Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

ARBOLITOS

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 08-07-19)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

El despliegue de la Guardia Nacional (GN) en la frontera sur, acompañando al Instituto Nacional de Migración, ha implicado el aumento de detenciones arbitrarias de personas en esa región. Disfrazados de Guardias de la Nación y sin tener capacitación en asuntos migratorios, la presencia de soldados, marinos y policías federales (inconformes algunos), ha generado pánico entre indocumentados y la población civil. Los arrestos indiscriminados, han causado violaciones a los derechos humanos de quienes sin esperanza alguna, solicitan refugio a México para huir no de la pobreza sino de la violencia, la falta de empleo y la ingratitud existente en su país de origen.

Desplegar a la Guardia Nacional por presiones de Donald Trump fue una decisión que puso en entredicho la propuesta temporal de que “la migración debe ser una opción y no una necesidad” del gobierno de Andrés Manuel López Obrador pues, se percibe como una forma de militarizar la frontera, aunque sus secretarios, Alfonso Durazo y Olga Sánchez Cordero enfaticen que se trata de personal entrenado en derechos humanos. Lo cual es muy cuestionable pues es difícil convertir de la noche a la mañana, a soldados, marinos y policías federales en algo diferente a la filosofía intrínseca de su propia institución. Hay que darles el beneficio de la duda, pero al mismo tiempo el gobierno civil tiene que ser muy cuidadoso para evitar posibles excesos.

El plan mexicano de construir un muro virtual como lo es la Guardia Nacional, así como invertir 100 millones de dólares en Centroamérica y regalar plantas a los salvadoreños como lo hace el gobierno federal con cargo al programa “Sembrando Vida” que echó a andar el presidente Andrés Manuel López Obrador junto con su homólogo de El Salvador, Nayib Bukele Ortez, no acabará con las caravanas migratorias. Lo que se necesita son acciones a largo plazo que respeten los derechos humanos  generen empleos productivos.

Sembrando Vida consiste en rehabilitar terrenos deforestados o dañados por procesos agrícolas, sembrando alimentos en una primera etapa y árboles maderables después. Para incentivar a los productores del campo a recuperar sus tierras y no abandonarlas, se les entregará un pago de cinco mil pesos mensuales, por sembrar y cuidar de 2.5 hectáreas en su propio ejido. De esos cinco mil pesos, cuatro mil 500 se depositarán en las tarjetas del Bienestar y los otros 500 irán a una caja de ahorro, que en principio se puede usar con ese fin pero cuando crezca podría convertirse en un fondo de créditos para proyectos productivos de la misma comunidad.

La recuperación ocurrirá en tres plazos: al corto plazo con el MIAF (Milpa integrada con árboles frutales) y alimentos como maíz, frijol, calabaza y otras verduras para autoconsumo. Posteriormente se sembrarán frutales que puedan servir a nivel local, regional, estatal, nacional y de exportación. Tan sólo por ese perfil operativo, Sembrando Vida no aplica para frenar la migración, no nos haga creer ese cuento señor presidente.

 


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