Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

POR EL BIEN DE TODOS

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 25-06-18)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

 

En la campaña político-electoral que nos abruma, no se ha otorgado atención suficiente y sistemática a las estrategias de combate de la pobreza y la desigualdad. Por el bien de todos queremos un mejor gobierno y un mejor Presidente. Por el bien de todos, primero los pobres ha sido la proclama política mejor formulada de las tres campañas presidenciales del siglo XXI mexicano. Ahora, en la tercera, expresa con vigor la exigencia más imperativa e inaplazable que tiene ante sí la nación. Si llegamos a tener un mejor Presidente, en el cauce del combate simultáneo a la pobreza y la desigualdad hallarían coherencia todos los elementos requeridos para conformar un nuevo rumbo de desarrollo.

En el último cuarto de siglo se han estancado los niveles de pobreza: el general en alrededor de la mitad y el de pobreza extrema en torno a una quinta parte de la población. Las dos variantes del proyecto neoliberal que han alternado el poder (PRI- PAN) han sido incapaces de conjuntar las políticas económicas y sociales necesarias con la indispensable orientación redistributiva.

A la pobreza persistente se le ha sumado la desigualdad, debido sobre todo a las omisiones en materia impositiva y de salarios. La tolerancia social de estos males ha sido inducida por el gobierno que pretende que cada uno escape a las trampas de la desnutrición, la enfermedad y la ignorancia, sin establecer las condiciones sociales para que todos lo logren. La política de salarios y, más integralmente, la de ingresos deberían ir al frente. Hay que cerrar las épocas de represión del salario y empeoramiento de la distribución funcional del ingreso.

El mínimo debe alcanzar un monto acorde con su definición constitucional e inscribir el ingreso real de los asalariados en una dinámica ascendente. Se afirma que los salarios no deben fijarse por decreto pero se mantiene la práctica de contenerlos artificialmente por designio de política. Ahora que se exige en la renegociación del TLCAN, quizá se consiga que el nivel deprimido de remuneraciones deje de ser el mayor sostén de la competitividad externa. Acaso no cree usted amable lector que en el corto y mediano plazos no habría estímulo mejor al crecimiento que el proveniente de un aumento sostenido del poder de compra de la gente.

Otra de las cuestiones que se han agravado en lo que va del siglo es el desmedido aumento del sector informal de la economía. Absorbe ya a alrededor de 60 por ciento de la fuerza de trabajo, aunque su aporte al producto interno es desde luego inferior –sólo una cuarta parte. Los esfuerzos para formalizar a este vasto conjunto difícilmente tendrán éxito mientras no vayan en paralelo con mejoras perceptibles del ingreso y los niveles de vida. Eso significa tener un mejor Presidente.

En materia de salarios e ingresos, hay que considerar esquemas de transferencias monetarias universales sin vínculo con el empleo formal. Garantizar a todos y en primer término a la población más vulnerable un ingreso que permita condiciones de vida tolerables, facilitaría la inserción en tareas productivas, con efecto positivo sobre el crecimiento. Lograrlo, sería tener un mejor Presidente.

Como Rolando Cordera Campos advirtió, los jóvenes son ahora uno de los segmentos más vulnerables. Fuera de las minorías privilegiadas, crecer en el México del siglo XXI significa enfrentar una sucesión de carencias e insuficiencias nutricionales, de salud, educativas y laborales que desembocan en resultados desoladores. La pobreza aflige a prácticamente ocho de cada diez jóvenes sin escolaridad o con primaria incompleta; el doble de quienes concluyeron la secundaria o estudiaron más.

Fueron también jóvenes las principales víctimas de la violencia: entre 2000 y 2016, el número mayor de homicidios se concentró desproporcionadamente en el grupo de edad de 25 a 29, seguido por el de 20 a 24. Ser joven equivale a enfrentar el más alto riesgo de ser víctima de la violencia.

Los fenómenos diferentes pero simultáneos de niveles de pobreza elevados y persistentes y de desigualdad de ingreso y oportunidades cada vez más aguda han cerrado en la práctica los canales de movilidad ascendente en la sociedad mexicana. Desigualdad en México 2018 (publicado por El Colegio de México) muestra que las oportunidades de avance social son menores y mayores los obstáculos a superar para las mujeres, los pobres y los indígenas; se enfrenta un escenario preocupante de baja movilidad social y precarización laboral. Por el bien de todos hay que superarlo.

Las campañas a punto de concluir, parecen haber servido para otra cosa. Es al candidato Andrés Manuel López Obrador –quien en su momento planteó la proclama señalada al principio– a quien cabría demandar llevarla a la práctica de gobierno. Por el bien de todos.

 


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