Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

EL DISFRAZ

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 30-04-18)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

 

México se disfraza de mil maneras: de alegría cuando esta triste; de solidaridad ante la desgracia y de me vale madre ante la sucesión presidencial; ejemplos: Disfrazada de sociedad civil (ONG), la organización Mexicanos Primero, fundada por grandes empresarios nacionales en el año de 2005, con el propósito explícito de fijar la agenda educativa y designar a las autoridades del sector al menos hasta el año 2036, lanzó en medios de comunicación y redes sociales un cuestionable anuncio que en medio de un ejercicio de presión política se supone sea el grito de guerra en el actual proceso electoral. En un minuto presentan a cinco niños disfrazados de candidatos presidenciales y estos acompañados del mensaje: “Que en esta elección se cumplan los sueños de todos los niños, no de los políticos” defienden las medidas más agresivas de la reforma mencionada.  

El anuncio silencia y deforma la voz de la infancia respecto de una problemática que le atañe de primera mano para sustituirla con un guion elaborado en lo obscurito, sin conocimiento y consentimiento de los propios educandos, los padres y madres de familia, los docentes y los especialistas en educación no adscritos a los organismos cupulares. Recurre a estereotipos lingüísticos que son condenables por su promoción de formas históricas de racismo, pero que además resultan paradójicos en un mensaje que presuntamente busca abonar a optimizar la preparación integral de las futuras generaciones. Caracterizar como costeño y norteño a dos niños que evidentemente no poseen un habla propia de esas áreas geográficas, debe señalarse como una caricaturización ofensiva de los habitantes de esas regiones que sin duda, debería quedar fuera de toda forma de comunicación política.

El disfraz y la bajeza del organismo y de su presidente Alejandro Ramírez Magaña, van más allá de la exposición de los menores de edad con fines de manipulación, la producción del video constituye un nuevo instrumento de presión para avanzar en una agenda privada que sin decir su nombre debe observarse con particular suspicacia por cuanto presenta el peligro de sustituir el mandato de las autoridades y la representación popular depositada en el Congreso con medidas sin más legitimidad que la otorgada por cúpulas empresariales disfrazadas de organizaciones de la sociedad civil (ONGs).

Disfraz muy común en nuestro país es el linchamiento, este fenómeno se inscribe en un contexto nacional que deja mucho que desear en lo que a seguridad se refiere, y rebasa el mero ámbito de la vigilancia: tiene que ver con las causales económicas de la delincuencia, con la corrupción que llega hasta los estratos más marginados de los cuerpos policíacos, con una disconformidad y enojo ciudadanos que se extiende por amplios sectores de la población, y con una visión del mundo que concibe a la violencia como única vía de solución a los problemas sociales. Permanece en estado latente hasta que detona el estallido de una ciudadanía que, indignada por la incapacidad o la falta de acción de las autoridades para brindarle la seguridad a que tiene derecho, decide cubrirse el rostro y hacerse, por mano propia, una iracunda y discutible justicia.

Para llevar agua a su molino, los políticos, empresarios y los candidatos en pugna, también se disfrazan en torno a la corrupción, el desempleo y la economía informal, respecto a la inseguridad, suelen proponer justicia a medias y medidas punitivas que si bien han probado ser ineficaces para reducir los índices de violencia e incrementar la seguridad, son recibidas con alivio por buena parte de la sociedad, inadvertida de que en el proceso se van erosionando, poco a poco, sus propias garantías individuales. Dejémonos de disfraces (pendejadas), ¿Cuál es el México que tenemos y cual es al que queremos llegar?

 


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