Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

FELIZ, FELIZ FELIZ

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 17-09-19)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

Qué bueno que en tiempos de independencia y libertad, de los 120 millones de mexicanos que más o menos somos, haya algunos que en el mundo feliz del presidente Andrés Manuel López Obrador, no sólo estén contentos sino felices, felices, felices….aunque la realidad sea rejega. El dato duro es que la actividad económica nacional, tal y como la resume el cercano producto interno bruto (PIB), no creció en el segundo trimestre del presente año. Continúa paralizada, estancada con desigualdad y pobreza masiva, alojada en los suelos urbanos donde se teje o se desteje lo que debería ser la política democrática, a pesar de las destrezas desarrolladas por el atribulado Instituto Nacional Electoral al que, para variar, los verdugos de la Cuarta Transformación (4T) en la Cámara de Diputados quieren reducir a su mínima expresión. 

Las primicias del Instituto Nacional de Estadística, geografía e Informática (INEGI) tienen varias lecturas, pero la ineludible es el crecimiento cero y sus implicaciones negativas sobre los niveles de vida del conjunto de los mexicanos, aunque, en primer término, sobre las capas que viven de su trabajo o de quien se encarga de proveer la subsistencia. Somos una sociedad económica dependiente del empleo en gran medida asalariado y cuando algo falla en esos mercados y mecanismos de distribución la cosa suele ponerse grave para el conjunto nacional.

Con base en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), cuatro de cada 10 trabajadores son informales y con bajos ingresos. El círculo de informalidad e ingresos bajos, que atrapa a 22 millones de trabajadores, tiene que ver, en gran medida, con que la economía lleva años sin capacidad para crear empleos formales, frente al número de jóvenes que se integran cada año a la demanda de trabajo. El crecimiento económico, que más o menos venía a un ritmo de 2.1 por ciento a nivel agregado, generaba alrededor de 600 mil puestos de trabajo formales al año y se calcula que entran al mercado laboral más de un millón de jóvenes. Llevamos mucho tiempo con déficit de creación de empleos. Además, los montos de mal empleo por su precariedad y bajos salarios son millonarios.

De los cerca de 31 millones que, de entrada, no cuentan con reconocimiento laboral, 9 millones reciben menos de un salario mínimo; 9 millones 962 mil ganan entre uno y dos salarios mínimos y 3 millones 204 mil 845 no reciben ingresos. Muchos, viven de propinas, porque la gente se emplea en cualquier lado”. No hay manera de evadir la cuestión. Si la economía no crece, el empleo no pasa lista de asistencia, e inmediatamente, los ingresos familiares se estancan o se achican. La inflación, por su parte, junto con los incrementos en el salario mínimo decididos este año, no refuerzan la capacidad de compra y el mercado interno, el consumo y las ventas internas tienden a estancarse. La asignatura pendiente ya no es sólo el crecimiento, es la subsistencia la que ha empezado a flaquear. Los mexicanos cada vez trabajamos más y nos rinde menos. 

Y aunque el presidente reitere por decreto mañanero que la felicidad ha inundado al país, no es cierto, no estamos felices, estamos preocupados, nos falta mucho en salud, educación, diversidad ambiental, nivel de vida, gobernanza, bienestar psicológico, uso del tiempo, vitalidad comunitaria y cultura. Métricas que la democracia más moderna del mundo, pone a nuestra disposición para la medición más completa de felicidad actual. Úselas para elaborar el estudio (metodología, población objetiva, levantamiento estadístico, distribución geográfica de la muestra y presupuesto para realizarlo) que prometió a la persona que le solicita por medio del Instituto de Transparencia, pruebas tangibles de la felicidad que pregona y que seguramente se apoya en una más de sus encuestas y consultas populares.

 


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