Linea Directa


EL AMIGO DEL HOMBRE DE LOS PINOS
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 18-06-00)

Ese amigo del hombre de Los Pinos anda feliz, apenas lo puede disimular; en breve hará el negocio de su vida: venderá una de sus humildes propiedades en $12,500.00 millones de verdes dólares. ¿Cómo no le va a estar agradecido, al amigo? Y, además, los dolarucos, estarán libres de polvo y paja, porque ya lo dijo el empleado de su amigo, Paco Gil Díaz, a quien algunos, quién sabe por qué razón, empiezan a llamarlo "Vil Díaz", la operación de compra-venta no causará impuestos, ni del IVA ni de ninguna otra especie, porque afirma que en la transacción no habrá ganancia, que se trata de una simple tranferencia de acciones en la Bolsa.

A pesar de todo, ese amigo del hombre de Los Pinos, es un desperdicio. Hijo de un modesto ex presidente de un municipio del sur de Veracruz, nació con una virtud semejante a la del Rey Midas, aquel que convertía en oro todo lo que tocaba. Así, ese amigo es capaz de convertir en dólares todo lo que amasa, aunque justo es decirlo, siempre deja una huella de fino polvo tan blanco como la nieve. Hace escasos 25 años, ese amigo se tronaba los dedos, cuando recibía el estado de cuenta de su tarjeta de crédito. Hoy él las expide a cientos de miles de clientes y se da el lujo de cobrarles lo que le da la gana de intereses.

Si alguien afirma que es imposible que una persona pueda amasar en toda su vida una fortuna de doce mil quinientos millones de dólares, con sólo el producto del sudor de su frente y su honesto trabajo, pues le contestamos que tiene toda la razón, pero ¿qué tal si el trabajo de ese amigo no es tan honesto? Entonces la cosa cambia. Sin embargo, y lamentablemente, el hombre de Los Pinos muestra un deficiente manejo de la aritmética: no sabe cuántos son dos más dos. Y si lo sabe, pues entonces el asunto es aún más preocupante, porque aunque no lo sea, está representando el papel del cómplice perfecto.

Antes, en la corrupta era priísta, el control de los negocios más redituables de la llamada delincuencia organizada, fuera el tráfico de armas, de contrabando o de narcotráfico, caía bajo la responsabilidad del secretario particular o del secretario privado de la Presidencia. Hoy, la mojigatería en el poder deposita esa responsabilidad en los amigos, en los genios de las finanzas, en los reyes midas, en los que tienen acceso al círculo del narcopoder global. Por ello ahora existen los chuecos y los derechos, estos últimos son los delincuentes de cuello blanco. Unos están en La Palma y otros tocando a la puerta de Wall Street.

No podemos jurar que el superfinanciero del polvo blanco sea el mejor amigo del hombre de Los Pinos, pero si no lo fuera y viendo cómo lo benfició, entonces imagínense el lector cómo beneficiará a aquel que sí sea su mejor amigo.

 


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