Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

EL TREN MAYA Y SUS VÍNCULOS

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 25-03-19)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

No hay plazo que no se cumpla y tampoco ninguna realidad territorial es tan simple como la bélica narrativa anti-tren lo intenta mostrar y menos aún si el espacio es el de la península de Yucatán, que es tan rico y culturalmente universal como pobre y económicamente excluido. El vínculo más cercano lo representa el juzgado primero de distrito en Campeche quien concedió la suspensión definitiva a la comunidad indígena perteneciente al pueblo maya peninsular y chol, asentados en Xpujil y Calakmul, contra la ejecución del proyecto del Tren Maya, en el tramo que abarca de Bacalar a Escárcega. Esto implica que el gobierno federal debe abstenerse de hacer obras nuevas, detener de manera indefinida la construcción y que las cosas permanezcan en el estado que actualmente se encuentran. Sin embargo, el gobierno federal puede impugnar el fallo.

Otro vinculo cercano, Elisa Cruz Rueda, asesora jurídica del Consejo Regional Indígena y Popular de Xpujil, organización que presentó la solicitud de amparo, manifestó su beneplácito al conocer la resolución, aunque agregó que no están conformes, porque la suspensión limita sólo a Calakmul, con ese fallo violenta derechos de los pueblos indígenas a la integridad de sus territorios, a su hábitat y al ejercicio de su autonomía y libre determinación.

Vinculo muy importante lo es Alfonso Romo, jefe de la Oficina de la Presidencia del actual gobierno, para él, las y los pobladores de Yucatán son muertos de hambre, que no saben ni manejar sus propias tierras y a los que la empresa Enerall, que él fundó y ahora maneja su familia, les lleva el progreso. A Romo se le llama cacique del agua, ya que a través de esa empresa obtuvo gratuitamente la mayor concesión de extracción de agua de la península. Según datos de la investigación de Cacelín, Melgoza y Rincón publicada el 2 de marzo por Proceso y otros medios, ese progreso señalado por Romo, radica en alterar gradualmente la naturaleza de los suelos y sistemas de agua únicos de la península de Yucatán para plantar soya transgénica y otras semillas patentadas por Monsanto-Bayer y similares.

En el proceso, Enerall taponó un cenote de 5 mil 500 metros cuadrados, deforestó y eliminó fauna local, pagó sueldos miserables a los trabajadores, en el acuífero más importante de México, cuya disponibilidad ha disminuido 43 por ciento. Según Romo, Enerall convierte suelos áridos en fértiles. Lo hace a partir de romper la estructura natural de los suelos con máquinas pesadas para agregar un sustrato que contiene microbios, con lo cual genera un suelo artificialmente apto para plantar monocultivos de soya, maíz y otros. Éstos son regados con glifosato, cancerígeno según la OMS, y otros agrotóxicos de Monsanto-Bayer y otras trasnacionales. Por su alta porosidad, los contaminantes se filtran más rápidamente y diseminan en el agua. Son sistemas complejos y delicados que los pueblos indígenas conocen, aprecian y han convivido con ellos durante siglos.

Vinculo también importante lo es Rogelio Jiménez Pons, director del FONATUR, este tenebroso promotor  y empresario inmobiliario vestido de servidor público por obra y gracia del presidente López Obrador, se refirió a las comunidades indígenas en el mismo tenor que Romo: el Tren Maya será negocio para algunos y en las nuevas ciudades habrá zonas para gente modesta que podría ir a trabajar a pie, pero también pedir limosna si hace falta, pero a pie. Indicó que la forma de financiamiento de los siete tramos en que está dividida la ruta del tren se realizaría mediante contratos de inversión mixta, también propone licitar el material rodante (locomotoras y vagones); el control y operación; entre otros. Así, tampoco es el Estado el que financiará y se hará cargo de estos otros elementos. Indicó que la forma de financiar las estaciones, que se edificarán sobre tierras ejidales, sería mediante el Fideicomiso de Infraestructura y Bienes Raíces (Fibra Tren Maya), un instrumento financiero hibrido (parte de su rentabilidad no está garantizada) que cotiza como cualquier acción en el mercado de capitales, donde priva el riesgo, la incertidumbre y la especulación. Fibra es la puerta de entrada para la desamortización de los bienes ejidales en la región y el despojo en gran escala de la propiedad social. Se trata de un modelo que se reproduce con el apoyo de un patrón de consumo cultural que exalta el glorioso pasado maya, pero desprecia o viste de colorido folclor a los mayas peninsulares del presente.

