Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

REVOCACIÓN DE MANDATO

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 29-04-19)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

Los que hoy rechazan y se lanzan en contra de la revocación de mandato como forma segura de democracia directa huyen de la libertad y abrazan una lógica autoritaria de supuesto orden social y obediencia ciudadana. A mediados del siglo pasado, Erich Fromm y Theodor Adorno develaron los entretelones de la personalidad autoritaria que había permitido el ascenso del fascismo en la Alemania Nazi y otras naciones después de la Primera Guerra Mundial. 

De acuerdo con el libro clásico de Fromm El miedo a la libertad, el rompimiento de las estructuras tradicionales y lazos comunitarios propio del proceso de modernización genera una angustia sicológica que empuja a los individuos más débiles a aferrarse a cualquier nueva figura de autoridad que pueda poner orden al nuevo mundo más complejo y dinámico. En lugar de abrazar las nuevas oportunidades para la participación y la experimentación que implica la llegada de la democracia, estas personalidades inseguras prefieren el refugio de un renovado autoritarismo modernizado en la figura del Fuhrer o el Duce.

Hoy Andrés Manuel López Obrador busca precisamente romper con esta lógica autoritaria al promover nuevos mecanismos de participación directa de la ciudadanía en la política nacional. Sin embargo, de manera perversa y torcida se acusa al presidente de la República de querer utilizar estas mismas herramientas libertarias para centralizar y consolidar su propio poder. La iniciativa de reforma constitucional presentada por Morena, y ya aprobada por la Cámara de Diputados, es perfectamente clara con respecto a su intención de empoderar a la ciudadanía frente a la autoridad:

Primero, reduce el umbral de firmas requeridas para llamar a una consulta popular de 2 a 1 por ciento de la lista nominal y también se reduce de 40 a 25 porciento el mínimo de participación en la consulta correspondiente para que el resultado sea vinculatorio. Segundo, establece la figura de revocación de mandato que faculta a la ciudadanía para suspender a la mitad el mandato de un presidente de la República, gobernador o jefe de gobierno que incumpla con sus electores. Las críticas no se han hecho esperar. La Coparmex dice que el proceso de revocación de mandato constituiría una especie de relección, cuando es justo lo contrario.

La relección, que paradójicamente la misma Coparmex promovía activamente en su momento para legisladores y presidentes municipales, implica un segundo mandato para la misma persona. La revocación, en contraste, significa la suspensión anticipada del primer mandato. Margarita Zavala ha señalado que la figura de la revocación de mandato podría tener más riesgo de lograr un poder extra electoral que de participación ciudadana. De alguna manera la señora Zavala tiene razón. Precisamente lo que se busca con las figuras de democracia directa es empoderar a los ciudadanos más allá de solamente el momento del sufragio para mantenerlos siempre activos y vigilantes, listos para castigar a un mal gobernante aun cuando haya ganado una primera elección.

Lo que realmente preocupa a los críticos no es la supuesta centralización del poder sino precisamente su descentralización. Añoran la democracia simulada y fraudulenta de antaño y les angustia que los ciudadanos vayamos aprendiendo a ser sujetos activos en la toma de decisiones públicas. Entre más incide la sociedad menos podrán seguir mandando las mismas cúpulas empresariales y mafias políticas de siempre.

Es importante reconocer que el autoritarismo no es una característica solamente de los gobiernos sino también de las sociedades. En lugar de defender sus derechos frente al yugo de un sistema despótico, corporativo y clientelar, el ciudadano autoritario se burla de quienes protestan o levantan la voz. En lugar de reclamar sus derechos frente al patrón que lo explota y humilla, el trabajador enajenado se desquita violentamente con su esposa e hijos al llegar a casa. Y en lugar de abrazar a nuevos mecanismos de participación ciudadana, la mentalidad autoritaria los rehúye y los descalifica.

Por lo menos, el sufragio de más de 30 millones de mexicanos demostró el pasado primero de julio de 2018 que la personalidad autoritaria y el miedo a la libertad no habían logrado enraizarse en la cultura popular. De la misma manera hagamos votos y tomemos medidas para que esta lógica neofascista tampoco logre su propósito de hundir el barco de la Cuarta Transformación.

 


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