Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

LO MEJOR QUE PUEDE PASAR

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 02-07-18)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

Aunque con disgustos, emociones y esperanzas renovadas, finalmente logramos llegar al final del ritual electoral que se celebra cada seis años. Ahora, habrá que sobrellevar las consecuencias ya que para sorpresa de muchos, la apabullante aparición del equipo Morena en la cancha, que no era esperada por la crítica de hace apenas unos años atrás, fue y es el fenómeno relevante de la actualidad. Fue tomando forma desde las canteras donde fue labrada con cincel y martillo, inserta en la base de la población marginada y con un horizonte deseable de futuro. No hubo improvisación, sino un crecimiento admirablemente soportado por miles de voluntades, trabajos cotidianos e inteligencias movilizadas. Después de las elecciones y una vez que Andrés Manuel López Obrador dé vida orgánica al venidero gobierno, tendrá por delante la enorme tarea de proseguir la expansión de la conciencia popular. Parte sustantiva será volverse el imán de las necesidades y deseos colectivos. Su promesa de ir tras la transformación de México y de que juntos haremos historia, ya es su alta vara de medición.

A la par de este suceso partidista, la disposición de buena parte de la ciudadanía quedó plasmada al escoger, desde el inicio de la presente lucha electoral, a su elegido: Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Él fue, con muy pocas dudas, el triunfador, acicateado por el voto mayoritario de millones de hombres y mujeres. La diferencia respecto de los demás contendientes fue por demás notable, masiva y consistente. Frente a ésta, que bien puede calificarse de realidad imperante, se levanta una cortina de sentimientos plagados de miedos, incertidumbres, crisis, tragedias y acendrados rencores propalados con intensidad durante la contienda. Tales sentimientos, fincados en las ambiciones de las élites por conservar el poder, cincelaron la deformada imagen de AMLO que ahora con su inobjetable triunfo, les atosiga junto con sus oidores, subordinados y aliados.

El ambiente prevaleciente, sin embargo, ha podido absorber, no sin grandes dificultades, la compleja realidad del cambio que se avecina. No habrá holocaustos, ni venganzas desatadas, menos aún autoritarismos asfixiantes o vueltas a lo conocido y rechazado. El populismo sigue siendo el espantajo básico que le predican a AMLO. Estigmatizaron a los venezolanos Hugo Chávez y Nicolás Maduro para blandirlo contra indeseables y para demonizar a incómodos personajes a sus cupulares intereses. Las expectativas alentadas entre los electores, sin embargo, fueron de magnitud tan considerable que minimizaron el estigma.

Ahora viene un cambio importante, lo mejor que puede pasar es formar un gobierno que pueda situarse en condiciones de responder al reto planteado y a conformes e inconformes, en tiempos, calidad y formas, esa debe ser la cabalgante preocupación de los ya postulados para esa tarea de gobernanza. Aquí, en este peliagudo asunto de gobernar, radica toda la cuestión. La gobernabilidad no flota en el vacío: tiene nombres, instrumentos, recursos, intereses y programas precisos.

Una vez que pase el entusiasmo de las elecciones, se llegará acaso con toda la legitimidad otorgada por el voto ciudadano para sortear tal proeza. Nada le faltará al aparato de gobierno para lanzarse a concretar lo prometido. No le será fácil, ni cómodo ni tan veloz como fuera deseado. Se tendrá, al parecer, el Congreso federal de su lado y, tal vez, el número de estatales que permitan reformas de rango constitucional. Más no es dable ni posible pedir.

Seguramente, habrá urgencia por sustituir a un considerable número de servidores en el Ejecutivo con otros que lleven impregnado el modelo a seguir. Habrá que prepararse para ver de qué manera se van a encarar las dificultades y los fracasos que puedan venir: las alzas o bajas de precios que lleguen con la guerra comercial, la fuga o solidaridad de los capitales privados, la falta de educación, salud, empleo e infraestructura, o la falta de presupuesto para hacer las reformas prometidas,

Conciliar tan formidable  equipo con militantes fundadores de Morena dará nueva vida a pasiones bien conocidas en la política y la administración gubernamental. Se espera que las acciones para suavizar las rispideces de la lucha electiva no mediaticen los aprestos transformadores de sus orígenes.

Estimado lector: Lo mejor que nos puede pasar es que con López Obrador, tengamos un nuevo y buen gobierno, que no haya engaños, corrupción e impunidad, que la información sea muy seria y real, que fluya libremente, y que no se confunda el conocimiento y la crítica con los efectos de alguna oscura conspiración o compló. ¿No lo cree Usted?

 

 


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