Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

UN ACUERDO EN LO OSCURITO

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 24-06-19)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

Como es costumbre, sin reflexionar y advertir algunas de las graves consecuencias de su aprobación, el Senado de la Republica con apenas cuatro negativas, aprobó al vapor el dictamen sobre el nuevo acuerdo de libre comercio o Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC). Se presentó como paquete al Senado, que en tiempo récord lo aprobó en armoniosa convergencia entre todos los partidos políticos que lo integran. En él precipitado “me vale madre” de los asuntos legislativos y sin considerar los efectos secundarios de un tratado de esta naturaleza, los legisladores tomaron varias decisiones que empeñan al país.

Contra toda lógica, las concesiones mostraron que bajo el paraguas del TLCAN, las amenazas de Trump de aumentar los aranceles a las importaciones, además de ser ilegales, funcionaron de maravilla. Pero en lugar de apelar a ello México aceptó ser guardia fronteriza y convertirse en muro virtual militar de Estados Unidos para rechazar y reprimir a miles de mujeres, niños y hombres que huyen de la violencia y pobreza que el mismo imperialismo yanqui creó en sus menguados países. Ante la amenazadora situación inmediata, seguramente, México tiene mejores opciones de desarrollo económico, social y ambiental que depender de una economía basada en grandes empresas exportadoras y explotadoras.

Pero además, el gobierno de López Obrador tenía entre otras salidas, impugnar las amenazas del belicoso gringo, mantenerse aprovechando la diferencia cambiaria o establecer aranceles en represalia. Pero con la hipótesis de la amistad fingida, se optó por la que mejor sirvió a Trump y a los grandes empresarios mexicanos y trasnacionales, que son quienes detentan la gran mayoría de las exportaciones. Por desgracia, el éxodo centroamericano de miles de personas que siguen cruzando nuestro país para llegar a Estados Unidos, en búsqueda de una vida mejor, ha sido el escenario perfecto para que las autoridades mexicanas implicadas en el T-MEC lo negocien en la oscuridad y a espaldas de la opinión pública, violando el derecho a la participación ciudadana, estrechamente vinculado con el de información.

Por ello, antes de su aprobación, más de 100 organizaciones y redes de la sociedad civil solicitaron sin éxito, a senadoras y senadores la aplicación del Parlamento Abierto. Un recurso que no buscaba otra cosa que la puesta en marcha de los derechos a la información y a la participación que tenemos los mexicanos para conocer con transparencia lo que realmente sucede. Sin duda alguna, la aplicación de tal Parlamento habría generado las condiciones para transparentar el proceso de la negociación del T-MEC y contrarrestar los intereses empresariales y del sector privado que comprometen el ejercicio de los derechos humanos, así como para fortalecer la democracia mediante la participación ciudadana de personas expertas, con especial interés en el T-MEC, y la de los grupos más directamente implicados.

Una segunda problemática radica en las asimetrías y desigualdades económicas, políticas, tecnológicas y culturales entre México, Estados Unidos y Canadá. Solo por eso, el T-MEC traerá afectaciones a diversos ámbitos, entre ellos destacan el laboral, el campesino, la salud, la alimentación, las mujeres, el medio ambiente, la resolución de controversias entre empresas y Estados, el enfoque intergeneracional y los movimientos sociales. Es absurdo pensar que sólo porque tenga comercio internacional, un país se beneficia. Los tratados pisotean la soberanía alimentaria, la soberanía de producción industrial y de servicios, incluida la educación y salud, al abrir los mercados a la competencia de los productores nacionales chicos y medianos con mega empresas, en supuestas condiciones de igualdad.

Pongamos por ejemplo la vulnerabilidad agroalimentaria que traerá la ratificación del T-MEC, porque, según declaraciones de personas investigadoras y especialistas, permitirá, entre otras cosas patentar genes y variedades de semillas, limitará el uso e intercambio de éstas por parte de los agricultores, atentará contra la biodiversidad y abrirá la posibilidad del cobro de regalías por parte de empresas trasnacionales. Dicho de otra manera, desde la falta de transparencia en las negociaciones, hasta la afectación contra los grupos más vulnerables y más directamente implicados de la sociedad, resulta evidente que la presurosa ratificación del T-MEC por parte del Senado mexicano pondrá en riesgo la promoción, el respeto, la protección y la garantía del derecho a la alimentación del pueblo mexicano.

El T-MEC conserva todas las desventajas del TLCAN contra México y agrega nuevos elementos, entre ellos, la biotecnología agrícola, destinada a aumentar y facilitar la importación de maíz y otros transgénicos a México y presionar al país a aceptar su siembra y consumo. También los aspectos de propiedad intelectual, principalmente en farmacéutica y agricultura, con el fin de aumentar los privilegios y el dominio de mercado de las empresas trasnacionales que dominan ambos sectores. Obliga a México a unirse en un plazo de cuatro años a la versión 1991 de la Unión de Protección de Obtenciones Vegetales (UPOV 91), la cual criminaliza y prohíbe a los agricultores replantar de su propia cosecha o intercambiar semillas registradas y restringe su uso para investigación pública, aunque esas semillas privatizadas puedan derivar directamente de semillas nativas o de producción pública. Pero no sólo eso, como la negociación del T-MEC se hizo bajo amenaza y en círculos cerrados, sin acceso público a lo que se estaba negociando ya no sabemos que otras calamidades contiene y que pasará con ellas.

Frente a su imposición, y con la convicción de que este tratado no es la única ni la mejor salida, sólo nos queda echar mano de las valiosas experiencias de comunidades, movimientos, redes, organizaciones, productores, y personas expertas y académicas y, no declinar en el propósito de seguir pensando creativamente alternativas de modelos o formas distintas de relaciones económicas.

Finalmente, el gobierno de Trump nunca tuvo la intención de terminar con el comercio, que favorece a sus empresas, solamente usó sus bravatas para aumentar aún más los privilegios de su país y provocar, sí le servía mejor, acuerdos bilaterales que muy pronto veremos.

 


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