Linea Directa


BUSH Y LOS FANTASMAS DE ARIEL SHARON
Por Gerardo Reyes Gómez (25-06-01)

Mañana, martes 26, tendrá lugar una singular entrevista: un león viejo, semicansado, lleno de mañas y perseguido por los fantasmas de sus violencias, y por la otra parte, un joven cachorro, pretencioso, semivacío, un poco fatuo, inexperto e incapaz. El lugar de la cita será la Casa Blanca y los hombres en cuestión son los jefes de Estado Ariel Sharon de Israel y George W. Bush, homónimo de su padre, de los EE.UU.

El objetivo del león viejo es ayudar a bien morir el plan Tenet, para el Cercano Oriente. Una estrategia diseñada en el cuartel general de la CIA con el que se pretendía establecer una larga tregua de las hostilidades entre israelíes y palestinos. El plan no pasó de ser un intento de pacificación cimentado bajo la amenaza de las represalias que podría ejercer la CIA y otras fuerzas del imperio para doblegar a dos contendientes desbordados por el odio.

El viejo "Arik", que hace casi 73 años naciera con el apellido de Scheinerman y luego lo cambiara por el nombre sionista de Sharon, sabe desde su temprana juventud que, dentro de las naciones del mundo, las comunidades de inteligencia son un Estado dentro de otro Estado. El que fuera un fiero soldado jefe de la Unidad 101, antecesor de las fuerzas especiales de élite "sayeret", encargada de liquidar a los terroristas palestinos, está de nueva cuenta a punto de iniciar la guerra selectiva contra sus enemigos. Él tendrá que dar, en breve, en su calidad de jefe del Estado y jefe del gabinete de seguridad israelí, la luz verde para aniquilar a los hombres más beligerantes de entre sus enemigos. Pero eso no puede hacerlo solo; tendrá que contar con el visto bueno de la CIA, porque requiere los sistemas localizadores satelitales de los EE.UU., indispensables para poder situar a sus objetivos humanos. Ante esta realidad Sharon necesita la complacencia del mandatario estadounidense, lo cual prácticamente convertirá en cómplice de esas acciones al huésped de la Casa Blanca.

George W. Bush no cuenta con las luces de la inteligencia, ni la experiencia suficiente para tomar ese tipo de decisiones. Él tendrá que utilizar a sus asesores, especialmente al señor Chenny y a su propio padre, quienes pueden ayudarle a sacar las castañas del fuego. Especialmente si no quiere continuar observando como los ciudadanos estadounidenses, día con día, le pierden el respeto, debido al desencanto de un hombre al que los ultrapoderosos del planeta utilizan para personificar el poder presidencial, pero no para ejercerlo.

Mientras tanto, "Arik" Sharon, el viejo león de las márgenes del Jordán, continuará manchándose las fauces de sangre, en un festín que comenzó en la aldea de Kibbiya en 1953, con sus 69 víctimas inocentes, entre hombres, mujeres y niños.


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