Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

CRÓNICA DE UNA TRANSICIÓN.

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 04-12-18)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

Sería imposible resumir en este espacio todos los asuntos abordados por el presidente Andrés Manuel López Obrador en el discurso de toma de posesión que pronunció ayer, frente a una clase política reconfigurada y decenas de representantes internacionales, en el Palacio Legislativo de San Lázaro y en su alocución, horas más tarde, en el Zócalo capitalino, ante el pueblo llano. Sin embargo, en la lectura de ambos mensajes presidenciales es importante destacar la determinación de cambiar drásticamente la orientación de un poder político que por más de tres décadas ha estado dedicada a beneficiar a los intereses corporativos privados y de paso, por medio de la corrupción y el dispendio, a los funcionarios públicos, para ponerlo al servicio de la población y particularmente de sus sectores más vulnerables, desatendidos y agraviados por los gobiernos del ciclo neoliberal: campesinos, asalariados, pueblos indígenas, mujeres, jóvenes, adultos de la tercera edad y personas con discapacidad, pero también profesionistas, pequeños empresarios, comerciantes e informales que han pagado los saldos catastróficos del modelo neoliberal.

Por el bien de todos, primero los pobres, principio de la Cuarta Transformación nacional que inició ayer y cuyas políticas y estrategias darán respuesta al síndrome desempleo-hambre-pobreza para evitar la desigualdad económica y sus efectos político-sociales, propósito que tiene que ver con el rediseño de la estructura de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, y de este modo los sectores económicos y sociales dispongan y concreten los necesarios programas y proyectos de los medios de vida sustentables y de pacificación en México.

López Obrador garantizó la seguridad de las inversiones nacionales y extranjeras, pero en seguida anunció la separación definitiva del poder público del poder económico que, acusó, durante décadas se alimentaron mutuamente al cobijo del modelo neoliberal, que ha sido un desastre, una calamidad para México. Haremos a un lado la hipocresía neoliberal, anticipó. Expresó un reconocimiento a su antecesor, Enrique Peña Nieto, por no haber intervenido –como sí lo hicieron Vicente Fox y Felipe Calderón– para frenar el resultado electoral. Emitió un llamado urgente al Congreso de la Unión para aprobar la iniciativa de Morena para constituir una guardia nacional con soldados y marinos e incluso los agentes del Cisen, tema polémico, pero acotó que aun cuando no todos los militares son intachables y que el Ejército ha participado en actos de represión por órdenes de la autoridad civil, en las fuerzas armadas no hay minorías corrompidas, no forman parte de la oligarquía ni están subordinadas a ninguna hegemonía o fuerza extranjera.

El Ejército y la Marina son instituciones fundamentales para garantizar la seguridad nacional, interior y pública. Si lo autoriza el Congreso, se replanteará el papel de las fuerzas armadas ante la inoperancia de las corporaciones policiacas, pero, como comandante supremo de las fuerzas armadas, no dará la orden de reprimir al pueblo ni seré cómplice o encubridor de eventuales violaciones a derechos humanos por parte de militares. En el terreno de la justicia se pueden castigar los errores del pasado, pero lo fundamental es evitar los delitos del porvenir. En consecuencia, propongo un punto final a esta horrible historia. Hoy se constituye una comisión de la verdad para castigar los abusos de autoridad, para atender el caso de los jóvenes desaparecidos de ­Ayotzinapa.

Comprometió todo su esfuerzo para lograr el renacimiento de México y convertirlo en una potencia. Gobernaré con entrega total a la causa pública. Dedicaré todo mi tiempo, imaginación y esfuerzo a recoger los sentimientos y a cumplir las demandas de la gente. Actuaré sin odios. No haré mal a nadie. Respetaré las libertades. Apostaré siempre a la reconciliación, ­anticipó. Haré cuanto pueda para obstaculizar la regresión en que están empeñados conservadores y corruptos. Explicó que, ante esa intención, su gobierno aplicará los cambios de manera rápida para que, si eventualmente “nuestros adversarios nos vencen, les cueste mucho trabajo dar marcha atrás. Como dirían los liberales mexicanos del siglo XIX, ‘que no sea fácil retrogradar’”.

En una evaluación del país que recibe, consideró que es más severa y eficaz la condena al régimen neoliberal, dejar en claro su fracaso y evidente corrupción, que emprender una persecución. Reprochó que el modelo neoliberal empobreció a la mayoría de la población y la obligó a la economía informal, a la emigración masiva o a la delincuencia. Resaltó que si bien la corrupción es un mal que siempre ha existido en el país, en el periodo neoliberal se extendió a tal grado que el sistema en su conjunto ha operado para ejercer esa práctica. La corrupción se convirtió en la principal función del poder político, describió.

Sin embargo, señaló que, contra lo que podría esperarse, la nueva etapa del país se iniciará sin perseguir a nadie porque no apostamos al circo ni a la simulación. Porque, explicó, si se abrieran expedientes no sería para perseguir a chivos expiatorios, sino a los de mero arriba del sector público y privado. Y en ese caso no habría juzgados ni cárceles suficientes. Y, lo más delicado, lo más serio, meteríamos al país en una dinámica de fractura, conflicto y confrontación. Ello nos llevaría a consumir tiempo, energía y recursos que necesitamos para emprender la regeneración verdadera y radical de la vida pública de México. Su postura es el perdón y la indulgencia. Que se castigue a los que resulten responsables, pero que la Presidencia se abstenga de solicitar investigaciones contra los que ocuparon cargos públicos o se dedicaron a hacer negocios al amparo del poder en el periodo neoliberal. El otro distintivo del nuevo gobierno será la separación del poder económico del poder político. El gobierno ya no será un simple facilitador del saqueo. El Estado recuperará su papel de disminuir la desigualdad social y definió como inhumano utilizar el gobierno para defender intereses particulares y desvanecerlo cuando se trata de proteger a las mayorías.

Horas más tarde, en la Plaza de la Constitución, una representación de los pueblos indígenas lo ungió como líder en un ritual en el que participaron los cientos de miles de asistentes al encuentro. Por primera vez en la historia del México independiente, un jefe de Estado se somete al mandato de los pueblos originarios en un acto público tan relevante como el que tuvo lugar ayer en la plaza principal del país y donde se comprometió a mandar obedeciendo. Posteriormente el mandatario formuló una larga lista de objetivos y metas gubernamentales, en lo que constituye una apuesta audaz y arriesgada no para atemperar las expectativas de la sociedad en torno a su gobierno sino, por el contrario, para elevarlas. Para terminar, los actos inaugurales del nuevo gobierno tuvieron un tercer escenario: la antigua residencia oficial de Los Pinos, que ayer mismo fue abierta a la población y que recibió en su primer día a decenas de miles de visitantes. En conclusión, la responsabilidad de la transición no será exclusiva del liderazgo de Andrés Manuel López Obrador, sino también del equipo México para que las acciones estratégicas de gobierno puedan favorecer el desarrollo de la economía y la sociedad y para que la ciudadanía se fortalezca para que no vuelva a aceptar nunca a gobernantes ricos en un pueblo pobre.

 


volver al homepage
HOMEPAGE


LINEA DIRECTA GERARDOREYES.COM DERECHOS RESERVADOS.   regg48@hotmail.com