Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

TENDENCIAS

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 12-11-18)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

 

La división de los partidos políticos, los malos candidatos opositores, las contradicciones entre los diversos sectores capitalistas e incluso entre los mandos de las fuerzas armadas y, lo más importante, el respaldo de 30 millones de mexicanos, le permitieron a Andrés Manuel López Obrador (AMLO) llegar a una Presidencia que mucho antes, mediante diversas artimañas, le habían arrebatado de las manos. Fueron decisivos también el temor a la reacción popular en caso de fraude electoral (el tigre que AMLO ofreció domar), los malos gobiernos que anteceden al tabasqueño, y la agudización de la permanente resistencia a pesar de la represión, corrupción, impunidad, matanzas y desapariciones forzadas no resueltas, crimen organizado, gasolinazos, economías ficticias y relaciones exteriores en pésimo estado.  

Ahora, a escasos días del cambio presidencial y de la supuesta transformación con el paradigma de que “Por el bien de todos, primero los pobres”, el panorama es totalmente diferente, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) tiene mayoría en las dos cámaras del Congreso y AMLO asumirá la Presidencia sin mayores contratiempos; consecuentemente, es tiempo ya de apuntar algunas tendencias en favor y otras en contra del futuro presidente.  

En favor de López Obrador hay que apuntar que, pese a que no se apoyó en la decisión de los habitantes de Atenco y del lago de Texcoco, sí realizó, en cambio, una muy discutible consulta y elección sobre el emplazamiento del Nuevo Aeropuerto Internacional de México. Aun cuando la decisión se tomó sin ser todavía presidente constitucional, ésta terminal aérea, no se hará donde pretendían los banqueros (que están furiosos) ni se hará el megaproyecto inmobiliario en la zona. La trágica cancelación de una obra multimillonaria, ya en avanzada ejecución, era imposible de visualizar para ellos que alegan con seguridad notable que no es cualquier obra, sino la que llevaría a México entero a la modernidad y por ello, sin recato alguno, los eternos enemigos del cambio, sentencian prematuramente al triunfador de la pasada elección presidencial.

La visión que se desprende del chubasco mediático desatado se completa con la especulación bursátil. Sin tapujo que valga, la beligerancia mostrada en días pasados fue un primer y serio forcejeo político. Y en ese forcejeo se ha permanecido sin asimilar el golpe que canceló la magna obra aeroportuaria, donde tantos más cuantos intereses masivos se cruzan. La prueba de fuerza parece inclinarse, por ahora al menos, en favor de un decidido presidente electo que a pesar de las abiertas formas de amenazas y críticas desaforadas que han surgido, no ceja en su intención de llevar a término su programa transformador. Después de varias presidencias sucesivas, es la primera vez que el modelo imperante, sus beneficiarios y sostenedores entran en un periodo de prueba y ajustes drásticos, el cambio anunciado sigue su curso trazado.

 

Lo bueno es que, mientras el fuego desatado por los actores de este drama nacional ajustan posiciones, López Obrador se ha sumergido en los toques finales del presupuesto del año entrante donde se evaluarán los arrestos para continuar los cambios anunciados y la habilidad para organizar la logística y dar a las aspiraciones y sus limitantes, el sostén financiero que requieren. En cuanto se haga público el proyecto de ley y sea presentado en la Cámara de Diputados, se habrá de inaugurar otra etapa del forcejeo político por el mando nacional, mientras tanto, mucho de la confrontación parece suspendida en espera de las definiciones consiguientes. 

En contra de López Obrador, debemos apuntar el hecho de que las cámaras de Diputados y de Senadores ni siquiera han elaborado un calendario urgente de reformas a las leyes infames y persisten la Ley de Educación y todas las leyes reaccionarias sobre seguridad, Petróleos Mexicanos, los recursos naturales, la minería, la justicia o en materia laboral, nada se dice de todos los charros en los sindicatos y se mantiene la militarización del país, todo lo cual podría haber cambiado si las bancadas de Morena hubiesen tomado iniciativas en ese sentido y puesto a discusión popular leyes derogatorias y proyectos de nuevas leyes. Desde mi punto de vista, igualmente negativa es la decisión de hacer el Tren Maya, a costa del medio ambiente y de los campesinos del sureste mexicano y en provecho del turismo de lujo y de la especulación y, peor aún, la resolución sobre las denominadas Zonas Económicas Especiales que reorganizan el territorio en interés y a la medida del gran capital, con completo desprecio por las poblaciones y por la ecología.

Si tomamos en cuenta que es mucho lo que está en el tapete de las voluntades políticas y los intereses en juego. Y que en todos los casos el futuro presidente mexicano, ha demostrado ser, antes que nada, un caudillo latinoamericano clásico, que pretende establecer un lazo carismático con la plebe y cubre esa actitud con un discurso ambiguo democrático-demagógico. Es malo, hasta ahora que ni siquiera ha mencionado la posibilidad de romper con los cimientos de la dependencia de México reconstruyendo la economía y la sociedad sobre otra base. No lo hará porque no es anticapitalista, sino un defensor de la gran burguesía nacional que, como Carlos Slim, Salinas Pliego, Azcárraga y otros tantos, está profundamente entrelazada con el capital financiero internacional que gobierna a México y al mundo. Lo negativo también es que en este periodo de paréntesis, no basta con un cambio de gente en el poder, lo que debe cambiar es el verticalismo y los métodos de mando sin consulta.

Morena que debería respaldarlo, orientarlo y controlarlo, sólo lo apoya, ha permanecido prácticamente mudo y el único que lanza frasecitas y medias palabras es AMLO, en los momentos en que, con gestos de democracia, tiene que negociar con los grandes capitalistas sabiendo que carecemos de auto organización popular y que por ahora, sin comités democráticos y sin consejos de empresas o de comunidades con direcciones revocables por asamblea, tampoco hay democracia y el nuevo gobierno no representará ningún cambio si no llega a las comunidades, colonias, fábricas y ejidos o pueblos, donde las asambleas pueden y deben hacer planes para su respectivo territorio y, controlar o revocar a los funcionarios corruptos o reaccionarios.

Para dicha y placer nuestro, tal parece que han encontrado la manera de balancear ingresos con ahorros, nuevas prioridades y costos de los programas ofertados que harán difícil detener al voluntarioso presidente y menos descarrilar a su futura administración. Al menos por estos tiempos previos a la toma de posesión los asuntos parecen ir sobre los rieles debidos, y se trasmina la recia tesitura de lograr cumplir los cambios a la estructura actual. La confianza de López Obrador sobre la justicia de su proyecto de gobierno no desfallece. Por el contrario, se afirma y hasta endurece con el paso de los días y con la puesta opositora de marchas que dicen “Queremos progreso no retroceso”.

 

Lo cierto es que, después del primero de diciembre, el gobierno tomará el rumbo definitivo, en especial para beneficio de aquellos que siempre han quedado al margen de ellos: jóvenes, discapacitados, pobres marginados, viejos y mujeres, esos grandes conjuntos de seres humanos que el modelo neoliberal ha castigado sin contemplaciones. Así, la balanza de fuerzas trasladará buena parte de sus haberes en favor de la transformación anunciada. Por lo menos, esa tendencia esperamos.

 

 


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