Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

EL TERCO

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 25-03-19)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

Conocí hace mucho tiempo a Andrés Manuel López Obrador, se desde entonces que es un hombre voluntarista que por años, ha caminado en el difícil mundo de la política y así ha acumulado un poder que va más allá de la mera silla presidencial, con todo y lo potente que ésta es por sí misma. Como buen tabasqueño, él se ha definido como terco (sucedió en su tierra natal, Macuspana, Tabasco) y de manera constante utiliza en sus discursos, tiempos verbales que dan por un hecho lo que es proyecto o deseo. No importa lo que ocurra a su alrededor. 

Lo cortés no quita lo valiente dice el dicho pero como no había sucedido antes y por razones de todos conocidas, el poderío del relevante y terco tabasqueño está hoy en un momento crucial. Ante la irrupción de la causa feminista perdió la brújula y la iniciativa política y la fijación de la agenda diaria se vinieron abajo. Luego llegó la pandemia del coronavirus, el terremoto mundial que padecemos y que la Presidencia de la República, mediante su subsecretario mediático de Salud, ha ido dosificando los tiempos de reacción, apostando quizá a una estrategia de retardo porque previamente advertidos no estábamos preparados pero cuyo desenlace de acuerdo con los expertos está cada vez más cerca si se relaciona con el manejo de las fases, y las pocas acciones oficiales implementadas en el álgido tema de salud.

Aun cuando todavía el número de casos es reducido, en comparación con las estadísticas de otros países, México podría parecer rezagado a la luz de las experiencias de esos otros lugares donde hoy se viven momentos críticos o donde se están imponiendo restricciones fuertes a las concentraciones masivas y al arribo de vuelos provenientes del extranjero y en especial de lugares con alta incidencia del virus mencionado. España, Italia, Estados Unidos y otros países son ejemplo.

Al considerar que López Obrador está en un mal momento, o que su fuerza no es tanta como en otros momentos de su estancia en Palacio Nacional, los opositores han subido de tono e intensidad los ataques. Todo con el imponente telón de fondo de los problemas económicos nativos, más los que han llegado como consecuencia del Covid-19 y que podrían determinar el rumbo práctico de lo que resta del sexenio, carente la administración obradorista del cúmulo de recursos que suponía (aunque en la retórica placera se diga que con los ahorros del combate a la corrupción se puedan remediar las nuevas carencias) y condicionada su conducta política futura por la necesidad de no alejar ni contrapuntear a la élite empresarial ahora tan necesaria para enfrentar los escenarios brumosos.

En las redes sociales, el golpeteo faccioso contra el presidente ha sido de una intensidad que delata el indiferente proceder. La terquedad de López Obrador así lo ha querido, ha hecho pronunciamientos que dan parque a sus opositores: “Tengo fe de que vamos a sacar a nuestro querido México adelante. No se dejen apantallar, no nos van a hacer nada los infortunios, las pandemias, nada de eso. Vamos a sacar adelante a nuestro país, porque cuando no hay corrupción el presupuesto rinde, alcanza; cuando hay corrupción no alcanza para nada”.

Más seriedad y menos terquedad nos demanda la crítica situación, los que estamos día a día, no tenemos trabajo, las farmacias del pueblo no existen, los hospitales y centros de salud no están preparados ni tienen capacidad de servicio, desalojan camas mediante cirugías ambulatorias y medicamentos, antibióticos, antisépticos y antibacteriales se acabaron o especulan con ellos, empiezan a escasear los productos básicos y los medios carecen de una política y estrategias de comunicación social serias. Creo que la gravedad de lo que se está viviendo en otros lugares y la inminencia del inicio de momentos fúnebres en México, como lamentable pero prevista consecuencia, requieren mucho cuidado institucional, el ejemplo debe ser parte de las principales figuras de este gobierno federal y un compromiso solidario de la sociedad y sus principales instancias organizativas.

Creo además, que la corrupción y la pandemia del coronavirus no deben asociarse, el virus temible, no puede ni debe abordarse desde la Presidencia de México a partir de un acto personal de fe. Tampoco mediante frases voluntaristas que consideran que un gravísimo problema de salud pública y de economía global “no nos va a hacer nada”. Usted como Presidente de México ya debe dejar de ser el terco tabasqueño, debe ser ejemplo y no debe exponer su salud en giras sin sanas distancias ni arriesgar la viabilidad de un proyecto nacional de cambio que descansa mucho, casi todo, en la especificidad de su persona. 

 


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