Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

LA PURIFICACIÓN.

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 10-12-18)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

Hace apenas 10 días, las ideas injertadas en duras sentencias verbales, caían desde la tribuna del Congreso sobre selecto grupo –empresarial y político– como crueles martillazos. Largos momentos de crítica certera al mero corazón del modelo, aún vigente, pero en forzado retiro. El neoliberalismo pasó al estrado con su derrota y ocaso. Un triste periodo que empobreció a los mexicanos, concentró la riqueza, generó violencia, cegó oportunidades y negó bienestar a la mayoría. 

Una impecable crítica que halló sin debate, la causal eficiente de su inoperancia: la corrupción generalizada de los gobernantes –convenencieramente afiliados a tal credo– arrejuntados con los traficantes de influencia. Sus abusos fueron excesivos, los desmanes, impunes, duraron décadas. Llegó, por fin, el recuento de sus daños y culpas, envueltos en severas palabras. La letanía de agravios parecía no terminar. Las expresiones de ciertos invitados especiales se endurecían por momentos. La expectativa de un mensaje conciliatorio, edulcorado, lleno de lugares comunes previamente santificados en la crítica mediática, se evaporaba entre el reducido círculo de esos oyentes. El ambiente no pudo más que volverse tenso, incapaz de ser diluido por pretenciosas y forzadas sonrisas. Quedarán, los residuos y enojos en los ánimos de poderosos personajes que resentirán, más que todo lo demás, el cerrojo de la puerta, antes abierta de par en par.

Pasado el trago amargo, llegó la purificación en el Zócalo, una ceremonia religiosa donde los oficiantes del acto tienen antecedentes que hacen dudar de la representatividad que dicen tener de los pueblos indígenas y ante quienes Andrés Manuel López Obrador (AMLO), el nuevo presidente simbólicamente se arrodilló. El ceremonial purificatorio lo encabezó un pretendido gobernador indígena, de nombre Hipólito Arriaga bien conocido por dedicarse a venderle la idea, a quien quiera comprársela, de que habla por los pueblos indios de México. Hipólito es acomodaticio, antes puso su hueco puesto de gobernante indígena al servicio del priísmo. En el templete abundaron mestizos y farsantes que se han apropiado de creaciones culturales indígenas, o, más bien, de lo que ellos y ellas han recreado como esencia auténticamente india. Así lo demuestra, y brinda otros datos interesantes, Marcos Matías Alonso, investigador titular del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social. 

Los pueblos indios de México son diversos, viven cotidianamente un proceso de intensa diversificación y están lejos de ser lo que la representación escénica del Zócalo mostró a los allí reunidos y a los millones que siguieron la transmisión por TV o redes sociales. El rito, en el que abundaron invocaciones a los cuatro puntos cardinales, amuletos, rezos y copal, y quien sabe si algunas hierbas más, conllevó entregar un símbolo sin valía real, porque la misma idea de un solo bastón de mando que represente al conjunto de los pueblos indígenas del país ha sido cuestionada por múltiples intelectuales indios y autoridades comunitarias. Es una invención. Los bastones son símbolos de autoridad de cada comunidad, tribu o nación.

Según avezados críticos, El rito que abusó de cuestionados simbolismos y el discurso interminable que le sucedió, fueron un agregado innecesario. Sirvió sólo como remate para confeccionar un presente lleno de falsas promesas, llamados populares sin sentido y posturas redentoristas. Para algunos, fue un alegado despliegue, sin mesura, ante miles de seguidores obsecuentes. Imposibilitados para ver un tanto más allá de sus prejuicios, para otros más en cambio, la ceremonia rellenó sus propósitos. El nuevo modelo político irá, siempre, hermanado con la búsqueda de apoyo popular. Ahí, en ese espacio de confluencia movilizadora radicará la palanca para impulsar y consolidar el cambio en marcha. La prédica en las plazas será el motor energético y la pared de contención. Esparcir el evangelio laico de los afanes políticos impregna, hasta la más íntima esencia de su humanidad, a los diversos actores que se atreven a pulsar esa vía.

AMLO es un personaje de convicciones religiosas. Por lo mismo en sus discursos y proyecto transformador hace continua alusión a frases cuya fuente reconocen pocos de sus oyentes. Lo simbólico es importante, pero no a costa de hacer descansar en ello las tareas cotidianas que deben implementarse. El presidente tiene tras de sí un gran capital político, y es la hora de ponerlo en activo para lograr la transformación prometida. Conforme avance su sexenio lo que más contará serán los resultados. Mientras tanto, es inútil exigirle logros, pero también es exagerado creer que estamos ante cambios inminentes.  

Para ponernos a tono con máximas cuyo origen es bíblico y con la purificación de AMLO, no hay que olvidar que “la naturaleza del árbol se conoce por sus frutos” (Mateo 7:16). Tampoco debemos olvidar que, la tentación de gobiernos por extender las bases de legitimidad puede llevar a la búsqueda de endosos simbólicos, y para dar éstos no faltan liderazgos, en este caso religiosos, dispuestos a conceder lo solicitado por el poder en turno. ¿No cree Usted?

 

 


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