Linea Directa


EDÉN POLÍTICO

 

ACUERDO TRILATERAL CON INTERVENCIÓN DE LÓPEZ OBRADOR

Por Pedro Lara Hernández (LD  08-10-18) 

plh2853@gmail.com

 

Tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos.

 

En un país con lento y difícil desarrollo económico como México, no podemos esperar gran cosa,  firmando un acuerdo comercial con dos países que tienen las economías más poderosas de la tierra, como son Estados Unidos de América y Canadá. Además de estar en un contexto mundial eminentemente capitalista y siendo vecino del país más poderoso de la tierra, ejemplo del capitalismo mundial.

 

En esta difícil situación geopolítica la realidad no ordena otra cosa más que ajustarse inteligentemente a las condiciones que se presentan, sobre todo cuando los estadounidenses tienen en este momento, un presidente cuestionado, pero autoritario e implacable en el ejercicio del poder.

 

Si a eso sumamos que los mexicanos tenemos encima, en marcha, una reforma energética que aprobó el Senado peñista en donde se entregó en bandeja de plata la industria petrolera a Carlos Slim, Alberto Bailleres y Carlos Hank Rhon, así como a petroleras de la talla de Exxon Mobil, Chevron y British Petroleum.

 

No necesitamos ser especialistas para saber el resultado de un tratado comercial que realizan dos economías poderosas y una economía en quiebra. Sumando a las condiciones de debilidad económica y financiera que presenta nuestro país, negociadores de un grupo político que durante seis años fueron ejemplo de la entrega de las riquezas nacionales a los extranjeros en condiciones totalmente adversas para el pueblo de México.

 

Observamos que a Enrique Peña y a su equipo les urgía firmar el tratado antes de irse, les interesaba llevarse el “mérito” de haberlo logrado. Por eso fueron los primeros que aceptaron las condiciones de Donald Trump. Lo que más preocupaba, era ver la sonrisa de oreja a oreja del impredecible presidente de ese país, irradiaba felicidad y muchos nos preguntábamos ¿A qué debe tanta felicidad?

 

El gobierno canadiense se dio su tiempo para incluirse en ese tratado comercial. No aceptaron en el acuerdo todo lo que el gobierno mexicano aceptó. Ellos mismos lo decían: no participaremos en nada que sea dañino para el pueblo canadiense.

 

EL pasado 5 de octubre en San Luis Potosí, Andrés Manuel López Obrador, Presidente electo de México, declaró que su participación en el acuerdo, evitó que se aprobara un importante capítulo sobre energía, en donde prácticamente el pueblo de México se quedaba sin libertades, sin soberanía. El tabasqueño aseguró que jugó un rol determinante en el nuevo acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá. Con su oportuna intervención, evitó que se comprometiera la soberanía energética de México.

 

A pocos días de que se ratifique el acuerdo comercial que sustituye al Tratado de Libre Comercio de América del Norte, Andrés Manuel reveló que hubo un momento en el que las negociaciones “se rompieron”, al abordar el capítulo energético. Desde la Plaza Fundidores en el centro de San Luis Potosí, el presidente electo explicó que se negó a aceptar “el apergollamiento” que se quería imponer al país, y tras consultar al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el mandatario del vecino país dio luz verde a la propuesta del futuro presidente mexicano, de mantener la soberanía energética de nuestro país a salvo.

 

Efectivamente, como escribe la periodista Dolia Estevez: “El capítulo 8 sobre energía del Acuerdo México Estados Unidos Canadá (AMEC) da a las empresas petroleras trasnacionales y a Andrés Manuel López Obrador lo que cada uno quería: a las primeras, blindaje jurídico para sus multimillonarias inversiones y para López Obrador, reconocimiento de la propiedad del Estado mexicano sobre el petróleo.”

 

Estoy de acuerdo con el historiador Lorenzo Meyer, cuando nos indica que: ”Debemos de tener plena conciencia que es obligación ineludible de la propia sociedad mexicana, como responsable de la soberanía y destino, el proveer la energía para la continuidad del cambio. La tarea de dar forma y consolidar un nuevo y mejor régimen político rebasa el tiempo sexenal y la capacidad de cualquier nuevo gobierno.”

 

La lucha política por tener un mejor país, apenas inicia. Si alguien piensa que el dinosaurio está muerto, está muy equivocado. Los intereses creados están muy presentes “vivitos” y “coleando”. La lucha política es permanente, es cotidiana, y merece toda la atención del pueblo de México.

 

Pero es indudable, que esta nueva etapa política que iniciará el 1 de diciembre empezará a cambiar el rostro de México.     

 

 


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