Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

REFINACIÓN PETROLERA Y GRACIOSA HUIDA.

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 19-03-18)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

 

Al cumplirse 80 años de la expropiación petrolera y mientras los candidatos para llegar a la Presidencia de la República, se ofenden e insultan con bajeza y correntia, la demagogia de los gobernantes actuales, anuncia que a finales del sexenio, a pesar de Peña Nieto y Romero Deschamps, entregarán al que los gane (trasnacionales) mediante concursos lo más posible, en especial de Petróleos Mexicanos (Pemex). Nos sorprende que ya rebajaron la producción de gasolina de Pemex, de 437 mil barriles diarios en 2013, primer año de la administración de Peña Nieto, a 187 mil en enero del presente año. Menos de la mitad. Y un ejemplo más, la producción del combustible diésel, bajó de un volumen de 313 mil barriles en 2013 a 136 mil en enero pasado. También menos de la mitad. Además de los ejemplos mencionados, sorprende que hubo bajas mayores en la producción de petróleo crudo y el gas natural.  

En artículos como el intitulado La producción petrolera liquidada gradualmente por el gobierno, del 14 de enero pasado del periódico Reforma, esta estrategia entreguista iniciada desde 1982 ha demostrado que es parte de una política antinacional y no es simplemente resultado de una crisis supuestamente mundial con artículos como el titulado Asia y Pacífico, crecimiento presente y futuro, del pasado 31 de diciembre. En la Memoria de Labores de 1981, última de Pemex anterior al cambio nacional de la política económica del país, se dice que hay seis refinerías, hubo antes otra versión, que eran siete. En 1981, había nueve refinerías funcionando: Azcapotzalco, Cadereyta, Madero, Minatitlán, Salamanca, Salina Cruz, Tula, Poza Rica y Reynosa. La capacidad total de refinación era de 1 millón, 270 miles de barriles diarios. Había, además, capacidades adicionales en construcción o desarrollo, tres de ellas, por un total de 600 mil barriles diarios con un total de casi 3 millones de barriles diarios para la refinería futura cercana. En ese mismo informe, había plantas de petroquímica en operación en Pemex: Ciudad Madero, Totonaca y Reynosa, en Tamaulipas; Ciudad Pemex y La Venta, en Tabasco; Matapioche, Minatitlán, Pajaritos y Poza Rica, en Veracruz; Salamanca, en Guanajuato; San Martín Texmelucan, en Puebla, y Tula, en Hidalgo.

Hasta 1982, con todos los problemas que había, se daba un crecimiento económico del orden de 6 por ciento anual, y desde entonces hemos tenido un crecimiento mínimo, con un promedio del orden de 2 por ciento anual y, por habitante, ya también mínimo. La mayoría de ellas están en desarrollo, unas con áreas adicionales en construcción, y otras en planeación.

La primera parte de este artículo (La Jornada, 2/3/18) llamó la atención la necesidad de asignar cuantiosas sumas de capital a la refinación de petróleo como un requisito necesario, más no suficiente, de un mejor desempeño. Se planteó también la secuencia que deberían seguir las inversiones en las refinerías, cuyo monto podría superar 25 mil millones de dólares, suma que no incluye inversiones en infraestructura logística que comprende actividades de transporte, distribución, almacenamiento y comercialización de productos petrolíferos. Para mejorar sus resultados el área de refinación necesita urgentemente instrumentar reformas fundamentales. Sólo de esta manera podrá hacer frente a mercados de productos en los que habrá de prevalecer la competencia. Muchas son las restricciones que enfrentan la refinación y sus actividades logísticas. Pemex las ha identificado, cuenta con extensos diagnósticos y ha elaborado programas detallados de mejoras operativas, que no fue capaz de ejecutar. Los fracasos están bien documentados y Lázaro Cárdenas del Rio lo sabe bien en su sepulcro, su expropiación nunca fue bien concebida por el neoliberalismo y solo ha servido para fotografías políticas.

La refinación es, quizás, la línea de negocios más mal manejada de Pemex. Su arreglo requiere una deliberación rigurosa y profunda sobre los complejos problemas que enfrenta. El primer paso en el diseño de una nueva estrategia de refinación será la identificación de las principales restricciones que efectivamente confinan su desempeño, con el objeto de establecer prioridades y secuencias en relación con los cambios requeridos. Realizar dichas inversiones, sin antes modificar el modo básico de operación y mantenimiento, sería un derroche de dinero y una forma de apuntalar un status quo desastroso. Los resultados operativos de la refinación en Pemex el año pasado son una señal inequívoca que obliga a reconocer la gravedad de la situación actual. Ésta es producto de intereses creados, complacencia, abandono e incompetencia.

