Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

UN TRATADO CON LETRAS PEQUEÑITAS

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 17-12-19)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

La firma del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC), que remplaza al de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), parece encaminarse a una pronta ratificación luego del acuerdo preliminar alcanzado entre las bancadas demócratas del Legislativo de Estados Unidos, las centrales sindicales de ese país, así como la Casa Blanca. Ratificarlo será un adelanto de regalo navideño fundamental para que la actividad económica del país retome el crecimiento que tanto anhelamos.

El instrumento referido fue resultado de difíciles y largas negociaciones que comenzaron poco después de que Donald Trump asumió el gobierno de Estados Unidos, quien basó uno de los ejes de su campaña electoral en la crítica al documento anterior, porque según él resultaba desventajoso para Washington. México y su vecino del norte lograron un preacuerdo a finales de agosto del año pasado; Washington y Ottawa consiguieron resolver sus diferencias un mes más tarde y el 30 de noviembre, el día en que Enrique Peña Nieto concluyó su gestión, los representantes de los tres países firmaron el documento en una reunión anexa a la cumbre del G-20 en Buenos Aires, Argentina.

Aunque el nuevo convenio introduce algunas mejoras respecto de su antecesor, la razón principal para reformular el marco legal del comercio en la región fue la obstinación de Trump en presentarse ante sus electores como un mandatario triunfante en la defensa de los intereses estadounidenses frente a México y Canadá. El escenario político de la superpotencia es hoy radicalmente diferente: el presidente republicano se encuentra acorralado por diversos procesos legales y legislativos y en los preámbulos de un juicio político en su contra en el Capitolio.

En ese contexto, uno de los pocos temas en los que Trump y la oposición demócrata, que tiene mayoría en la Cámara de Representantes, pero no en el Senado, aún pueden ponerse de acuerdo es en ratificar el T-MEC, con el fin de que entre en operación a la brevedad posible, lo que será sin duda un hecho benéfico para las economías de los tres socios comerciales. Ambas partes tienen claro que no hay mucho margen para modificar el texto firmado en Buenos Aires, habida cuenta que ello rompería el consenso tan difícilmente logrado con México y Canadá.

En tales circunstancias, para los demócratas no es fácil impulsar alteraciones mayores a lo ya acordado, porque si lo hicieran tendrían que cargar con el costo político de un fracaso del largo proceso negociador. Trump, por su parte, ya obtuvo el beneficio propagandístico que esperaba y no tendría sentido que lo echara por la borda en el último minuto. De hecho, el canciller Marcelo Ebrard informó que nuestro país ha establecido líneas rojas en aquellos asuntos que tienen letras chiquitas y en los cuales el gobierno mexicano no va a aceptar modificaciones. 

Respecto de nuestro país, el T-MEC ya fue ratificado por el Senado de la República y el difícil trance de la renegociación del marco comercial ha sido encarado desde el inicio en un espíritu de colaboración y cohesión interna, primero durante la transición entre las administraciones de Peña Nieto y de Andrés Manuel López Obrador y, después, entre el gobierno de la Cuarta Transformación y las oposiciones políticas. Como siempre sucede con este tipo de acuerdos y tratados internacionales, la posterior lectura de la letra chiquita irá revelando detalles favorables o desfavorables para los intereses de las partes menos poderosas o condicionantes, sobre todo en materia laboral.

Será necesario conocer los términos relacionados con los diferendos recientes para valorar los avances o retrocesos consignados en los textos oficiales que se supone quedarán listos para su firma.

En general, mediante el discurso oficial nos han hecho creer que la ratificación del tratado es el evento clave que puede determinar la trayectoria de crecimiento el año que viene. Si es así, nos dicen que va a haber un mayor ritmo de inversiones, lo cual significaría mayor crecimiento y certidumbre por el gobierno federal en cuanto a las políticas públicas que se puedan ejecutar, y que no necesariamente se decidan por la vía de consultas populares. A propósito, yo hice mi propia consulta y se aprobó con letras chiquitas, el descanso de la temporada navideña, sea feliz en las fiestas por venir, beba moderadamente y prepárese para tener un mejor año sin sobresaltos y con menos violencia.

 


volver al homepage
HOMEPAGE


LINEA DIRECTA GERARDOREYES.COM DERECHOS RESERVADOS.   regg48@hotmail.com