Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

NOS ACERCAMOS.

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 27-11-18)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

 

En la vida nacional, nos acercamos a dos momentos claves y cruciales para su sustentabilidad, estos son: por un lado, el proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) y por el otro, el mensaje de toma de posesión que dentro de escasos 6 días, nos dará el presidente Andrés Manuel López Obrador.  

En el primer momento, en el PEF, habrá manoteos, jaloneos y primicias o no, pero lo que hoy impera es una extraña incertidumbre sobre su monto y asignaciones, no hay consultas públicas para ello. La austeridad, mal entendida y peor aplicada, no puede sino generar mayor especulación dentro y fuera del sector público y, la lealtad a la que apela el futuro presidente, no puede tardar en flaquear. Además de la consulta para las macro inversiones que están en la cartera presidencial (Tren Maya, Refinería, Reforestación de miles de hectáreas, etc., un ejemplo más sencillito que debe tomarse en cuenta, es el llamado respetuoso y sencillo hecho por el Consejo Universitario de la Universidad Nacional Autónoma de México, sobre la necesidad de un gasto público seguro y sensato para las universidades públicas. El llamado universitario en búsqueda de auxilio, termina así: “una sociedad con bienestar requiere de la seguridad de una educación pública, amplia y de calidad”.

 

Pero el silencio y la opacidad que hasta ahora reinan en los corredores de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), que blande la espada de la cruel realidad presupuestaria y del déficit de los recursos, difícilmente pueden comprender ese llamado de auxilio, sólo hablan de un coloquio de aprendices de brujo que son sometidos a los viejos ritos y consejas que hemos experimentado luego de 30 años de libre mercado e inestabilidad del Estado, que hasta aquí nos trajeron con el siguiente perfil: bajo crecimiento económico, alta inflación, deuda pública irremediable, desempleo, desconfianza de los inversionistas y corrupción en el manejo del erario. El reto no es iniciar obras nuevas (tren Maya, refinería, etc.) o pagar penalidades por las anteriores truncas o suspendidas (Aeropuerto CDMX, tren Toluca), el reto es y será siempre, como pagarlas y como pagar el servicio de la deuda que al cierre del 2017, su saldo neto era de poco más 10.8 billones de pesos (Registros de la SHCP). Este concepto contempla los compromisos financieros del gobierno federal, de las empresas productivas del Estado (Pemex y CFE) y de la banca de desarrollo (Banobras, Bansefi, Bancomext, entre otros).

En cuanto al segundo momento, el discurso del Mesías es tan confuso que nadie sabe o se puede imaginar que se va a decir acerca de la república amorosa, el juntos haremos historia, el perdón a los corruptos y criminales, el no teman, no pasa nada, y por último, por el bien de todos primero los pobres: Contra lo que queríamos y esperábamos muchos, la fase final de la transición de gobierno ha estado plagada de altibajos financieros y cambiarios, pérdidas en los índices que juegan en la Bolsa Mexicana de Valores y muchos cálculos no expresados todavía sobre lo que, por ejemplo, significará la cancelación del proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de México en Texcoco, para las empresas que habían adelantado inversiones y compromisos. 

Lo ocurrido con las acciones bancarias y su impacto sobre el tipo de cambio peso-dólar reveló tanto la fragilidad económica del país y la imposibilidad de desacoplarse del dominio de la alta finanza como su extrema propensión a resolver sus cortos plazos con cargo a la especulación en gran escala del cambio político y económico del nuevo gobierno. Tal es el mundo hostil en el que vivimos y en el que Andrés Manuel López Obrador, tendrá que buscar espacios para cumplir su promesa de la cuarta transformación del régimen qué para muchos, en caso de no ocurrir algo halagador, se ha desvanecido.

Ese desmayo, no da cuenta de las capacidades de supervivencia de los poderes que lo sostenían, ni de sus potencialidades destructivas en lo financiero, pero también en lo económico y, de continuar sin solución, también en lo político. Sin embargo, una serie agresiva de caídas en el tipo de cambio y en el mercado bursátil podría llevar a una ruptura, si se quiere parcial, de los principios y criterios de la economía abierta que han gobernado el flanco económico del ahora calificado de viejo régimen, sobre todo si sobreviene un descenso productivo, un congelamiento de proyectos de inversión y, como consecuencia fatal, una recesión en toda forma.

Nos acercamos a un panorama nada halagüeño para un nuevo mandato que promete la renovación de la política y, más allá de ello, de la manera de hacer las cosas por parte de los que mandan. En esas circunstancias, parece muy cuesta arriba proceder de inmediato a la reconstrucción política que aparenta estar debajo de los planes de concentración del poder desde las regiones, con las fuerzas armadas en el papel de policías y los famosos súper delegados administrativos nombrados por el presidente de la República, por encima de gobernadores constitucionales y otras linduras de las que apenas tenemos indicios. En esta cuarta transformación, creo yo, que para acercarnos al México que todos queremos, la lealtad republicana merece otro trato. Bajo la tutela de Andrés Manuel López Obrador, hoy nos queda de tarea.

 


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