Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

PERDÓN ESPAÑA

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 01-04-19)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

“Quien no sabe de dónde viene difícilmente va a saber hacia dónde va” maravillosa frase de quien usted ya sabe quién. Tal vez, escuchó a Serrat con no soy de aquí ni soy de allá, o quizá una vez más, a todos nos sorprendió Andrés Manuel López Obrador al solicitar al rey de España y al gobierno español, también al papa Francisco, que pidiera n perdón por los excesos y agravios cometidos (con la cruz y la espada) contra los pueblos originarios durante la Conquista con el propósito de lograr una reconciliación. Tras la polémica desatada, el presidente de nosotros los mexicanos, rechazó que esta demanda para la reconciliación sobre la base del perdón, ponga en riesgo las relaciones México-España cuyo presidente, Pedro Sánchez, ha sido hasta ahora el único que ha realizado una visita al país. Es algo que debe analizarse, no en el afán de la confrontación, del encono, sino de ponernos al corriente para reconciliarnos.

Si pensamos que no hay que disculparnos, que no hay que pedir perdón, que todo fue fortuito, normal, que no hubo violaciones a lo que ahora conocemos como derechos humanos. México no hizo públicas las cartas –ni lo hará ahora– por respeto al gobierno de España, porque es un asunto de forma, pero a veces la forma es fondo. Si ellos quieren difundir el contenido de las cartas, están en su derecho, pero el propósito es integrar un grupo conjunto que elabore una relatoría de lo que sucedió, y sobre esa base, de manera humilde, aceptar nuestros errores. Si ellos quieren difundir el contenido de las cartas, están en su derecho, pero el propósito es integrar un grupo conjunto que elabore una relatoría de lo que sucedió, y sobre esa base, de manera humilde, aceptar nuestros errores.

Reivindicó que a su gobierno sí le importa la memoria histórica e insistió en la necesidad de pedir perdón y comenzar una etapa nueva de reconciliación y de hermandad, pero todo esto se habrá de procesar con mucha prudencia. Para el Presidente, la conmemoración de los 500 años de la caída de la Gran Tenochtitlán no sólo es una iniciativa para que el rey de España, Felipe VI, y el papa Francisco pidan ese perdón, sino para que también lo haga México por los excesos contra los yaquis y los mayas. Más otras tantas etnias que se acumulen diría yo.

La iniciativa pegó fuerte. De anacrónica, fruto de una ignorancia escandalosa o del cinismo de un populista sin escrúpulos fue calificada por la derecha española. El gobierno español, respondió con contundencia y por conducto de su canciller tildó la propuesta de desafortunada. En tanto, el amigo de López Obrador y presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, la definió como una imposición inadmisible.

En España floreció el orgullo patrio y lejos de reconocer los excesos y agravios que se perpetraron durante el periodo de la Conquista, la mayoría de los dirigentes políticos y de los medios de comunicación se volcaron para exhibir los siglos de colonización e incluso pedir al pueblo y al gobierno de México que den las gracias al Estado español por haberlos civilizado. En las reacciones hubo insultos, argumentos xenófobos y racistas y un sinfín de afirmaciones supremacistas que han inundado las redes sociales. Sólo algunas voces aisladas, sobre todo de partidos de izquierda, han encontrado en la iniciativa una buena ocasión para la reconciliación.

Los más exaltados ante la propuesta del mandatario mexicano fueron los dirigentes políticos de la derecha española. El líder del Partido Popular, Pablo Casado, afirmó que son unas declaraciones inadmisibles, de una ignorancia escandalosa y que no vamos admitir. El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, calificó la propuesta de ofensa intolerable al pueblo español y dijo que con este tipo de cartas se demuestra cómo actúa el populismo: falseando la historia y buscando el enfrentamiento. Nada más que decir. España dejó Nueva España como un territorio rico y próspero.

El Presidente está en libertad de pedir y de decir, y ojalá que con esa misma libertad nos permita decir lo que tengamos que decir. Todos estamos de acuerdo en que más que mirar atrás, porque fueron otros tiempos, tenemos que amar el presente y actuar para construir el futuro con esperanza.

No siempre resulta fácil entender el sentido del perdón de actos pretéritos. Se trata, finalmente, de heridas históricas cuyos efectos en el presente requieren de una interpretación, y cuyos herederos necesitan ser definidos en un proceso de deliberación. El perdón extemporáneo resulta valioso sólo cuando ayuda a cambiar alguna práctica que sigue vigente y cuando no son distracción política. La violencia de la guerra (y de la paz que le siguió), los trabajos forzados, la imposición de tributos... todo aquello ha tenido efectos duraderos, transgeneracionales. De eso no cabe duda, y por esa parte quizá AMLO haya hecho bien en hacer un llamado a la contrición por los males de la Conquista. Sin embargo, hay aspectos problemáticos en su llamado.

El primero es que, en lugar de pedir perdón, AMLO haya comenzado pidiendo una disculpa. Ningún Presidente de México tiene autoridad moral para erigirse en sujeto de los agravios de los indios, porque el Estado nacional es heredero tanto de los conquistadores como de los conquistados. Pero al citar casos de genocidio como los hechos que merecen su contrición, López Obrador separa implícitamente al Estado mexicano de su nexo íntimo con el imperio del que nació.

Los indios de México merecen reparaciones por las injusticias seculares de las que son herederos. En eso tiene razón el jefe del Ejecutivo. Pero hubiera sido más justo hacer un llamado al rey para que los herederos de la Conquista juntos –el rey de España y el Presidente de México– pidieran perdón a nombre de los Estados que representan, y se entregaran desde ahí a un proceso genuino de sanación.

Las misivas de López Obrador sin consulta popular, ofrecen la oportunidad de repensar nuestro pasado, con sus luces y sombras sin evadir cada cual su responsabilidad, adoptémoslas como un propósito más de la Cuarta Transformación.

 


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