Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

EVO EN EL EXILIO

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 27-11-19)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

En Bolivia, la Cámara de Diputados integrada por 130 miembros, pero varios renunciaron durante los agitados días que siguieron a la elección del 20 de octubre, sesiona con salón lleno luego de un mes sin hacerlo. Vista desde arriba, que es donde dejan entrar a la prensa, la sala de sesiones es de mayoría indígena. Así lo indican las trenzas, los sombreros de bombín de las diputadas, las whipalas en las curules de la mayoría Masista. En rigor, corresponde a un país donde 62 por ciento se reconoce indígena. La mayoría se impone fácilmente. El Movimiento Al Socialismo (MAS) tiene dos tercios de la Cámara de Diputados. Parte de la oposición vota en blanco.

Justo hace un mes fue la elección que encadenó protestas en las calles, conspiración de los poderes fácticos, traición de los mandos policiales, sugerencia militar y exilio para el primer presidente indígena de ese país. Sedicioso, terrorista, autor de crímenes de lesa humanidad, así lo llama hoy el ministro Arturo Murillo, cara ruda del régimen de facto, que ofrece como prueba un video donde se mira a un líder cocalero sostener una charla telefónica con alguien que, según los administradores del golpe, es Evo Morales.

El presidente en el exilio responde desde México: Algunos no aceptan que los indios gobiernen. En la Cámara de Diputados no hace falta que lo acepten. Dos indígenas, ambos militantes del (MAS), asumen la presidencia y la vicepresidencia del órgano legislativo que, en un escenario posible pero no seguro, designará a los nuevos jefes del INE boliviano, el Tribunal Supremo Electoral (TSE), quienes tendrán a su cargo la organización de los nuevos comicios, una vez que el mismo Congreso lance la convocatoria.

La diputada a cargo de presentar la propuesta dice dos líneas sobre el papel que la ciudad de El Alto ha jugado en las luchas sociales bolivianas y propone un minuto de silencio por los heroicos ciudadanos caídos el martes bajo la bárbara represión policial y militar lanzada por el régimen de facto boliviano en la planta de combustibles de Sakata. Los hechos ocurrieron después de que partidarios del depuesto presidente Evo Morales accedieron a desbloquear la planta, que habían mantenido rodeada, con el fin de que una caravana de camiones contenedores cargara combustibles líquidos y gas para abastecer a la capital, que desde hace varios días padece de falta de gasolina y gas debido al bloqueo. De acuerdo con diversos testimonios videograbados, el ataque a la población estuvo apoyado por helicópteros de combate y carros blindados. 

Con Evo Morales en el exilio, este episodio se suma a la matanza perpetrada el pasado viernes por las fuerzas gubernamentales en la localidad de Sacaba, Cochabamba, donde 10 personas fueron asesinadas por militares y policías; al decreto expedido la víspera por la autoproclamada presidenta Jeanine Áñez en el que de antemano exonera a efectivos de las fuerzas públicas de toda responsabilidad penal por delitos cometidos en acciones de represión; a las numerosas expulsiones de periodistas y al ambiente de encarnizada persecución política en contra de opositores al régimen de facto.

Otro hecho que retrata de manera inequívoca el carácter totalitario de los golpistas bolivianos es su empecinamiento en exigir al gobierno mexicano que violente los derechos de Evo Morales y lo obligue a guardar silencio, para lo cual esgrimen un viejo Tratado sobre Asilo y Refugio Político (Montevideo, 1939) que México nunca firmó y Bolivia no ratificó.

De la crónica parlamentaria que se describe, conviene subrayar un punto: nadie, en toda la sesión, menciona al exiliado presidente Evo Morales. La excepción, quizás, es un renunciante diputado opositor que alude a Morales sin nombrarlo y que no está presente. La secretaria del Parlamento lee una carta de renuncia en la que se habla de un fraude monumental, de un régimen nefasto y de las intenciones de alguien de perpetuarse en el poder. Los diputados del MAS no hacen gestos ni responden.

El Senado sesiona simultáneamente y recibe, del gobierno de facto, un proyecto de ley para convocar a elecciones (los vocales del TSE, equivalentes a los consejeros del INE mexicano, son nombrados por ambas cámaras). El paso previo, claro, es declarar nulas las elecciones de hace un mes, que Morales ganó, según cifras oficiales, con más de 10 puntos de ventaja, y que luego fueron cuestionadas por la oposición y por un informe de la OEA.

