Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

45 DÍAS

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 17-06-19)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

No son páginas gloriosas las que la realidad geopolítica y la enorme dependencia económica respecto al norte imponen cruelmente a la agenda mexicana. Si en 45 días, el irascible residente de la Casa Blanca lleva a sus últimas consecuencias la amenaza arancelaria u otra que se le ocurra en los meses por venir, el T-MEC (Tratado comercial México, Estados Unidos, Canadá) será papel mojado y colocará a la economía nacional en un trance difícil y doloroso, el suspenso del tiempo es sumamente dañino para nuestro país.  

Por razones de política interna, a Trump y su administración que buscan un nuevo periodo en la Casa Blanca, no les conviene avanzar en el fuerte ataque a México, sin embargo, la amenaza, el engaño y el embuste del rubio multimillonario ya ha rendido frutos: aunque se nos diga lo contrario, López Obrador y su administración de la política exterior, han ido cediendo terreno en cuanto a la contención, cada vez más violenta, del flujo de migrantes que desde el sur mexicano pretenden llegar a tierra estadounidense. Las causas: Corrupción, Represión, Impunidad, Crimen organizado y Pobreza Extrema (Todas con mayúsculas). 

Con estas referencias, Trump estira y estira la liga (quizá hasta romperla) para doblegar a México y convertirlo en un tercer país seguro, que contenga y arraigue a los migrantes llegados a la frontera sur mexicana. Más allá de esta pesadilla, lo que la región México-Centroamericana vive, es el mayor ataque político y económico contra el proyecto antineoliberal que intenta aplicar un político llegado a Palacio Nacional con un amplio respaldo popular, pero sin las posibilidades reales de concretar modificaciones profundas. Al referirse a las pláticas con México, el mandatario estadounidense declaró: “ellos nos necesitan a nosotros; nosotros no los necesitamos”.

Es una advertencia fuerte, las consecuencias pueden ser inmediatas y convertir a México en el muro virtual, pero eficaz, que Trump siempre ha demandado. De avanzada, las calificadoras internacionales de riesgos crediticios continúan castigando al cuerpo institucional mexicano e insisten en la consideración riesgosa de Petróleos Mexicanos y de la Comisión Federal de Electricidad, entregadas para su dirección a dos polémicos personajes muy cercanos al presidente de la República: al amigo Octavio Romero y al aliado Manuel Bartlett, respectivamente. La baja de calificación internacional junto con la continua debilidad en la perspectiva macroeconómica y el deterioro crediticio de Pemex, reflejan una combinación de mucho mayor riesgo a la cual se suman externas tensiones comerciales, incertidumbre política interna y constantes restricciones fiscales.

En ese enrarecido escenario, es donde se inscriben las acciones judiciales que detuvieron la construcción de la alternativa aeroportuaria en Santa Lucía y están por presentarse para demandar indemnizaciones a empresas particulares por la cancelación del proyecto de Texcoco. Estas acciones fundadas incluso en pifias e insuficiencias del apresurado actuar gubernamental, es difícil desligarlas del ataque orquestado desde flancos nacionales y extranjeros contra una reforma obradorista hasta ahora a la defensiva. 

Como candidato, Trump ofreció a sus electores obligar a México a construir un muro fronterizo para, según él, evitar el paso de migrantes y de drogas ilícitas por la frontera común. Cuando se acerca a las tres cuartas partes de su mandato, se da cuenta que ese proyecto no tiene el menor rastro de concretarse, de modo que el neoyorquino lo ha sublimado, con sus estilos insolentes y altaneros proverbiales, en clave de exigencia: “Si México no está dispuesto a pagar por la muralla física, debe comprometerse a evitar que los viajeros y los estupefacientes lleguen a la línea fronteriza. México debe ser el muro”. Esas son las demandas reales que dan pie a la amenaza de imponer aranceles generalizados y progresivos a todas las exportaciones mexicanas a Estados Unidos.

Nos esperan 45 días para negociar esa amenaza aunada a la progresiva retirada de empresas estadunidenses asentadas en México hacia los nuevos paraísos trumpistas y la grave complicación económica y financiera de lo que llaman la Cuarta Transformación. Ello significa, avanzar a paso más rápido hacia la soberanía alimentaria, fortalecer el agro, impulsar la reindustrialización, generar más empleos y aplicar el cambio de paradigma en materia de seguridad pública, combate a la delincuencia organizada y tratamiento de adicciones.

Mientras tanto, México seguirá apretando el puño, para beneplácito del insaciable Trump y su proyecto de relección.

 


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