Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

AMNISTÍA

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 18-06-18)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

 

La palabra, como tal, proviene del griego (amnestía), que significa ‘olvido’. Jurídicamente significa el perdón de penas decretado por el Estado como medida excepcional para todos los presos condenados por determinados tipos de delitos, generalmente políticos, a excepción de los inculpados por delitos de sangre. En este sentido, quienes habían sido declarados culpables de un delito pasan a ser inocentes, ya que el delito de que habían sido acusados ha desaparecido y, con él, la responsabilidad de cumplir la pena establecida anteriormente. Tal inocencia, supone la extinción no solo de la responsabilidad penal, sino además de los antecedentes penales de todas las personas que fueron acusadas del delito en cuestión.  

De allí que la amnistía implique también la necesidad de establecer un nuevo juicio de valor en torno a la conveniencia de establecer penas o sanciones para determinadas acciones y conductas, por lo que, el único poder facultado para establecer una amnistía es el poder legislativo, mediante la creación de una ley respectiva. Este tipo de leyes son sobre todo frecuentes en momentos de transición entre regímenes políticos, y se asocia principalmente al perdón de delitos políticos. 

Hago estas referencias estimado lector porque como usted sabe, el candidato de Juntos Haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador, nos quiso espantar con el petate del muerto al decir durante un mitin en Guerrero: "Vamos a explorar todas las posibilidades, desde decretar una amnistía para los lideres criminales, escuchando también a las víctimas, hasta exigir al gobierno de Estados Unidos que lleve a cabo campañas para aminorar el consumo en ese país: hay mucha pobreza, se abandonó a los productores y se está optando, se está decidiendo por el narcotráfico, todo eso lo vamos a plantear para que se serene el país". 

Su chascarrillo bastó para que sus contrincantes políticos y otros sectores de la sociedad se le fueran a la yugular sin ver que su propuesta tiene varios candados: primero tiene que ser una iniciativa del ejecutivo al legislativo y segundo, no aplica para los torvos sicarios del crimen organizado que cotidianamente cometen delitos de sangre y atentan contra la paz social en México. 

Ahora bien, sin sobresaltos y tapándose bajo el mismo paraguas, en Ciudad de México, el jefe de Gobierno José Ramón Amieva Gálvez, promulgó la Ley de Amnistía y ofreció una disculpa pública a aquellas personas que por fallos o errores fueron detenidas luego de participar en las manifestaciones y marchas que se realizaron de diciembre de 2012 a diciembre de 2015. Esa disculpa forma parte de la recomendación que en su momento emitió la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) sobre ese asunto.

Ante Nasheli Ramírez, titular de la defensoría de derechos, Amieva destacó que con este nuevo ordenamiento – entró en vigor como ley que extingue la atribución de ejecutar penas y medidas de seguridad contra quienes participaron en manifestaciones entre el primero de diciembre de 2012 y el primero de diciembre de 2015– se favorezca a cerca de 510 personas que hoy en día están acusadas por delitos como ataques a la paz pública, ultrajes a la autoridad, rebelión, motín y sabotaje, entre otros.

El mandatario capitalino expresó que las recomendaciones que emite la (CDHDF) son para entenderlas y atenderlas y no para regatear, discutir o atacar. El decreto no sólo extingue la pretensión punitiva, sino que reconoce –como autoridad– algo que se hizo mal y respeta un proceso legislativo, que es la voluntad popular.

Luego, con la demagogia que caracteriza a todo político mexicano, el mandatario local detalló que la libertad de manifestación es para ejercerse y respetarse; convocó a que reconstituyamos, reforcemos, regeneremos ese tejido social que nos permite escucharnos como sociedad, comunidad, colectividad en la Ciudad de México y afirmó engañosamente que a la par del perdón que se otorgará a personas hoy presas, se les resarcirá los daños que se reclamen.

Sólo me quedan dos cuestionamientos: primero, a ver cómo le hacen y segundo con que lo van a pagar, si ni siquiera han podido resarcir los daños a los damnificados del sismo y la reconstrucción de sus inmuebles está en él aire. No más engaños Amieva.

 

 


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