Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

POR EL HONOR A MÉXICO

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 02-09-19)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

“Un posible Legado para nuestros hijos y futuras generaciones”

Una serie de agresiones a militares anteceden al primer informe presidencial y dan pie para que grupos opositores al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador exijan detener tales ataques y la imposición de castigos ejemplares. Ante esta serie de agravios, no hay que olvidar que las fuerzas armadas son pueblo mismo con uniforme, y que los cadetes del Heroico Colegio Militar se forman para servir a la Patria, con disciplina, orden y lealtad con el lema: “POR EL HONOR DE MÉXICO”.  

Servir a México lo es todo, por ese honor y servicio, no hay hipocresía en esta columna, tampoco olvidemos que el poder militar es considerado como la última frontera entre el orden jurídico defendible y aplicable mediante la fuerza del Estado (legítima, en estos casos) y persiste el riesgo de caos si soldados, marinos, policías federales, y la guardia Nacional, son rebasados por oleadas ciudadanas relacionadas con el crimen organizado, con autodefensas o con mezclas casi indistinguibles entre estos factores. 

POR EL HONOR A MÉXICO, entre las voces hipócritas que demandan mano militar dura están perredistas, como Silvano Aureoles, de Michoacán, él único gobernador del sol azteca (en realidad, peñista), y panistas que consideran inaceptables las humillaciones al Ejército y sus oficiales. En realidad, las preocupaciones expresadas por estos opositores se desentienden de la responsabilidad que han tenido en la creación de las criminales artesanías y descomposturas institucionales que ahora les preocupan. Naturalmente empujan al gobierno federal, o tratan de hacerlo, para que tome acciones de fuerza que luego como si fuera un bumerang o una catapulta medioeval usarían como material de propaganda política para erosionar al gobierno que tanto les incomoda.

POR EL HONOR A MEXICO, la postura del presidente ha sido firme e infranqueable: las fuerzas armadas y la Guardia Nacional, estoicamente aguantarán insultos, mentadas de madre, reproches y agresiones, y, sin represión, responderán: paz y amor, diálogo, diálogo y más diálogo. Tal posicionamiento se ha sostenido incluso ante movilizaciones o protestas que parecían destinadas a la confrontación violenta o a la necesaria intervención militar o policiaca para evitar daños a la economía o al interés relevante de terceros. Así sucedió ante profesores que pusieron en jaque la distribución de mercancías desde regiones en conflicto o ante policías federales que por su condición armada podrían significar un riesgo de desbordamiento sangriento.

Ahora, haciendo omiso a él honor a México, se han multiplicado las acciones de ciertos grupos sociales contra soldados, marinos y policías. De ellos, muchos han perdido la vida, otros junto a sus familias, han quedado heridos o mutilados. En una primera lectura, todo parece ser consecuencia natural de la permisividad que se ha ordenado a tales fuerzas armadas gubernamentales, con tal de no caer en provocaciones que luego serían explotadas para trazar un boceto de ingobernabilidad que en otros países se ha utilizado para escalar planes de desestabilización contra gobiernos progresistas o apegados a intereses populares.

POR EL HONOR A MÉXICO, en la materia de desarrollo y crecimiento, el maestro Rolando Cordera Campos dice en su columna de La Jornada: “Qué bueno que desde el púlpito presidencial se diga que desarrollo quiere decir redistribución y no sólo sumas y restas de valor y mercancías traducidas en incrementos, tasas de crecimiento, del producto social o bruto interno. Qué malo que el presidente use su intuición, alimentada por la memoria de debates sobre el desarrollo, para afirmar que el crecimiento de la economía poco importa, ya que de lo que se trata es de desarrollarse. Peor aún es que un ingeniero ilustrado en la Cepal, como Carlos Slim Helú, nos diga que el crecimiento es intrascendente”. 

Continúa Cordera Campos: El desarrollo supone un proyecto social y una voluntad política de justicia social y redistribución de capacidades, ingresos y oportunidades que el sistema económico de mercado, capitalista, no puede proporcionar por sí solo. Lo muestra la historia y sostiene la razón analítica, la máquina capitalista, está hecha para crecer y ganar y siempre será proclive a generar desequilibrios y desigualdades que las formas de poder en el Estado consagran, requiere de la mano visible del Estado y la política para que el mercado no sólo haga su tarea sino que extienda su eficacia para la generación de excedentes que sirvan de sostén a políticas dirigidas al bienestar y la protección social o, de plano, para una redistribución de los frutos del crecimiento y el progreso técnico en favor del trabajo, de los pobres y vulnerables y de las regiones que el crecimiento mercantil ha olvidado en su marcha en búsqueda de la utilidad.

Las relaciones entre crecimiento y desarrollo son siempre complejas y, cuando se trasladan a la política, implican técnicamente otros compromisos y negociaciones. El desarrollo debemos verlo como un proceso de cambio social y de aprendizaje democrático. Se necesita mucho ingenio y destreza, intelectual y política, para llevar a buen puerto esta ambiciosa empresa. Hacer a un lado el crecimiento mientras se mantiene el objetivo del desarrollo, puede implicar la redistribución de lo existente que, como todo, se acaba y con la escasez llegan las destructivas y corrosivas pugnas distributivas por cada vez menos.

En un escenario así de complejo, el autoritarismo empieza a verse como conveniente, y la sociedad topa con una economía sometida al imperio de la necesidad absoluta. Ésta fue la experiencia soviética y, en parte, la que vivieron los cubanos luego del desplome de la URSS. Es, asimismo, la que sufren los venezolanos que, de poder hacerlo, optan por mudarse para sobrevivir. La sociedad mexicana es abierta al mundo, compleja y diversa, moderna, a pesar de sus muchas contrahechuras, ella no acepta aspirar a un desarrollo calificado por la igualdad y la justicia sociales sin crecimiento.

Su servidor, quien esto humildemente escribe dice: La economía moral no es solución, sobre todo si se vive en una utopía, la violencia, la corrupción jurídica, la enorme franja de trabajo informal, precario y de subempleo; millones de hectáreas abandonadas; la infraestructura a medio construir, descuidada e incompleta, la contaminación de aire, agua y suelos, y los proyectos sin sustento técnico o ambiental, constituyen argumentos en favor del crecimiento, condición necesaria e insustituible para aspirar seriamente a ser un país desarrollado, con una sociedad próspera y una economía satisfactoria socialmente hablando.

En fin, ante los escenarios de tanta demagogia gubernamental, la farándula política debe continuar, aun poniendo en riesgo el lema “POR EL HONOR DE MEXICO”. Basta ya de la corrupción e impunidad heredada de nuestros antecesores. Basta del me “canso ganso” o lo “que diga mí dedito”. Hoy México reclama a su presidente y sus gobernantes, quienes somos o quienes no somos.

 


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