Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

ODIO Y BUENA VECINDAD

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 12-08-19)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

 

“Entre amarse y armarse sólo hay una r de diferencia, pero un abismo mental.

La verdadera arma mortal no es el artefacto que dispara balas,

sino la mente armada que jala el gatillo.

Es inútil desarmarse de armas sin desarmar el desamor.

El abismo entre amarse y armarse es únicamente una r de racismo

por tanta frontera y tanto desamor”.

Publicado en la jornada por Carlos Noriega Félix, El Almanauta

 

Que contraste. Una vez más, el discurso de odio que utiliza Donald Trump, el presidente Xenófobo y racial de Estados Unidos, ha cosechado en un centro comercial de El Paso, Texas, y en Dayton, Ohio, sus frutos. En El Paso, Patrick Crusius, un joven de 21 años con ideas explícitamente racistas y supremacistas, usando la misma expresión de peligro y de agresión contra los estadounidenses que el soberbio millonario emplea en forma sistemática para referirse a la llegada de personas malas procedentes del sur del río Bravo, perpetró hace unos días en la ciudad fronteriza, una terrible masacre cuyo saldo macabro fue de 22 muertos, entre ellos, 8 mexicanos, y más de dos docenas de heridos. El sujeto de marras, totalmente permeado de ese discurso de odio, dejó en un texto colocado en internet, su motivación y propósito. “Frenar la invasión de latinos en Texas, y matar a tantos mexicanos como fuera posible”.

Críticos acerca del tema, señalan que Trump ignoró las advertencias de que sus palabras y discursos invitan a la violencia y rehúsa reconocer que los actos de terrorismo doméstico vinculados con la supremacía blanca se han incrementado durante su presidencia. Basta recordar que durante las últimas semanas Trump intensificó sus ataques abiertamente racistas contra legisladores federales minoritarios y sus comunidades, acusándolos de traición y repitiendo sus frases favoritas sobre la invasión de inmigrantes latinoamericanos.

Los asesinatos en masa, en las ciudades referidas, además de un tiroteo en Chicago que no dejó víctimas mortales, continúan sacudiendo al país. “Enfermedad Mental”, así describe el multimillonario neoyorquino a los jóvenes autores de los tres mortales atentados en Estados Unidos, cuando él es la bestia depredadora y la principal arenga, obsesionada con el poder. Demagogo e incoherente, fue notable que esa bestia y su equipo decidieran políticamente condenar la supremacía blanca y el racismo, algo que casi nunca sucede. Pero nunca aceptó ninguna responsabilidad en lo que ya muchos califican de grave problema de terrorismo doméstico de nacionalistas blancos, neonazis y antimigrantes. Tampoco ofreció propuesta alguna para imponer controles mínimos sobre las armas de fuego, proyectos de ley promovidos por legisladores demócratas que se encuentran estancados en el Congreso por la oposición republicana y que ahora tendrán que considerar el delito como crimen de odio racial y como atentado de terrorismo doméstico, lo que podría derivar en modificaciones legales y constitucionales en ese país.

Como siempre, tramposo, payaso y simulador de lo que sea con tal de salir ganando, Trump se vio obligado a denunciar las ideologías de odio que él mismo nutre con su retórica antimexicana. Tras repartir bendiciones y exhortar a la oración, pidió en su mascarada de cinismo, que la sociedad de su país condene el racismo, la intolerancia y la supremacía blanca y soltó palabras que parecía improbable escucharle: ”El odio no tiene lugar en Estados Unidos. El odio deforma la mente, devasta el corazón y devora el alma”. Exoneró a las armas de fuego, “la enfermedad mental y el odio jalan el gatillo, no el arma”. Después, invitó a legisladores de ambos partidos a vincular la compra de armamento mediante controles previos con el reforzamiento de las disposiciones legales en contra de los migrantes.  

Declaró culpables a Internet, los juegos de video violentos y las redes sociales, ya que, estos canales, ofrecen una avenida peligrosa para radicalizar mentes perturbadas y realizar actos dementes, obviamente sin referirse a cómo él y su régimen han utilizado a estas avenidas para propagar mensajes de odio en contra de los extranjeros que acuden a Estados Unidos en busca de trabajo o bien huyendo de la violencia en sus países de origen.

Poco después, la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés) protegida por la derecha política que ha cobijado durante décadas los intereses de fabricantes y vendedores de armas de fuego elogió el mensaje presidencial, pero, agrupaciones a favor del control de armas criticaron la respuesta, señalan: otros países también tienen videos violentos, redes sociales y problemas de salud mental, pero Estados Unidos es el único que permite a sus residentes un acceso increíblemente fácil para adquirir fusiles de asalto, pistolas y municiones de alto calibre que se utilizan en frecuentes tiroteos masivos. El mensaje es muy claro:

Si la clase política de Estados Unidos sigue empeñada en cruzarse de brazos ante la falta de control en la venta y el flujo de armas de fuego que transitan fácilmente por la frontera común, y si en México, ese descontrol alimenta la violencia delictiva ya que las organizaciones criminales se sirven en buena medida de armas adquiridas en la nación vecina. Entonces, por ambas razones, México no tendría por qué esforzarse en combatir el tráfico de drogas ilegales que cruzan esa misma frontera en dirección inversa. Ahora resulta que la masacre de El Paso, dejó al descubierto el peligro real en ese país, son hombres angloestadunidenses armados en contra de mexicanos y latinos, nutridos por la retórica de odio por parte del régimen actual en Washington. Según expertos, parece necesario llevar este grave asunto ante las instancias internacionales correspondientes. 

Del lado mexicano el canciller Marcelo Ebrard elogió el cambio retorico de Trump y anunció que se explora la posibilidad de demandar por terrorismo a estadounidenses y buscar tener acceso a investigaciones y procesos, sabiendo que Estados Unidos no concederá ninguna extradición a México por el simple hecho de que acá no hay la correspondiente pena de muerte y, además, porque el imperio no va a conceder victorias reales a sus subordinados. Por su parte, el presidente López Obrador consideró que son tiempos nuevos y no es ánimo del gobierno mexicano entrometerse en decisiones de otros países. En su afán de ser imparcial y a pesar de los sucesos registrados en El Paso, señaló que en la relación bilateral hay muchos lazos de unión, de una estrecha relación, por lo que no podemos apostar a ser vecinos distantes. Tenemos que procurar una buena vecindad, respeto mutuo a nuestras soberanías.

Contrariamente las amenazas del presidente Trump volvieron a ponernos en alerta roja, advirtió que si en 12 meses, no percibe un compromiso sostenido en la lucha contra el narcotráfico (erradicar cultivos de amapola, incautar drogas, abrir causas penales y embargar bienes de traficantes), podría determinar que México ha fallado probadamente en cumplir sus compromisos internacionales de control de drogas”, lo que implica un cese de la asistencia financiera y el respaldo de Washington en organismos internacionales. ¿Acaso a esto se le puede llamar buena vecindad y respeto mutuo a las soberanías?

 

 


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