las más altas posiciones del poder central les lleguen al precio, estará dispuesta a venderlo, si no por treinta monedas sí por una cuota que para ellos valdrá la pena. Ese pequeño círculo de influyentes consejeros, que son hechura de José Córdoba Montoya y que han escalado importantes posiciones de influencia en torno al rector, pueden en su momento, ser el caballo de Troya que lo ponga en jaque.

 


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