La ilusa promesa de soluciones sencillas e inmediatas sólo sirve para fortalecer la inercia prevaleciente y alentar un desorden aún mayor. Incrementar gastos de operación y de inversión no sólo es insuficiente, puede también ser contraproducente. Convendría condicionar estos gastos a avances concretos de las reformas requeridas ya que, las pérdidas anuales netas incurridas por las actividades de refinación son cuantiosas y lo han sido de manera sistemática en los últimos 25 años.

Desafortunadamente la constitución de Pemex Transformación Industrial en el último trimestre de 2015 restó transparencia a los resultados financieros del sector de refinación, por lo que hoy no se cuenta con una buena estimación de dichas pérdidas que sea del dominio público. La restructuración de Pemex agregó a las cuentas de refinación las de gas natural y las de petroquímica y le restó las que correspondían a actividades de logística y de carácter comercial. Sólo en el caso de 2015 es posible comparar los resultados de Pemex Refinación y los de Pemex Transformación Industrial. En ese año, la primera registró una pérdida neta de 7 mil 100 millones de dólares y la segunda de 5 mil 500, una diferencia de 23 por ciento. Las cifras de Pemex Refinación dejaron de reportarse a la Comisión Nacional Bancaria y de Valores y a la Securities and Exchange Commission. Dicha discontinuidad estadística impide dar seguimiento a los resultados de la refinación en Pemex.

Esta fue una de las consecuencias, posiblemente deseada, de la restructuración. No contar con resultados de cada una de las principales líneas de negocios de Pemex contribuye a la pérdida de disciplina empresarial, particularmente en el área de refinación, y a desperdiciar un instrumento primordial de su gestión. Hay quienes piensan que revelar la magnitud de las pérdidas de refinación apoya su eventual privatización, sin darse cuenta que la falta de transparencia repercute al nivel de cada centro de trabajo. La transparencia de resultados operativos, comerciales y financieros de Pemex es indispensable para controlar el desempeño de esta empresa estatal. Una mayor transparencia es también esencial para la construcción de mercados competidos.

Los problemas son múltiples y se refieren entre otros al mal gobierno de la industria petrolera y de las empresas subsidiarias de Pemex; la incidencia de políticas públicas equívocas que han supuesto la transferencia masiva de renta al gobierno, a otras empresas y a consumidores; el estrangulamiento ocasionado por recortes de los presupuestos de operación y de inversión, que en ocasiones han sido abruptos y particularmente profundos; el deterioro del capital humano de la empresa inducidos por la falta de un liderazgo claro, la alta rotación del personal y la desconfianza mutua de funcionarios de carrera y los mandos que proviene de fuera de la empresa; una corrupción que incide en todos sus ámbitos y niveles jerárquicos; y la irrupción del crimen organizado en las actividades logísticas de Pemex.

Sin embargo, no se le ha dado la debida importancia a la falta de compromiso de altos ejecutivos y cuadros medios con los resultados de sus actividades y a rígidas prácticas industriales disfuncionales propiciadas por el liderazgo sindical para mantener el control de sus agremiados y su propia participación política a escala regional y nacional. El mantenimiento oportuno y efectivo de las instalaciones de refinación es una tarea crítica. En el área de refinación de Pemex es costoso, de baja calidad y desordenado, lo que incide en la utilización de la capacidad instalada. La alta frecuencia de paros no programados y de paros de larga duración afectan los resultados de las refinerías. El mantenimiento y reparación se realiza por personal sindicalizado y por empresas relativamente pequeñas, en no pocas ocasiones vinculadas a la gerencia de las refinerías. En otras partes del mundo son realizadas por empresas de ingeniería especializadas.

En 2017 un mantenimiento deficiente tuvo parado por largos periodos a las refinerías. Sobresale el caso de la refinería de Ciudad Madero que salió a reparación en agosto y deberá iniciar operaciones en abril de 2018. La refinería de Minatitlán registro niveles bajos de utilización a partir de septiembre y paró en enero de 2018. Salina Cruz tuvo paros totales en julio y octubre a raíz de los terremotos e inundaciones registrados y niveles bajos de proceso en toda la segunda mitad del año. Todas las refinerías, con la excepción de Cadereyta, produjeron un volumen inferior de gasolina y diésel a partir de los bajos niveles de 2016, lo que explica una caída total de estos productos de 24 por ciento, que se tradujo en mayores importaciones.

80 años de la expropiación petrolera se cumplieron, pero la refinación en PEMEX, aún constituye una herida abierta que, claridad de por medio, y de acuerdo a los términos taurinos del joven Murrieta, sería preciso cerrar antes de que Peña Nieto emprenda la graciosa huida ya que su apasionada entrega y su reforma energética, nos dejaron mucho que desear.

 


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