Linea Directa


EL COMPLOT DE LOS MEDIOS
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 11-06-01)

México vive tiempos difíciles en la comunicación. En semanas recientes se suscitó una polémica entre los directivos del periódico Reforma y miembros de la dirigencia del Partido de la Revolución Democrática. El diferendum tiende a crecer, involucrando a medios de comunicación electrónica y a demostrar que en nuestro país los grandes medios se comportan como protagonista y cómplices del grupo en el poder.

De hecho, y con muy escasas excepciones, siempre ha sido así. Setenta y un años de priísmo legaron a nuestra cultura de medios lacras difíciles de erradicar y el PRD debería entenderlo ya que posee una larga experiencia.

Como en otros países del globo, los medios de comunicación son empresas, esto es negocios que procuran, como todas ellos, la utilidad, no el bien común, ni los mueven los principios del buen samaritano y, mucho menos, son instituciones de beneficencia, esto ha sido así desde fines del Siglo IXX, así que no podemos llamarnos a engaño. Claro que por sus características, que los hace altamente apetecibles para quienes detentan el poder político, en términos generales, son buenos negocios. Pero son aún mejores cuando forman alianzas con la gente del gobierno, la cual necesita publicidad, manejar la propaganda y legitimar de esa manera sus acciones.

Sin embargo, en México los medios de comunicación viven momentos de exceso. Al estar conscientes de la necesidad que tiene el aparato gubernamental de sus servicios, los medios se dejan querer, comprar o de plano corromper, si esto los lleva a una situación de poder y privilegio. Entonces los medios, para granjearse el favor del Gobierno Federal, hacen suyos los enemigos o adversarios del gobierno. Pero esta es una relación malsana de inmoral dependencia, donde los perjudicados son los miembros de la sociedad civil, porque se pierde la objetividad y crece la manipulación.

Aún más graves son las consecuencias. Al aliarse los medios con el gobierno central, la lucha política partidista adquiere otras dimensiones y la competencia política no es limpia ni equitativa.

Es cierto que el poderoso periódico Reforma no depende de la publicidad gubernamental para poder operar como empresa independiente, sin embargo el proyecto político del grupo a que pertenece Reforma coincide con el del nuevo equipo gobernante.

En los medios electrónicos, como la televisión y la radio, el problema de la complicidad con el Gobierno Federal es aún más claro. Los canales televisivos y las frecuencias de radio pertenecen al Estado, pero los derechos los administra el Gobierno. Entonces es el grupo gobernante que otorga en concesión canales y frecuencias; la dependencia que genera esa estructura determina la más antidemocrática relación medios-gobierno.

En este contexto, recordemos que en un cierto momento de nuestra historia reciente, el señor Emilio Azcárraga Milmo, quien por esos días era el empresario más poderoso que tuviera nunca la televisión mexicana, se declaró como "un soldado del PRI". Hoy las condiciones han cambiado y el PRI pasó a la oposición, pero con una lógica impecable el hijo de aquel magnate y heredero de Televisa, ha pasado a ser otro soldado, pero no ya del PRI, sino de quien detenta el poder. De todo esto se desprende que los "soldados" de los medios de comunicación son mercenarios al servicio del mejor postor o, para dejarlo más claro, al servicio del señor de Los Pinos, cualesquiera que sean los colores de su blasón.

En este contexto podemos preguntarnos: ¿qué andaba haciendo el "teve-baby" Emilio Azcárraga Jean, visitando la muralla china, en compañía del señor Fox? como no fuera para festejarle el nuevo estilo de los chistoretes y plegarse al juego de: tu me das, yo te doy, los demás nos dan... Y, como diría su mero padre (el Milmo): ¿y los jodidos qué? Pues bien, gracias.


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