Es el inicio de un proceso amplio de acaparamiento de tierras y bienes comunes, de destrucción socio ambiental y territorial y de aniquilamiento de los tejidos sociales como parte de un plan orquestado que expulsa a sus integrantes de sus comunidades para convertirlos en jornaleros, recamareras, botones, meseros y sexoservidoras. No respeta su derecho a la libre determinación. Frena su reconstitución como pueblos, reconociendo autoridades ejidales, pero no les permite manejar sus asuntos como ellos quieren a través de la autonomía.

Ante estos escenarios que podrían constituir un despojo de la propiedad social, se agrega una duda muy grande. ¿Cómo Fonatur plantea una figura de Fibra para incorporar a los ejidatarios como socios, si la Ley Agraria no lo contempla? Al respecto, el procurador agrario indica que la ley establece que la aportación de tierras es para sociedades agrícolas, ganaderas o forestales y no podría ser para proyectos de desarrollo industrial y urbano. Entonces, a qué le apuestan, a que los ejidos pasen a dominio pleno, y se privaticen tarde o temprano. No olvidemos que este ha sido el gran sueño de los neoliberales. Esto significa que si esta propuesta prosperara, el gobierno federal y todos los mexicanos nos endeudaríamos.

Lo que quizá Jiménez Pons nunca ha sabido que lo que explica la miseria de una parte de la población de la región no es ni la falta de desarrollo ni de presencia estatal, sino las modalidades que éstas han asumido mediante un tipo de acumulación de capital, en qué Estado y mercado se han solapado para fabricar empresarios al calor de obras públicas y del despojo y la devastación de los recursos naturales, al tiempo que el voto de las grandes fortunas impone gobernantes y los programas sociales controlan a la población mediante la promoción de desarrollos inmobiliarios y turísticos que depredan el medio ambiente, explotan mano de obra nativa y migrante, favorece la instalación de granjas porcinas, permite la producción de soya transgénica y de cultivos de invernadero abundantes agro tóxicos, que cierra los ojos ante el desmonte de la selva.

No sabe o se hace pendejo de que el tráfico de drogas y la industria criminal en la región, impensables al margen del mercado mundial. No son un accidente ni una anomalía. Son parte sustancial de la maquinaria que impulsa el movimiento económico regional. Desde las ciudades santuarios, Cancún, Mérida, Playa del Carmen, donde habitan las familias de los señores del narco hasta los grandes emprendimientos donde lavan parte de sus ganancias, pasando por las rutas de tránsito de sustancias ilícitas, el sureste es una clave del rompecabezas del negocio de las drogas en México.

Tanto Enerall y el proyecto del Tren Maya, pieza clave del proyecto de nación que coordinó Romo para AMLO, como Fonatur con Jiménez Pons a la cabeza, parten de la misma lógica. No olvidan que los intereses del mercado y del Estado, no son los mismos. El primero busca a toda costa la ganancia; el segundo, en teoría, pretende el bienestar social. Pero esto está por verse. Nada ni nadie cambiará la vida de los campesinos y pueblos originarios, no hay vínculos que reconozcan ni respeten a las comunidades, sus formas de gobierno, culturas y relación con la naturaleza, sino que ven todo el sureste como una zona de negocios a explotar. Muy lejos de poner fin a este modelo de desarrollo, el Tren Maya lo profundiza. Basta verlo vinculado  al espejo del escándalo Enerall-Alfonso Romo o en el desarrollo de Cancún y la Riviera Maya para anticipar su estación final, los polos de desarrollo y las estaciones intermedias.

En estos tiempos difíciles y de incertidumbre, no podemos tapar el sol con un dedo, ni nos pueden engañar, no podemos comprender que la lógica implacable del capital puede regularse en favor del campo popular sólo porque hoy están al frente de algunas instituciones del gobierno quienes, hasta hace poco tiempo lo criticaban.

 


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