Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

GRITOS DE ESPERANZA

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 22-10-19)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

 

Hace tres días, en Culiacán, Sinaloa, una patrulla de militares intentó arrestar a Ovidio Guzmán López, hijo del encarcelado narcotraficante Joaquín El Chapo Guzmán, para extraditarlo a Estados Unidos. El precipitado operativo, frustrado por una “planeación deficiente”, según la Secretaría de la Defensa Nacional, detuvo la actividad económica y social de la capital sinaloense y ha generado críticas dentro y fuera de México a la actuación del gobierno. Una revisión de los hechos de violencia desencadenados da pie a una serie de interrogantes que ni las explicaciones oficiales ni el examen analítico de los acontecimientos han alcanzado a despejar.  

Las incógnitas no son vectoriales y nada tienen que ver con la decisión gubernamental de detener los enfrentamientos mediante la liberación del personaje fugazmente detenido, sino con las aparentemente poco –o mal– meditadas acciones previas a la furia que durante varias horas tuvo en vilo a la capital sinaloense. Las preguntas son de dos órdenes. Por un lado, están las relacionadas con la ejecución del operativo, y por otra parte las que competen a la acelerada respuesta armada del cártel de Sinaloa, que evidencia un alto grado de coordinación frente a situaciones como la vivida por capitalinos sinaloenses, o en su defecto que se trató de una reacción prevista de antemano, es decir planificada.

Respecto del desempeño de las fuerzas regulares, resulta difícil creer que la captura de un capo que no es una pieza clave en la actividad del cártel, se emprenda con tan pocos efectivos, sin ningún apoyo logístico y con más atisbos de improvisación que de estrategia. Las autoridades informaron que el zafarrancho se originó cuando una patrulla fue atacada mientras circulaba frente a la casa donde se hallaban el hijo de El Chapo y sus acompañantes. Desechada esta increíble versión, es claro que la incursión se realizó con un número insuficiente de efectivos y con escasa eficiencia operativa. En cuanto a la respuesta del narco frente al intento de detención, se significó por su rapidez, su capacidad numérica, su elevado poder de fuego y una táctica muy definida, consistente en realizar sus ataques de manera casi simultánea y a través de grupos dispersos en distintos puntos de la ciudad. Con estos datos, no parece verosímil que se haya tratado de una respuesta espontánea, dada por sicarios que acudieron por libremente en auxilio del capo aprehendido.

Da la impresión, más bien y como apuntamos líneas arriba, de responder a un plan concertado y en todo momento dirigido. Podría corroborar esta supuesta tesis, la relativa prontitud con que se produjo un alto al fuego, una vez anunciada la liberación de Guzmán López. Si los grupos armados que recorrían Culiacán hubieran sido producto de la espontaneidad no se entiende cómo podrían haber decidido, una vez desatados, interrumpir prácticamente todos al mismo tiempo su violenta actividad. En el terreno de las conjeturas, difícilmente sabremos cuál fue el elemento que detonó el operativo para capturar al hijo de El Chapo.

Celebremos que el mismo no haya terminado con una masacre de proporciones, por obra y gracia del cambio de estrategia adoptado por el actual gobierno que, por otra parte, ha hecho pública su decisión de no cejar en la labor de desarticular las redes del crimen organizado, aunque sin entregar por ello la crecida cuota de sangre que pagaron, sin éxito, las dos administraciones inmediatamente anteriores y celebremos también, que entre algunos gritos oaxaqueños de respaldo, Andrés Manuel López Obrador tomó una decisión muy difícil, “decidimos primero la vida de los seres humanos. No a la violencia. La paz, la tranquilidad. No a la discordia, no al odio. La hermandad, el amor al prójimo es la filosofía, la doctrina de este gobierno”. “nunca más” esa estrategia de querer apagar el fuego con el fuego, “de enfrentar la violencia con la violencia. Jamás vamos nosotros a reprimir al pueblo de México”. “cuando haya justicia, vamos a serenar a México. Va a haber paz y tranquilidad en nuestro país. Esa es nuestra filosofía”.

¡No estás solo, no estás solo!, ¡presidente, presidente!, le gritaron con esperanza, algunos oaxaqueños en una atiborrada Plaza de La Danza. En contraste, en Sinaloa hay luto y silencio absoluto.

 


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