Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

ADVERTENCIAS

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 22-10-19)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

Durante seis sexenios distintos se mantuvo como secretario general del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM). Hoy, en medio de una serie de denuncias penales presentadas en su contra ante la Fiscalía General de la República (FGR), la esperada renuncia de Carlos Romero Deschamps, marca el fin del más notorio cacicazgo en el sindicalismo mexicano y reaviva la esperanza popular de que por fin se castigue a los grandes corruptos del país. Lo advertimos a tiempo, perpetuar ese liderazgo fue posible, en primera instancia, por las prácticas antidemocráticas del sindicalismo charro, solapadas en la legislación laboral por décadas y, en segundo lugar, debido al sistemático encubrimiento del poder público mediante un entramado de complicidades que supuso el incuantificable quebranto para el Estado.

Tres veces diputado y senador en dos ocasiones, riqueza mal habida, propiedades palaciegas, lujos inexplicables, aviones, coches de lujo, viajes por aquí y allá, que exhibía con sus hijos y demás familiares, múltiples señalamientos de abusos, atropellos y uso patrimonialista de los bienes públicos y la constante y grotesca exhibición de su impunidad amparada por el gobierno a lo largo de 26 años de imperio, hicieron de Romero Deschamps uno de los estuches más afinados del repudio popular. Y todo, oficialmente, pagado con 38 mil 553.58 pesos, su módico salario mensual de trabajador petrolero.

Advertimos que lo mejor del caso es que en la nómina de Pemex su puesto aparece como de clasificación pendiente, es decir, nadie sabía por qué cobraba salario ni cómo lo desquitaba. Sabemos que eso es lo que menos importa, pues su ingreso real, ostentoso y multimillonario, provenía del sistemático saqueo del sindicato petrolero y de las componendas con la dirección de la ex paraestatal, la Presidencia de la República, las secretarías del Ejecutivo, las empresas privadas y de todo aquel que permitiera el chantaje o la ayuda del líder, no sin algo a cambio, como el Pemexgate, que aportó más de mil millones de pesos del sindicato petrolero a la campaña de Francisco Labastida Ochoa, candidato presidencial priísta en 2000.

Advertimos también que la caída del poderoso dirigente sindical no es ni ha sido, un hecho que altere a profundidad el esquema de relaciones de esos organismos con el poder político en turno. Joaquín Hernández Galicia “La Quina”, Carlos Jonguitud Barrios y Elba Esther Gordillo, son ejemplos que demuestran que la sustitución de liderazgos puede quedar solamente en tácticas gubernamentales basadas en las circunstancias del momento y de ninguna manera, altera a profundidad el esquema de relaciones de esos organismos con el poder político en turno.

Ahora, Romero Deschamps, no será obstáculo para el desarrollo de los planes petroleros del sexenio en curso, pero vale la pena advertir que su caída no necesariamente supondrá el derrumbe de la estructura charra en cuya cúspide se encontraba, los cimientos son firmes en las secciones petroleras, en las administraciones pasadas de Pemex y en sus firmas afiliadas o concurrentes. Que dicha estructura sea desmantelada o reciclada en el nuevo contexto depende, a fin de cuentas, de los trabajadores afiliados al STPRM: si bien es cierto que la transformación política y jurídica referida brinda las condiciones de posibilidad para la democratización de la vida sindical en el país, el saneamiento de las organizaciones gremiales es una tarea en la que las autoridades no deben interferir, pues corresponde en forma exclusiva a los sindicalizados.

De hecho, la Fiscalía General de la República, no puede dar por sentado que la huida del dirigente sindical vaya a ser el prefacio de un proceso penal en su contra: es necesario distinguir con claridad lo que toca al ámbito laboral (el fin de este pernicioso cacicazgo) de lo que corresponde al Poder Judicial (la investigación para fincar o deslindar responsabilidades al ex líder con respecto a diversos ilícitos); en lo inmediato, pues, lo más relevante de la caída de Deschamps son sus implicaciones para la vida sindical de los trabajadores petroleros y, por extensión, para el resto de las organizaciones gremiales del país.

También es momento oportuno para advertir que los misiles justicieros de la llamada Cuarta Transformación, lanzados por López Obrador y su artillero fiscal, Santiago Nieto Castillo, no han alcanzado aún al círculo más cercano a Enrique Peña Nieto, el responsable político e histórico de la combinación de corrupción, injusticia e ineficacia que desfondó al país. Por razones desconocidas, los misiles anticorrupción, fueron desviados de su objetivo principal y sólo han pegado en blancos colaterales o no estratégicos: Juan Collado, el abogado de las élites que no es único ni insustituible; Rosario Robles, cacería judicial obligada en este sexenio en función de agravios acumulados; Medina-Mora, el ministro cuya caída permitirá al obradorismo conseguir blindaje numérico de votos ante eventuales golpes judiciales. Etc.

A Romero Deschamps se le acabó la fiesta, su destino parecía sellado meses atrás. La llegada de una administración federal sin nexos con los pactos de cacicazgos sindicales, así como la reforma en materia laboral que permite a los trabajadores elegir a sus dirigentes gremiales mediante el voto secreto, volvieron insostenible su continuidad sindical. Advertencia última: La lucha contra la corrupción debe ir más allá de ciertos personajes, por más emblemáticos que sean, e ir a fondo y con sentido de trascendencia histórica.  

 


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