Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

CLAUDIA Y LA GRAN CIUDAD.

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 17-12-18)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

 

La jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, ha sido confiada a Claudia Sheinbaum, la científica metida a la política. Con ello, la izquierda ha vuelto al poder en la capital de la República, esta vez acompañada desde la Presidencia por Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Se dice que el principal reto de Claudia, consistirá en hacer un buen gobierno sin que se note demasiado, es decir, que un eventual buen paso en el gobierno capitalino no levante demasiadas tolvaneras internas en un partido (MORENA) y en un liderazgo presidencial que no acepta más que una figura fuerte, la de AMLO.

De entrada, la jefa de gobierno tiene bastantes fichas a su favor: Goza del aprecio y la confianza plenas de AMLO, y del círculo más cercano a este, incluyendo a la familia; es la primera mujer en llegar a la máxima responsabilidad ejecutiva en la capital del país; cuenta con mayoría en el Congreso local y podrá aplicar y potenciar algunos postulados contenidos en la primera Constitución de Ciudad de México. Sin embargo, el punto de referencia de la académica, debe ser la herencia que durante cinco años fue realizada por el propio López Obrador con signos característicos de honestidad en el manejo del dinero público y un marcado sentido social, que le sirvieron al tabasqueño para sentar las bases del movimiento político y social que lo llevó a Palacio Nacional.

Pero, ahora, la científica recibe del interinato de José Ramón Amieva, una metrópoli agobiada por la violencia delictiva y un cumulo de problemas graves de índole local y nacional: la inseguridad, la corrupción, el deterioro ambiental, el nuevo aeropuerto, la crisis de movilidad, la desatada especulación inmobiliaria, el abasto de agua y las insuficiencias del drenaje y de otros servicios, entre los más importantes, que se acentuaron o se generaron durante la pésima administración de Miguel Ángel Mancera, que ha tenido como consecuencia un perceptible rebajamiento en la calidad de vida de los capitalinos. Se trata de una problemática interconectada y muchas de cuyas soluciones se encuentran, parcial o totalmente, fuera del ámbito de la autoridad capitalina.

Aunque la lucha contra la corrupción y la recuperación de la seguridad pública no parecen ser tareas fáciles para ninguna autoridad, y menos en el grado de degradación al que han sido conducidos el país y su capital por los gobernantes anteriores, en estos terrenos, Sheinbaum tiene como circunstancia favorable la sintonía con el Ejecutivo federal, para el cual resulta igualmente prioritario limpiar las oficinas públicas de funcionarios corruptos y reconstruir la seguridad en todo el país. Por lo que hace al control de la especulación urbana y a la proliferación de desarrollos habitacionales y comerciales fuera de toda norma y de todo sentido común, es evidente que Sheinbaum deberá hacer frente a los poderosos intereses financieros que se encuentran detrás de tales negocios y a los que la sociedad ha caracterizado, no sin razón, como la mafia inmobiliaria.

 

Ante la insuficiencia presupuestal para resolverlos de fondo, Sheinbaum se ha propuesto recurrir a la innovación y al uso intensivo de tecnologías como parte de los principios orientadores de su gestión. Ejemplos: su plan de gobierno establece la captación y aprovechamiento de aguas pluviales para diversificar las fuentes de agua de la ciudad y mejorar el abasto hídrico, y uno de los proyectos más ambiciosos en materia de movilidad es la construcción de un teleférico (cablebús) que permita ampliar la capacidad del transporte público sin incrementar con ello la cantidad de unidades que compiten por el limitado espacio en las superficies de rodamiento.

 

Además, su plan de gobierno recoge la promoción y protección de los derechos de nueva generación, como los de género, de pueblos originarios y ambientales, y se plantea un giro en la acción de la autoridad de las políticas coercitivas a estrategias más eficaces. Es el caso de las fotomultas, las cuales además de que han dado margen a un negocio particular tan jugoso como injustificable, se han venido aplicando con múltiples arbitrariedades e irregularidades. En este mismo espíritu debe saludarse la decisión inaugural de Sheinbaum de disolver el cuerpo de granaderos, una rama de la policía capitalina con un deplorable historial de represión a movimientos sociales. Con esa acción, responde a una demanda social que data de hace medio siglo, toda vez que fue uno de los puntos del pliego petitorio del movimiento estudiantil de 1968.

 

Para muchos, Claudia no es carismática y algunos de sus cercanos la describen un tanto ansiosa por desentenderse de las grillas, deseosa más bien de navegar con asepsia técnica entre planes y programas. El cambio de fondo habrá de demostrarse, en terrenos como la honestidad en la relación con las inmobiliarias y en el castigo a funcionarios corruptos, que esperamos que se cumpla. Finalmente, por el bien de todos los capitalinos, Sheinbaum tendrá que desplegar artes políticas propias de las que no ha dado una magistral muestra hasta ahora, porque una mano superior y benefactora la ha ido guiando a través del laberinto de la política nacional y sobre todo en el contexto de la gran zona metropolitana.

  

 


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