Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

QUE ES LA CONSTITUCIÓN MORAL

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 03-09-18)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

 

 

En aquel entonces, durante su campaña electoral, dijo el candidato de Morena: “En la constitución moral deben incluirse principios y derechos de nuestro tiempo, conseguidos o por conseguir, como la no discriminación, la diversidad, el respeto a la diversidad, la pluralidad, el derecho a la libre manifestación de las ideas, opiniones y sentimientos, fundamentos que deben tomarse en cuenta para poder hacer realidad una república amorosa”.

 

Ya como futuro presidente, Andrés Manuel López Obrador dio el banderazo de salida a la redacción de la tal constitución moral, reconociendo él mismo y la comisión re­dactora que su propuesta está ­inspirada en la Cartilla moral, de Alfonso Reyes, un texto ensayo elaborado en 1944 por el literato mexicano a petición del entonces secretario de Educación Pública, Jaime Torres Bodet y que fue redactado en el contexto de la ofensiva del presidente Manuel Ávila Camacho en contra de la educación socialista, finalmente sustituida por la escuela del amor. En los hechos, nunca funcionó. La campaña de alfabetización para la que fue escrita se echó a caminar sin ella.

 

En la cartilla, Reyes establece que la moral es una constitución no escrita con preceptos de validez universal, pero en la compilación histórica de la educación en México es apenas una anécdota. Que ahora se le quiera revivir es un absurdo y que se le quiera llamar constitución a lo que no es, lo es más. Afirma Alfonso Reyes, la Constitución es la ley de todas las demás leyes, se considera como emanación de la voluntad del pueblo en la doctrina democrática y, las leyes están para cumplirse. Son de observancia obligatoria. No existe una legislación que no sea coercitiva. La moral y las leyes son cosas distintas. Como señala Luis Gómez Romero, (Fantasía, Distopía y Justicia. La saga de Harry Potter, Tesis doctoral) estamos obligados a acatar el derecho, pero no a ser buenos. En nuestro corazón sólo manda la conciencia.

 

Pero entonces, ¿Qué debemos entender por constitución moral? Jesús Ramírez Cuevas, coordinador de Comunicación Social del presidente electo y cabeza del equipo encargado de la redacción de la constitución moral, dijo: No es una ley que vaya a ser obedecida: se trata de un tratado de ética y de moral que llevara el nombre de Constitución. Consiste en hacer un compendio de valores, ideas que puedan ayudar a la transformación desde la perspectiva de la moral y la ética (lo que ya hizo Alfonso Reyes) y en otra entrevista la definió como un tratado filosófico que buscará replantear los valores sociales para constituir una sociedad incluyente, democrática.  El periodista Enrique Galván Ochoa, otro de los integrantes de la comisión para elaborar el documento, explicó que “la idea de López Obrador es agrupar en un estatuto los valores que ya tenemos. No es una legislación coercitiva. Es un estatuto que agrupará valores éticos”. Una contradicción, porque, según el diccionario de la Real Academia Española (RAE), un estatuto es la regla que tiene fuerza de ley para el gobierno de un cuerpo.

 

Para muchos es comprensible que el futuro gobierno quiera moralizar la administración pública ya que, Enrique Peña Nieto y su administración que concluye, estuvieron marcados por sonados escándalos de corrupción y frivolidad que ofendieron e indignaron a amplios sectores de la población. Hasta ahora, López Obrador camina de la mano de su imagen de político honesto, capaz de poner fin a esta falta de decoro. Pero hay que recordar que las iniciativas de moralización no fueron inusuales en gobiernos anteriores.

Ante las desvergüenzas y las corruptelas del periodo de Miguel Alemán (1946-1952), el presidente Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958), propuso que los funcionarios y los empleados públicos procedan con la más absoluta honradez y así lograr la moral administrativa y pública de México. Para aterrizarlo formó Juntas de Mejoramiento Moral, Cívico y Material. Algo similar sucedió años después con la descomposición y la suntuosidad, de la administración de José López Portillo (1976-1982). Su sucesor, el ­neoliberal Miguel de la Madrid, respondió con una supuesta cruzada contra la corrupción moral y metió a la cárcel al jefe policial Arturo Durazo  Moreno el famoso “Negro”. El resultado final de su iniciativa (como la de Ruiz Cortines) fue un absoluto fracaso. Luego llegaron otros tantos inmorales: Salinas, Cedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto. Ni para donde hacerse el sueño se convirtió en pesadilla.

 

Si la constitución moral no es una ley que vaya a ser obedecida y si supuestamente es un estatuto, entonces es descabellado pretender elaborar desde el Estado un tratado filosófico o un tratado de ética y moral que no le corresponde al Estado hacerlo. Lo que sí es fundamental es que combata la corrupción en todos los niveles de la administración pública, también es comprensible que promueva un código de ética para el desempeño honesto de los servidores y que impulse la enseñanza del civismo y el estudio de ética en la educación media superior. Pero desde mi punto de vista, es inadmisible que para dar forma a una “república amorosa”, pretenda establecer lineamientos morales a un pueblo que gracias al seno familiar está lleno de ellos. Decía mí recordado padre: la educación, la lealtad, la moral y la honestidad también se maman en casa.

 


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