Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

EL GRITO

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 04-09-19)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

 

El grito no es para los héroes que nos dieron patria, ni de juegos pirotécnicos y luces cibernéticas, ni cielito lindo y menos del pueblo heroico y fiesta popular. Después de cinco años, el grito de Ayotzinapa es y seguirá siendo de protesta, coloquialmente, el me canso ganso del pueblo ya se cansó, son chingaderas. La noche del 26 y 27 de septiembre de 2014, estudiantes normalistas de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa fueron brutalmente atacados por fuerzas de seguridad del Estado, en contubernio con integrantes del crimen organizado, con el resultado de 43 normalistas víctimas de desaparición forzada, seis personas ejecutadas y decenas de heridos, incluyendo a un estudiante que permanece en coma. 

Desde esa noche, el dolor de Ayotzinapa se convirtió en grito no de libertad e independencia, sino que representa el repudio al México de la corrupción, de la violencia y de la impunidad. El México de miles de víctimas que no tienen verdad, pero tienen esperanza, porque representa la dignidad de 43 familias que se mantienen estoica y verticalmente en búsqueda de sus entrañables hijos bajo el lema: “nos quisieron enterrar, pero no sabían que somos semilla”. El dolor también se convirtió de golpe en grito del emblema de la grave crisis de derechos humanos no reconocida por el gobierno federal y en una puesta a prueba tanto de las capacidades del aparato de justicia como de la voluntad del Estado para que éste fuese un punto de no retorno, lo cual sólo sería posible con verdad, justicia y reparación del daño. 

Desde el grito de esa inolvidable noche, la protección a funcionarios señalados por irregularidades en la investigación, retrasos y obstáculos a la asistencia técnica internacional y ningún resultado central para el hallazgo, indican que Ayotzinapa no sólo es paradigmático por la magnitud de la tragedia, sino también por la impunidad que protege los pactos entre funcionarios y el crimen. Lo que sabemos con certeza es lo que han reconstruido diversos grupos de investigación internacionales y las resoluciones del Poder Judicial.

En síntesis lo que se conoce es: a) que el ataque se dio tras intentar los estudiantes tomar autobuses; b) que el operativo duró varias horas y que no se agotó en Iguala, sino que incluyó cinturones de seguridad a sus alrededores; c) que la violencia fue coordinada y en escalada, dirigida a impedir la salida de los autobuses de Iguala; d) que participaron elementos de corporaciones municipales, estatales y federales; e) que hubo actividad de los aparatos telefónicos de los desaparecidos hasta días después de la desaparición; f) que la teoría oficial no se sostiene científica ni probatoriamente; g) que judicialmente la PGR no pudo, ni ha podido sostener su acusación, lo que se ha materializado en liberaciones; y h) que la PGR y otras corporaciones, Policía Federal, Defensa Nacional y Marina incurrieron en ilegalidades en la investigación, como tortura y fabricación de pruebas, pues sólo mediante el contubernio de distintas instituciones y el crimen organizado se pudo ejecutar este conjunto de graves violaciones a derechos humanos.

La estrategia del gobierno de Peña Nieto consistió en construir un simple montaje, una teoría de caso que les permitiera políticamente cerrar el episodio, engañar, reprender, mentir y difamar. Así, a cinco años no se ha logrado descifrar lo primordial para las víctimas: el paradero de los estudiantes, y dos preguntas son ineludibles: ¿qué ha escondido el gobierno? y ¿a quién se encubre? Ayotzinapa ha mostrado tanto las articulaciones entre el crimen organizado y la clase política como la impunidad que permite que esta alianza domine cada vez más regiones del país.

Repito con mayúsculas SON CHINGADERAS, los padres y madres de los 43 y todo México tenemos una última oportunidad, que bien puede formularse como una pregunta: ¿logrará el gobierno de AMLO desmontar los pactos de impunidad de la institucionalidad podrida que heredaron? No hay duda de las expresiones de voluntad política del presidente, pero después de casi 10 meses de gobierno, eso no ha sido suficiente para dar con la verdad.

Si queremos evitar que estos episodios se sigan reproduciendo, debemos presionar para que este caso se resuelva y para que los mecanismos necesarios para ello no sólo se activen, sino que se ofrezcan también en otros casos; pues, entre otras cosas, Ayotzinapa develó una realidad aún más cruda que se retrata en por lo menos 40 mil personas desaparecidas en nuestro país. La impunidad y la injusticia se naturalizan en él territorio; la Guardia Nacional sigue en acecho y a nosotros sólo nos queda mantener el grito: Viva nuestra capacidad de indignación y acción. 

 

 


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