Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

CANANEA

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 19-08-19)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

A 12 años de distancia, los fundos mineros de Taxco, Guerrero, Cananea, Sonora y Sombrerete, Zacatecas, llegaron en pie de lucha y más dignidad que nunca. Las tres huelgas son ejemplo de resistencia no doblegada a ningún poder, y mucho menos a los gobiernos de Fox, Calderón y Peña Nieto, a las autoridades sumisas y dependientes y al segundo millonario del país Germán Larrea. La violación a sus contratos colectivos de trabajo, es su derecho a la huelga más que justificado. En Taxco, Larrea pidió 2 veces la terminación de las relaciones de trabajo, disque por el agotamiento de la mina que fue falso: mientras la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje (JFCA) presentaba pruebas del agotamiento, en la Bolsa de Valores se informaba lo contrario. En Sombrerete, el millonario no escatimó la violencia: tomó la mina en plena huelga el 30 de agosto de 2012, ese mismo día interpuso la demanda de titularidad y hasta hoy la mina sigue tomada por la fuerza.

En el histórico Cananea, el millonario demandó la terminación de las relaciones de trabajo por “causas de fuerza mayor”, contó con una inspección de la Secretaría de Economía, que no realizó, no obstante se declaró que las condiciones de la mina eran deplorables y por la causa imputada “fuerza mayor” se daban por terminadas las relaciones de trabajo de 1,200 mineros. A 12 años de distancia, el 29 de julio pasado, el presidente Andrés Manuel López Obrador, pidió a los mineros de la sección 65 de los mineros de Cananea, detener la acción de tomar la mina “Buenavista del Cobre” de Grupo México, y que le dieran 10 días para armar y conciliar las mesas de negociaciones entre el presidente del consorcio Grupo México, Germán Feliciano Larrea y Napoleón Gómez Urrutia, Senador de la República y secretario general del Sindicato Nacional Minero. Ante el plazo del tiempo presidencial que evidentemente quedó totalmente rebasado, la incertidumbre creció no solamente en mi añorado pueblo, sino en los restantes fundos mineros en donde Germán tiene deudas históricas.  

Entre el gremio minero, se especula que ambos personajes puedan sentarse a negociar lejanamente la serie de demandas acumuladas por los obreros mineros a 12 años de huelga digna y estoica. Pero no sólo eso, las viudas y familias de la explosión de Pasta de Conchos en Coahuila de 2006, reclaman los restos de sus seres queridos y se agrega la tragedia del río Sonora en 2014 que por el derrame de ácidos industriales vino a arruinar la economía y vida de los pueblos ribereños. Larrea y su Grupo México afirman que el río está limpio, pero, lo desmienten la doctora Reina Castro y el químico Antonio Romo, investigadores de la Universidad de Sonora, ellos, aseguran que en 32 de los 33 pozos que existen en el río de donde deberían tomar agua los ribereños, existen metales pesados con altísimas concentraciones.  

Históricamente, Napoleón Gómez Sada padre de Napoleón y el millonario Jorge Larrea Ortega, padre de Germán, entablaron relaciones obrero-patronales que los llevaron a un sinfín de enfrentamientos; pero a pesar de eso, la mayor parte del tiempo llegaban con cordura y respeto a soluciones dentro del régimen corporativista de entonces. Casi para finalizar el siglo XX, Germán Feliciano Larrea y Napoleón Gómez Urrutia remplazaron a sus respectivos padres en el laberinto de las relaciones patrón-sindicato. A Germán, le tocaron los años de auge y de riqueza neoliberal y eso lo transformó en soberbio y arrogante  al grado de la insania. Su turbia relación mediante “moches” con los gobiernos de Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto, le permitieron utilizar a la Secretaría del Trabajo como instrumento para aumentar ganancias en su favor, tener vía libre en sus proyectos depredadores del medio ambiente y torcer la ley laboral para burlar a los trabajadores y perseguir con furor a sus representantes.  

En su meta para acabar con las estorbosas secciones del sindicato minero, se ensañó contra los trabajadores de la sección 65, emblemática por asentarse en Cananea, cuna obrera de la Revolución Mexicana, pero no logró destruir su organización sindical. En su estoica lucha, los mineros de esa sección, señalan: “Pueblo de Cananea, compañeros trabajadores, no decaigan, ánimo y adelante hasta vencer o morir, German Larrea no nos doblara. Somos dignos herederos de nuestros mártires y nuestro contrato colectivo de trabajo, el único patrimonio que tenemos, solo con nuestra sangre y nuestras vidas nos lo van a arrebatar”.  

Napoleón por el contrario, ante la iniciativa de reforma a la Ley Federal del Trabajo regresiva para los trabajadores y planteada por el gobierno de Zedillo, aprestó sus huestes para impedirla y solamente logro que pudiera entrar en el paquete de las reformas estructurales de Peña Nieto cuando el PRD perdió toda vergüenza apoyándolas. Luego, ante la acometida de Fox, impulsada por Larrea, los despiadados dueños de los minerales y los distintos gobiernos mexicanos, debió autoexiliarse 12 años y medio y en ese tiempo, con el respaldo de los sindicatos del acero en Estados Unidos y Canadá pudo resistir la persecución, dedicándose a fortalecer las organizaciones internacionales y administrar los contratos de trabajo en México con las empresas mineras con quienes mantuvo relaciones contractuales.

En el péndulo del “me vale madre o en el me canso ganso”, desde lejos y a veces con el apoyo de empresarios que acudieron a Canadá, Napoleón logró mejores condiciones laborales y aumentos para los mineros por encima de los topes salariales impuestos por los gobiernos neoliberales contra la clase trabajadora. Más tarde, al llegar el régimen de Morena, se le rescató y se convirtió por su magia, en Senador de la República.

Hoy, en esas condiciones distintas, volverán a enfrentarse Napoleón y German, en la mesa de negociaciones que promueve el presidente, se duda si acaso Larrea esté dispuesto a saldar cuentas que por más de una década el poder le permitió evadir. En la lógica jurídica supervive un contrato colectivo cuya titularidad corresponde al sindicato minero. Luego entonces, las demandas de reinstalación de puestos de trabajo, los cientos de demandas de despedidos injustificados antes de la huelga, y los daños a la salud por haber clausurado la clínica y el hospital que daban servicio a los mineros y sus familias, estarán allí. Acaso ¿Larrea puede ser parte de la solución? La respuesta obvia es no.

Andrés Manuel, la paz y el progreso de la regiones, es por el bien de todos, urgen soluciones, primero los mineros, si ellos han batallado por la justicia durante 12 años, entonces, los rebasados 10 días que prometiste no representan absolutamente nada.

 


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