Linea Directa


EDÉN POLÍTICO

 

EL TABASQUEÑO ANDRÉS MANUEL, EN EL MAR DE LAS ADULACIONES

Por Pedro Lara Hernández (LD  23-07-18) 

plh2853@gmail.com

 

“Es preferible la compañía de los cuervos a la de los aduladores,

pues aquellos devoran a los muertos y estos a los vivos”.

Diógenes. Filosofo griego

Dicen los que saben que es muy diferente la lucha por conseguir el poder, que el ejercicio del poder mismo. Las circunstancias, las presiones, la nueva realidad política empiezan a hacerse sentir y a modificar el sentido de gobierno. Muchos hablan de que el político que se sienta en la silla presidencial se pone automáticamente una camisa de fuerza con muy poco margen de maniobra en su toma de decisiones, por las muchas presiones que se empiezan a sentir de los poderes fácticos, de los grupos de presión económicos nacionales e internacionales, de los distintos grupos políticos, de los actores políticos nacionales.       

El pueblo por su parte piensa que el candidato triunfador trae una varita mágica que resuelve todos los problemas nacionales, y esto no es cierto. Las expectativas que se tienen por la forma en que se  triunfó son grandes y por ello la responsabilidad del nuevo gobierno, también lo es.

Quizás muchos piensan que Andrés Manuel tiene un mundo de asesores y consejeros, pero yo creo, por su forma de ser, que las decisiones de Andrés Manuel, hasta ahora las toma prácticamente solo. Aunque ésta práctica, el tiempo y las circunstancias lo harán variar, porque tendrá que entender que varias cabezas -sobre todo identificadas ideológicamente-, piensan más que una y los muy rezagados problemas nacionales heredados no serán fáciles de resolver.

También Andrés Manuel tendrá que enfrentarse al mar de adulaciones donde se encuentra inmerso, es importante que recuerde a los emperadores romanos cuando regresaban victoriosos de sus batallas, siempre se hacían acompañar de un siervo, que sostenía un paso detrás del triunfador los laureles de la victoria sobre su cabeza. Cuando subía la intensidad de las aclamaciones, se acercaba al militar y le recordaban las limitaciones de la naturaleza humana con la frase: “Recuerda, solo eres un hombre y no un Dios”

Pocos pueden dudar a estas alturas del partido, que Andrés Manuel es un astuto animal político, que gracias a sus habilidades, a su sapiencia y sobre todo a su perseverancia, está a punto de ser el próximo Presidente de México.

Pero como todo ser humano, tiene virtudes y tiene defectos. Lo grave, que en política, los segundos son valiosa carnita para sus adversarios políticos. Y cuando un político gana con la amplitud que ganó él. La loza que se coloca encima es sumamente pesada y de una enorme responsabilidad. Por eso antes de tomar una decisión política deberá ser cauto, prudente y reflexivo.

Si en algún momento será valioso el consejo del sabio de la política Don Adolfo Ruiz Cortines de que: “En la silla se hace lo que se puede y no lo que se quiere”, será en el preciso momento en que Andrés Manuel inicie su histórico gobierno.

En reiteradas ocasiones el tabasqueño ha afirmado que es enemigo del “Sí señor”, y de que cuándo pregunta la hora, contesten: “la que usted diga, señor”.  Pero en la práctica sabemos muy bien que a los políticos no gusta mucho que le corrijan la plana. Son tercos en sus decisiones y no hay de otra. Lo que les acarrea muchos problemas durante su gestión.

Por eso es muy importante que Andrés Manuel, aparte de su sensible e inteligente esposa, tenga cerca a una persona de toda su confianza que le esté recordando que es un ser humano, que solo tiene seis años de gobierno para lograr sus añorados propósitos de trascender como uno de los mejores presidentes de México.

Para salir bien librado del extenso, profundo y brumoso mar de las adulaciones, a cualquier político le recomendaría tomar lección de una anécdota del filósofo griego Diógenes: “Un día estaba Diógenes comiendo un plato de lentejas. En ese momento llegó Aristipo, otro filósofo que vivía con gran lujo adulando al rey Alejandro Magno y le dijo: “Mira, si fueras sumiso al rey, no tendrías que comer esa basura de lentejas”. Diógenes le respondió: “Si tu aprendieras a comer lentejas, no tendrías que degradarte adulando al rey”.

 


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