Linea Directa


LA CIA Y EL REGRESO DEL ZORRO
Por Gerardo Reyes Gómez (LD 11-06-01)

George Tanet, director de la CIA, tal como aquel famoso espadachín cinematográfico del cine hollywoodense regresó, después de algo más de seis meses de ausencia, al escenario de la diplomacia secreta del Cercano Oriente. Su misión: una evaluación general de la actual situación de guerra y diagnosticar si Yasser Arafat continuará o no como líder político el Estado Palestino.

Tan delicada misión, al margen de la diplomacia formal estadounidense, hace evidente que el peligro de un rompimiento de las negociaciones termine con la guerra actual de baja intensidad entre israelíes y palestinos, para convertirse en una conflagración de mayores consecuencias.

El Zorro Tanet, aquel que con la punta de su florete dejaba una marca indeleble sobre la frente de sus enemigos, busca la información necesaria para saber si hiere de muerte a un Yasser rebasado por los grupos fundamentalistas de sus huestes, como el de Hamas, y quien, además, perdió la capacidad de ejercer el control sobre las acciones bélicas y el terrorismo ejercido por sus fanáticos nacionalistas seguidores.

Reforzado ahora "el Zorro" por un staff de lujo, formado por cuatro ex directores de la CIA, está dispuesto a llevar hasta sus ultimas consecuencias el peso de los intereses norteamericanos en el Cercano Oriente. Aun si con ello pone en evidencia la delicada posición de Muhammad Hosni Mubarak, el jefe del Estado Egipcio, como posible colaborador de la CIA, al igual que en el pasado lo fuera Anwar al-Sadat, quien apareció en la nómina de la CIA durante años y hasta su muerte.

A diferencia del estilo diplomático de Richard Nixon, que enviaba a su secretario de Estado Henry Kissinger a ganarse todos los premios de "viajero frecuente" en maratónicas travesías a Israel, Bush, como Clinton, ha dejado en manos de sus agencias de inteligencia, el peso de la diplomacia sucia. Y quién mejor que "el Zorro Tanet" para cambiarle el mal humor a un cada vez más agresivo Ariel Sharon; el asunto no es cosa menor.

Mientras, Colin Powell, el secretario de Estado y responsable formal de la diplomacia, una área en la que aún requiere ganar experiencia el del Pentágono, hizo sus pininos en otro escenario de vital importancia para la geopolítica estadounidense: China, "el poderoso Tigre del Lejano Oriente". Y, obedeciendo a una idea de George Bush, que en principio parecía genial, envió a un nuevo embajador de nombre Vicente Fox, para distender el agresivo clima de sus relaciones, originado por el incidente del avión espía estadounidense.

El operativo derivó en un fiasco. Vicente Fox, como diplomático resultó un buen empresario y, como empresario, resultó un magnífico payaso. Sus tres pequeños errores fueron: a) proponerle a Japón un tratado de libre comercio, sin consultas previas (los nipones, tomados por sorpresa, no sabían si reír o llorar de pena); b) auto proponerse como mediador entre las Coreas del Norte y del Sur; lo que equivaldría a haber nombrado a Arnold Schwarzenegger, el actor cinematográfico interprete de Terminator, como mediador entre israelíes y palestinos; y c) calificar con el eufemismo de tontos, por no llamarlos estúpidos, a los chinos que no invirtieran en México.

El asesor personal de la CIA de don Vicente Fox, Jorge G. Castañeda, quien también ocupa el puesto de canciller, y que lo acompañó en la misión diplomática, no sabía dónde meter la cara porque el embajador Fox se le salía frecuentemente del script. Total que para vergüenzas no ganamos, especialmente cuando estamos entre tantos zorros vivos y tantas zorras tontas.


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