Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

OPERATIVO FRACASADO

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 29-10-19)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

El general Luis Crescencio Sandoval González, secretario de la Defensa Nacional (Sedena), reconoce que el operativo para detener a Ovidio Guzmán López, El Ratón, hijo de Joaquín El Chapo Guzmán Loera, no fue circunstancial, se trató de una acción directa para la aprehensión de un delincuente que contaba con orden de detención emitida por un juez federal, con fines de extradición a Estados Unidos. Reconoce que el comando de 40 elementos de la Guardia Nacional y del Ejército Mexicano, actuó de manera precipitada, con deficiente planeación y falta de previsión sobre las consecuencias de la intervención, omitiendo además obtener el consenso de sus mandos superiores; consecuentemente, el gabinete de seguridad no fue advertido de las acciones que realizó el grupo y que generaron el caos y la violencia en Culiacán, ciudad de unos 800 mil habitantes y capital del estado de Sinaloa.

El operativo derivó en casi 12 horas de balaceras; oficialmente dejó un saldo de ocho personas muertas, así como 13 integrantes de las fuerzas federales heridos, restos de vehículos quemados, entre ellos tracto camiones, un carguero de cemento, una patrulla militar, otra municipal y diferentes automóviles, fueron trasladados a la pensión federal, y al menos cuatro cadáveres, fueron llevados al Servicio Médico Forense. En medio del caos, reos de la prisión estatal de Aguaruto, se apoderaron de las armas de los guardias, a quienes tomaron como rehenes, aunque más tarde los liberaron y huyeron. De 56 presos evadidos, 49 seguían libres después de la refriega, 39 del fuero federal y 10 del fuero común, a la fecha, nadie sabe dónde se encuentran.

Durante los hechos de inseguridad, los ciudadanos de Culiacán se replegaron en sus viviendas, trabajos y centros comerciales, se suspendieron las clases en todos los niveles y algunas instituciones gubernamentales y bancarias se regodearon en el asueto. El centro de la ciudad se mantuvo desolado, los negocios cerrados y hubo poco tráfico ante el temor de los ciudadanos de que se reiniciaran las hostilidades sobre todo en el centro y la zona de Tres Ríos, donde ocurrió la mayor parte de los enfrentamientos.

Después, poco a poco, y con total precaución, la población fue regresando a sus hogares, sobre todo los habitantes de zonas donde no hubo violencia y quienes podían irse en sus propios automóviles o de aventón, ya que el servicio de transporte público fue suspendido ante el temor de que sus unidades fueran incendiadas. Las escuelas cerradas y algunas oficinas públicas pidieron a sus empleados quedarse en sus casas. El tráfico en la ciudad fue atípico, pero más personas fueron saliendo conforme avanzó la mañana. Algunos automovilistas se encontraron con vialidades del sector Tres Ríos obstruidas por vehículos que continuaban humeantes. Policías estatales y de tránsito municipal resguardaban las zonas con evidencia de la refriega. Las fuerzas federales destacaron por su ausencia.

Ni siquiera hay partes oficiales: la orden fue trasladar los vehículos quemados, y donde había muertos, que los peritos levantaran evidencias. Muchos negocios de la capital sinaloense continuaron cerrados, algunos transeúntes se topaban con casquillos percutidos o manchas de sangre, entre otros restos de la jornada violenta. Las gasolineras comenzaron a dar servicio conforme avanzaba el día y tarde, porque muchos empleados no acudieron a laborar, pocos restaurantes abrieron, sobre todo a las orillas de la ciudad, pero tampoco se veían muy concurridos.

Por la noche, las fuerzas de seguridad se replegaron y miembros del grupo que –se presume– es comandado por los hijos de Joaquín Guzmán Loera salieron de nuevo a las calles para recoger los cadáveres de sus compañeros. Desde muy temprano, personal militar resguardó las inmediaciones del palacio de gobierno, donde se efectuó una reunión del gabinete de seguridad nacional con autoridades estatales y municipales, al final de la cual ofrecieron una rueda de prensa y llegó la demagogia con toda clase de frases bonitas.

“Ante la difícil situación, no puede valer más la captura de un delincuente que las vidas de las personas”, “un dirigente puede poner en riesgo su vida, no la de los demás” aseguró el presidente Andrés Manuel López Obrador. Luego, con distintos argumentos, dijo que se tomó una decisión que marca la diferencia y respondió a los medios que le parecía exagerado que se hable de un fracaso de la estrategia de seguridad de su gobierno, fue reiterativo al advertir que no la cambiará ni volverá a la anterior, cuyo resultado sólo fue guerra, masacres y muertos. Luego se disfrazó de predicador y ponderó el tema de la paz: No a las masacres. Amor al prójimo. No se puede apagar el fuego con fuego, el mal con el mal, reprimir al pueblo, como se hizo antes, porque de esa forma, barriendo, aniquilando, con la idea de exterminio, sólo se convirtió al país en un cementerio.

Tras el episodio de Culiacán, el predicador tabasqueño rechazó que se fortalezca al narcotráfico o se debilite el Estado. Eso es una conjetura de los expertos, sobre todo de nuestros adversarios, ellos no cambiarán de opinión porque ellos apuntalaron la política del terror, de la corrupción, de injusticias y privilegios. Quisieran que el presidente se equivoque, que fracase, pero yo no les doy mucha oportunidad. Y lo asumo: tengo otros datos, indicó.

Alfonso Durazo Montaño, el palero en turno, señaló una vacilada más: “no se abandonará la estrategia de paz como producto de la justicia, no hay falta de Estado ni ausencia del gobierno federal en esta decisión”, ya que de haber continuado con la operación hubiese implicado un altísimo e inadmisible riesgo de bajas entre la población civil la cual fue utilizada como escudo humano por la criminalidad. Y menos mal, sostuvo que el objetivo del gobierno federal “no es enlutar hogares, sino resarcir el desgarrado tejido social. Nos enfrentamos a grupos que son resultado de décadas de corrupción política y abandono social, décadas que ellos mismos vivieron y fueron protagonistas principales. Desde luego que los conservadores no van a estar contentos con nada y siempre van a cuestionarlos.

El Mesías López Obrador dice que cuesta trabajo que esto se entienda, pero los hechos poco a poco demostrarán que la paz es la vía correcta porque la anterior fue un rotundo fracaso que provocó más de un millón de víctimas. Luego una reportera le preguntó si no se está enviando un mensaje de impunidad, asunto que también fue negado, así como la posibilidad de un pacto.

No hay contubernios ni asociación delictuosa entre la delincuencia y las autoridades en turno. Yo lo dudo y por lo pronto, me quedo con que la población de Culiacán, ni de ningún lugar, se merece esto, el operativo fue verdaderamente desastroso, incluida la graciosa huida de los reos de la prisión estatal de Aguaruto, la liberación de Ovidio Guzmán, y la ostentosa incapacidad comunicativa gubernamental.

Me quedo con que el presidente López Obrador y el gabinete de seguridad nacional, de ninguna manera pueden minimizar lo ocurrido y mucho menos, olvidarse del operativo imprevisto, mal planeado, ejecutado y finalmente, fracasado.

 


volver al homepage
HOMEPAGE


LINEA DIRECTA GERARDOREYES.COM DERECHOS RESERVADOS.   regg48@hotmail.com