Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

LA CARTA DE FRANCISCO

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 27-08-18)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

 

De nuevo, un escándalo a escala Planetaria. Trescientos curas depredadores, más de mil víctimas menores de edad, es el saldo que arroja el estrujante informe de Pensilvania, Estados Unidos. Ante la cruel tormenta que le azota, el Papa Francisco dirige una valiente carta en la que otra vez se avergüenza y pide perdón. Sin embargo, las víctimas ya no quieren actos de contrición ni arrepentimientos, quieren justicia y acciones profundas que pongan fin a este flagelo.

 

La misiva bien intencionada e intensa ha perdido fuerza y entereza. Ya no tiene el impacto deseado ni la frescura espiritual buscada, pues es un acto estéril que se ha repetido a lo largo de más de 15 años. Uno a uno, los escándalos asechan la credibilidad de una institución cuya materia prima son los valores, el testimonio y la fe. Los perdones se remontan a Juan Pablo II, Benedicto XVI y ahora Francisco. Los mensajes eclesiásticos de ayúdate que yo te ayudaré, han perdido la fuerza simbólica, la Iglesia católica ha fallado y su reconstrucción tendrá que llevarse mucho tiempo.

 

Francisco reconoce en su carta que la Iglesia no actuó a tiempo, que no supo actuar ni reconocer la gravedad del daño que se estaba causando. Responsabiliza al clericalismo que incluye a laicos; aquí es contundente: “El clericalismo genera una escisión en el cuerpo eclesial que beneficia y ayuda a perpetuar muchos de los males que hoy denunciamos”. Decir no al abuso es decir enérgicamente no a cualquier forma de clericalismo. Sin embargo, medios y analistas le reprochan a Francisco que no ha hecho mucho para luchar contra la pederastia dentro de la Iglesia.

 

Probablemente su liderazgo de humildad ha encontrado fundadas resistencias internas. Incluso entre sus colaboradores cercanos hubo tres cardenales, integrantes del C9, acusados de pederastia o encubrimiento, como George Pell, australiano; el chileno Francisco Javier Cardenal Errázuriz Ossa, señalado por haber encubierto al sacerdote pederasta Fernando Karadima, y el cardenal hondureño Óscar Madariaga por haber protegido a un cura buscado por la Interpol.

 

El reproche no sólo es el abuso a menores, sino la red de complicidad, protección y encubrimiento de toda la estructura eclesiástica. Desde el obispo local hasta los dicasterios romanos, nadie queda libre de un código de omertá, (código de honor que prohíbe informar sobre las actividades delictivas consideradas asuntos que incumben a las personas implicadas) silencio cómplice, hipocresía de un machismo sagrado, una masculinidad sacra de los sacerdotes que aspiran a perpetuarse sobre las almas para luego controlar las conciencias y, así, detentar el dominio sobre los cuerpos. En especial de los indefensos, la potestad patológica sobre el cuerpo de niños y niñas que se inician en la búsqueda de la palabra del señor.

 

La novedad en los años recientes es la intervención de los gobiernos y medios de comunicación en las investigaciones y denuncias. El epicentro del macro sismo estalló hace 6 años con la investigación periodística de The Boston Globe. A partir de entonces los medios de comunicación han jugado un papel determinante en la denuncia de la pedofilia clerical en todo el mundo. Periodismo de investigación, reportajes, entrevistas, libros y redes sociales son el sustento de esta pesadilla.

 

Tan sólo en México recordemos el papel de CNI Canal 40, la revista Proceso y La Jornada que se distinguieron por dar cabida a las víctimas y denunciar a los depredadores. Desde Marcial Maciel hasta Nicolás Aguilar. En la actualidad se han sumado, aquí la novedad, la intervención de estructuras gubernamentales como fiscalías, ministerios, comisiones. Es decir, son investigaciones de Estado sobre la pederastia cuyo alcance es mucho mayor. Tales son los casos de las pesquisas en Irlanda, Australia, Chile y ahora Pensilvania. Utilizan la documentación confiscada de los archivos de la propia Iglesia. En Chile, el gobierno procedió mediante un allanamiento de los archivos eclesiásticos, y explica el fiscal Luis Torres que tal procedimiento se debe a la atmósfera social que clama veracidad en las investigaciones, que han inculpado a 159 religiosos.

 

En México es muy difícil que el gobierno actual y el próximo, se comprometan a investigar a fondo los abusos clericales. Por el contrario, la PGR con argucias leguleyas ha ocultado información a los demandantes encabezados por Alberto Athié, referente a los 16 casos de curas pedófilos revelados por el cardenal Norberto Rivera en diciembre de 2016, mismos que jurídicamente mantiene bajo reserva. En otras palabras, el Estado mexicano se convierte en encubridor. No quiere o no se atreve a denunciar la pederastia clerical y se convierte de facto en instrumento de impunidad.

 

En su carta, Francisco señala que “Si un miembro sufre, todos sufren con él”, admite que, “mirando hacia el pasado, nunca será suficiente lo que se haga para pedir perdón y buscar reparar el daño causado”. Y “mirando hacia el futuro”, añade, nunca será poco todo lo que se haga para generar una cultura capaz de evitar que estas situaciones no solo no se repitan, sino que no encuentren espacios para ser encubiertas y perpetuarse”. En otras palabras, los demonios andan sueltos, “Que dios nos agarre confesados”. ¿No cree Usted?

 


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