Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

EL DESENCUENTRO

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 13-11-19)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

Más allá de ataques hepáticos en Palacio Nacional, lo mejor para México, sería fortalecer la imagen presidencial y perfeccionar sustancialmente la calidad y capacidad de respuesta de la comunicación gubernamental institucional a cargo de Jesús Ramírez Cuevas. Dos ópticas muy diferentes que detonaron el desencanto y el mayor desencuentro registrado entre el presidente y los medios de comunicación son: La primera versión oficial sobre el fallido operativo castrense en Culiacán, y el momento y la forma en que se dejó en libertad a Ovidio Guzmán, el hijo del Chapo Guzmán Loera. En demanda de despejar las numerosas dudas que prevalecen sobre lo que desató la crisis en la capital sinaloense. la democracia se transformó en broncas y encontronazos ridículos e innecesarios.

Después de 231 conferencias matutinas, unas buenas, somnolientas, pausadas, otras regulares y otras tirándole a peor, el ríspido intercambio, entre reporteros y el presidente fue vergonzoso. La cuarta transformación, no se merece esos espectáculos tan ridículos. Muchas preguntas sin respuesta, precedieron tal desencuentro. ¿Cuál fue el papel de la DEA? ¿Hubo filtraciones que frustraron el operativo? ¿Que se hizo con Guzmán cuatro horas? Si ya no es estrategia de este gobierno detener líderes de grupos delincuenciales, ¿por qué se realizó la acción de detener a Ovidio Guzmán?

Frente a esta pregunta, el presidente Andrés Manuel López Obrador notoriamente visceral respondió: “¡Nosotros no recibimos órdenes de Washington! Luego, cuestionó la cobertura periodística sobre la coyuntura: “Nosotros estamos informando como nunca se ha hecho. No fue así el comportamiento de los medios que actúan no en representación de los ciudadanos, sino en función de intereses”. En la coyuntura, afirmo que la versión que se difundió en algunos medios es que a Ovidio se le disfrazó y se le puso uniforme militar para sacarlo”. “¿No tienen por ahí las ocho columnas, la foto? En pantalla se proyectaba a edición del 18 de octubre de La Jornada. “Miren, ‘fue disfrazado con uniforme militar para su entrega’. Y esto, ¿qué dice abajo? Leyó el pie de foto ‘Integrantes del gabinete de seguridad federal informaron que a Ovidio Guzmán se le cubrió el rostro a medias, se le vistió con ropa castrense y un brazalete del Plan DN-III y se le subió a una camioneta’”. Un grito se escuchó desde el fondo del salón de conferencias mañaneras, se escuchó un grito: ¡Fue culpa de su gobierno, no había información! Otras voces simultáneas acompañaron los cuestionamientos a las afirmaciones presidenciales.

López Obrador siguió: Claro que vamos a garantizar las libertades hasta el exceso, pero también no se puede estar apostando a la manipulación y aprovechar ciertas circunstancias para desatar ataques al gobierno. Ya sin orden, y visiblemente molesto, insistió en sus razones: dar a conocer que se detenían las operaciones de captura de Ovidio, porque estaba en riesgo la vida de la gente. Lo más importante era evitar la masacre. El intercambio subió de tono, lo que motivó que López Obrador intentará dar por terminada varias veces la conferencia: Es que están muy excitados.

De nueva cuenta, a gritos se abrió otro áspero diálogo con uno de los reporteros. –¿Que pasa a las 15:17 cuando lo detienen? ¿Qué pasa, después? ¿Se quedaron en su domicilio? ¿Quién llevó a cabo esa negociación? ¿Cuál pieza del cártel de Sinaloa negocia con las fuerzas federales? Ya se dijo –reviró el presidente–, se retiran y ahí se quedan ellos. Ninguna, pero si quieren poner eso, que lo pongan. No, presidente, no es un asunto de algún medio, es un asunto de hechos. Vuelve a revirar, no, no, es que ya basta, de veras, con todo respeto, son asuntos muy serios que requieren responsabilidad y no se puede, por el amarillismo, poner en tela de juicio una acción tan importante.

Por último, apeló a la historia para reflexionar en la relación prensa-gobierno: “antes de que asesinaran al presidente Madero, se creó un ambiente. Después de haber sido una prensa sometida, abyecta, rastrera, durante el porfiriato, al triunfo del movimiento se desatan en contra de Madero, todos. De ahí surgió una frase fuertísima. ¿Saben qué llegó a decir Gustavo Madero? ‘Le muerden la mano a quien les quitó el bozal’. Eso no se lo perdonaron, nunca. Por eso se ensañaron en él”. Tampoco creo que se puedan perdonar fácilmente las ofensas proferidas recientemente y agudizan el desencuentro entre los medios y la figura presidencial.

 

 


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