Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

EL FUTURO DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN.

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 20-11-18)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

 

Andrés Manuel López Obrador, afirmó que su aspiración no es ser un dictador, sino representar a una república democrática, y anticipó que si bien en su administración no habrá censura y se respetará la libertad de expresión, ejercerá siempre su derecho de réplica a las críticas que le hagan. Dijo a los reporteros: “Si ustedes me faltan al respeto yo puedo en un feis decir que me faltaron al respeto y que mienten y actúan por consigna y no hacen periodismo, sino que están al servicio de grupos de intereses creados”. Quisieran estarnos cuestionando y que nos quedemos callados. No. No va a ser así. Ahora es distinto, porque no habrá prensa oficial y oficiosa, los medios son libres, hay más pluralidad y profesionalismo, ya no hay boletines de prensa, ya no hay chayote. Además, existen las benditas redes sociales”.

A propósito, en redes sociales, aludió a la portada de la revista Proceso, donde se aprecia una imagen del presidente electo con titular AMLO se aísla. López Obrador afirmó: “Una revista sacó una foto no sólo la de la portada, sino también al interior, donde aparezco así, ya decrépito, chocheando. Y el título es que estoy solo y que se avizora el fracaso. Muy sensacionalista, amarillista la revista. Más tarde, agregó: Que viene el fracaso. Se adelantaron un poquito. No pasa nada, porque esa revista pierde prestigio por esas desmesuras, por el amarillismo, por el sensacionalismo”.

“La libertad de expresión implica mensajes de ida y vuelta; el debate debe ser respetuoso, pero tiene que haber diálogo circular y libertades plenas y para todos, para el que critica en los medios, y el que es criticado que tenga el derecho a la réplica y voy a ejercer siempre ese derecho y que nadie se sienta ofendido. Todos tenemos que autolimitarnos, actuar de manera responsable, pero ni modo que por eso va a haber censura, no. No va a haber ningún medio censurado. En la democracia hay pluralidad y libertad de expresión. No es un pensamiento único y yo no aspiro a ser un dictador. Yo aspiro a representar a una república democrática. Eso sí, tengo una ambición legítima, quiero ser uno de los mejores presidentes de México”.

Desde el punto de vista del que escribe, López Obrador no debería montarse el traje de guerrero en combate personal contra los medios (para precisiones y aclaraciones está su oficina de prensa). Hay una enorme desproporción entre el poder de las palabras de un presidente, más de éste en particular, y las de una publicación, por equivocada o sesgada que fuera. No olvidemos que los personajes públicos, en razón de su cargo, están obligados a aceptar que su umbral de resistencia a la crítica debe ser más alto y amplio, y que las reacciones sociales o partidistas ante señalamientos descalificatorios de un presidente de la República pueden tener consecuencias que además de estigmatizar, son violentas (más en una sociedad tan polarizada, como es la actual), más allá de las nobles intenciones de esclarecer o debatir.

En todo caso, al presidente constitucional le corresponderá demostrar con hechos, no con palabras polémicas, la profundidad y autenticidad de los cambios propuestos e informar con pulcritud sobre ellos, al igual que respecto a los obstáculos y frenos que fueran encontrando en el camino. Con respeto a la institución futura, deseamos que AMLO ya investido como presidente Constitucional, sea capaz de desmontar el aparato de complicidades históricas entre los poderes político y periodístico, específicamente en cuanto a propietarios de medios de comunicación y negocios colaterales. Una buena oportunidad de mostrar una legítima espada ardiente contra las cúpulas del poder periodístico está a la vista, en el caso de la renovación de las concesiones de Televisa y Televisión Azteca, otorgadas virtualmente a última hora del sexenio que fenece.

Se dice que fue una acción concertada con el próximo gobierno, pero nos queda la duda ya que, en la construcción del camino hacia la democracia, más que pelear con periodistas y por coberturas periodísticas creemos que López Obrador, podrá ir más allá de las polémicas circunstanciales si con hechos políticos se muestra distante y justiciero de intereses televisivos que de la noche a la mañana, y en momentos de triunfo, se han convertido en buenos aliados. En suma, parece que nuevamente la libertad de expresión está en juego.

 


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