Será un camino largo para un país en crisis, con 71 bloqueos carreteros que han estrangulado a La Paz y Cochabamba. Una vez nombrados los vocales, el Congreso debe convocar a nuevas elecciones y el TSE encargarse de organizarlas. Piden que las nuevas autoridades electorales sean la transparencia pura y que el ejército y la policía se replieguen. Luego, se arranca con el deslinde: Estamos listos, como MAS para ir a nuevas alecciones… Nosotros hacemos leyes, pero no administramos elecciones; no somos responsables de lo que haya ocurrido en el país en los comicios del 20 de octubre”.

En el entorno de Evo Morales suelen decir que en tiempos de crisis cualquier disidencia es traición, pero la ausencia del presidente y su círculo más cercano, parece haber afectado el espíritu de cuerpo y la disciplina. Las fisuras internas no son tan claras entre las bases que siguen poniendo cuerpo y alma, en El Alto, sepultan a sus muertos entre reclamos de justicia. En las redes sociales circulan videos de la llegada de contingentes a la comunidad de Senkata. No están solos, no están solos, gritaban en las calles. Movilización, negociación, el horizonte posible de los masistas que sin Evo Morales, parecen haber optado por el menor de los males. En todo caso, si no usan esa vía, el gobierno de facto podría recurrir al expediente del decreto supremo y convocar a elecciones sin necesidad del Parlamento.

En la Ciudad de México, ¿Quién no quisiera volver a Bolivia? se preguntó Evo Morales Ayma quien se vio obligado a renunciar al cargo de presidente por un golpe de Estado al tiempo que denunció una alianza entre fuerzas externas e internas que operó en contra de su gobierno y que no desea su regreso al país andino. El presidente en el exilio lamentó que por decisiones políticas internas y externas no se le permita retornar a la nación sudamericana y acusó al mismo tiempo a la derecha golpista de impedir su presencia en el país sudamericano. Están pidiendo a Naciones Unidas, a la Iglesia católica, a la Unión Europea que no vuelva Evo.

Para Morales Ayma el fondo de este conflicto político es haber nacionalizado los recursos naturales. Hay algunos gobiernos que siempre quieren adueñarse de las materias primas que no nos perdonan porque el Estado industrializa estos recursos naturales. Es una conspiración, no solamente interna sino externa en contra de las políticas que se basan en que el pueblo sea quien gobierne al pueblo. Con miras a esclarecer la elección del 20 de octubre en su país, Morales Ayma invitó a organismos multilaterales, a la ONU, al jefe del Estado Vaticano, papa Francisco y a la misma Iglesia católica para formar una Comisión de la Verdad.

Aclaró que la Asamblea Legislativa boliviana no había tratado el tema de su renuncia, por tanto sigo siendo presidente y además de eso soy presidente electo que ha ganado la primera vuelta y no tengo nada que ocultar. No obstante, si la vía de la solución de la represión que se vive en Bolivia tras el golpe de Estado es la realización de nuevas elecciones, Morales Ayma se inclina porque se lleven a cabo. Todo por la paz para que haya un entendimiento, que haya nuevas elecciones. Calificó esta situación como un genocidio que cunde en el país sudamericano.

El presidente en el exilio confesó que extraña no estar desde las cinco de la mañana y hasta la madrugada los siete días de la semana en trabajo por la patria. “Hay tantas formas de volver, espero que nos garanticen la vida, sólo espero eso. No tengo ningún miedo de tantas amenazas, amedrentamientos, ya conocemos esa historia. Cuando se trata por la patria, por la igualdad, por la justicia, todos hacemos ese esfuerzo para estar con el pueblo boliviano”.

Por más que Áñez y los cabecillas civiles del golpe de Estado cívico militar consumado el 10 de noviembre insisten en que el régimen tiene el propósito de convocar a elecciones libres en un breve lapso, la inusitada violencia oficial en contra de los sectores populares, las declaraciones vitriólicas en contra de Evo Morales y el marcado acento racista y clasista en los discursos de quienes controlan en el momento actual las corporaciones armadas prefigura un régimen de abierta dictadura. El propósito es claro: reducir al mínimo el respaldo social al Movimiento al Socialismo (MAS), el partido de Morales, y organizar unos comicios a modo en los que esté garantizado el triunfo de una fórmula oligárquica y neoliberal. Existe, pues, el designio de llevar a Bolivia a una regresión a los peores tiempos de las dictaduras militares sudamericanas.

Ante este escenario de pesadilla, el presidente en el exilio señala que es necesario que el resto de las sociedades de América Latina y el mundo se mantengan al tanto de los sucesos y presionen a sus respectivos gobiernos para que la dictadura embrionaria se vea aislada y repudiada por la comunidad internacional. ¿Quién no quisiera volver a Bolivia? se vuelve a preguntar Evo Morales Ayma. 

 


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