Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

GANARON LOS PATOS

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 05-11-18)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

 

 

“La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre.

Con excepción de todos los demás”. Winston Churchill.

       

El sexenio de Enrique Peña Nieto termina como se inició: marcado por la inconformidad y la lucha de los pobladores de San Salvador Atenco en defensa de sus tierras, de su territorio y del lago de Texcoco. En un proyecto transexenal, la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), se convirtió en el gran negocio de su administración, en el que se fundieron, intereses inmobiliarios y políticos agazapados en forma de actos corruptos. Algo similar a lo que le pasó a Peña le ocurrió también a Vicente Fox, curiosamente su sexenio quedó marcado por Atenco.  

Amparado en una controvertida consulta popular en la que participaron poco más de un millón de personas, el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, apostó a la consolidación de su poder político verdadero extemporáneo y ha hecho que triunfe la opción aérea necesaria (Santa Lucía). Así pues, el Texcocazo no deja de ser una toma del poder presidencial antes de tiempo, con un seco golpe a la élite política no obradorista y a la complicidad histórica entre políticos y empresarios. El paso adelante dado por López Obrador puede ser el primero de una fibrosa consolidación de su poder político, pero también puede ser contenido o anulado por el poder económico y político que le es adverso y que ahora tiene plena y nueva confirmación práctica del riesgo que sus intereses corren.

El ejercicio, supuestamente democrático, generó reacciones encontradas en los partidarios de una y otra solución: la victoria de Santa Lucia fue recibida con alborozo por los pobladores de San Salvador Atenco –detractores históricos del proyecto–, grupos ambientalistas y partidarios del próximo mandatario. En tanto, las cúpulas empresariales, organismos financieros, asociaciones de transporte aéreo, así como los partidos Revolucionario Institucional y Acción Nacional, quienes defendían la continuación de la obra en proceso, reaccionaron con expresiones de profunda decepción y la formulación de malos augurios económicos fundamentados en el mal desempeño de la Bolsa Mexicana de Valores después del anuncio y en las fluctuaciones cambiarias que resultaron en una depreciación de 90 centavos del peso frente al dólar, aunque tales sucesos fueron también atribuidos al envío de efectivos militares estadounidenses a la frontera con México, en lo que constituye una supuesta medida de contención a los grupos de migrantes centroamericanos que se dirigen al país vecino a través de nuestro territorio.

Como resultado del primer duelo verdadero de fuerzas que se vive después de la elección presidencial del pasado primero de julio y de una engañosa transición de terciopelo, voces inconformes con el fallo popular, señalan que el anunció de la cancelación del NAIM y la ampliación del aeropuerto en Santa Lucía, coloca al país en una situación tensa en las cúpulas y preocupante en los indicadores financieros y económicos. Pero, López Obrador, en dos palabras, expresadas en forma de interrogación, sintetizó la esencia del diferendo: ¿Quién manda? Y lanzó las cuatro preguntas (4P) que sustentan su visión de lo que se ha llamado La cuarta transformación (4T): ¿Quién manda? ¿No es el pueblo? ¿No son los ciudadanos? ¿No es eso la democracia? “Ese es el cambio (...) se acabó el predominio de una minoría y la vinculación de poder económico y político. El gobierno es de todos, representa a todos y estoy seguro de que se va a ir entendiendo, cuesta trabajo, porque no termina de desaparecer lo antiguo, lo viejo, lo anacrónico. Imagínense el Estado mexicano, democrático, de derecho al que aspiramos, supeditado a mercados financieros y secuestrado sólo al servicio de un grupo”.

López Obrador convirtió la consulta en un pulso para ver quién manda en el país: si la alianza de grandes empresarios y políticos que perdieron las elecciones en julio, o él y la coalición por la cuarta transformación. En este pulso se metieron de lleno los pueblos y comunidades de Texcoco para hacer valer sus intereses, reinventarse, acumular fuerzas y reformular su lucha iniciada desde hace 17 años, por la defensa de sus tierras. Al poner la defensa del lago en el centro, la campaña construyó un referente que iba más allá de las demandas de un grupo de pobladores. Mostró cómo al defender su territorio se defiende la vida. Desmontó la falacia de que la construcción del NAIM es por el bien de la nación. Generó empatía con las resistencias de comunidades de Texcoco, en contraste con la devastación provocada por el nuevo aeropuerto. Enmarcó la oposición al NAIM en un contexto más amplio que es la lucha por el paradigma del país. Fue clave en construir las fuerzas para dar jaque mate a los empresarios y su proyecto.

Ante la decisión tomada, la postura asumida por el presidente en funciones, Enrique Peña Nieto, es significativa: “advirtió que si bien de aquí al 30 de noviembre no habrá modificación alguna ni a las posesiones ni a la ejecución del proyecto para no dejar de cumplir las condiciones estipuladas en los bonos de financiamiento del proyecto, su administración mantendrá los niveles de cordialidad en la transición de gobierno”. Por su parte, López Obrador, confirmó que su decisión es obedecer el mandato de los ciudadanos y anunció la construcción, en tres años, de un aeropuerto internacional en la base militar de Santa Lucía, repotenciar la terminal aérea de Toluca y modernizar la actual de Ciudad de México. Aseguró que “los intereses de los inversionistas quedan a salvo y las arcas públicas ahorrarán cien mil millones de pesos, con su peculiar sonrisa aclaró que a partir de ahora no habrá toma ni secuestro del gobierno por el poder económico”.

El político tabasqueño consideró normal la depreciación del peso en las horas posteriores a la consulta sobre el aeropuerto y tras su anuncio, reviró con amplitud las críticas de los empresarios: “Yo no engaño a nadie, tengo autoridad moral. Desde ahora hay una frontera entre el poder político y el económico”. Su percepción es que los empresarios aceptarán un acuerdo, porque no van a perder, es decir, no ha habido una oposición al gobierno electo ni al procedimiento de consulta.

Celebró incluso que con la decisión en favor de Santa Lucía se salva el lago Nabor Carrillo y no se va a ahuyentar a los patos, a las aves. Por la construcción (en Texcoco) se le tenía que quitar el agua al lago, a los patos. Explicó que se estudiará el destino de los terrenos de la obra detenida, aunque consideró que podría dedicarse a un gran centro ecológico, deportivo. La pregunta es: ¿habrá consulta para tal efecto? O de facto ya ganaron los patos.

 


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