Linea Directa


ARAFAT ESTÁ SENTENCIADO; VIVE DE MILAGRO
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 28-05-01)

Debido al viejo argumento de que: "más vale malo por conocido, que nuevo por conocer", Yasser Arafat, el controvertido líder de la OLP, sin saberlo volvió a salvar la vida.

Por segunda ocasión en los últimos siete meses fue puesto en la mesa de la discusión de los servicios de inteligencia israelíes y estadounidenses la necesidad de reemplazar a Arafat, por alguno de sus lugartenientes y por segunda ocasión consecutiva la propuesta fue desechada. Debe quedar claro que tal reemplazo implica su muerte. El líder palestino, que alguna vez fuera calificado por Menajem Beguín como "la bestia bípeda", se ha convertido, para los el Estado de Israel y los EE.UU. un mal necesario. Sin embargo, a la tercera va la vencida.

Lejos quedó aquel día de 1983, cuando Arafat estaba claramente dibujado en la mira telescópica del rifle del francotirador israelí y éste prefirió no jalar del gatillo. En ese momento, los guerrilleros palestinos evacuaban Beirut y la derrota de Yasser debería servir para disminuir la violencia de su movimiento. De entonces acá, el Mossad y el Aman han perdonado la vida de su archienemigo una docena de veces. El sistema de satélites militares espías del Pentágono, que comparte información estratégica con el Mossad, debido a una antigua petición de la CIA, ha localizado, sin el menor asomo de duda, la conocida figura de Arafat y, sin embargo, han respetado su integridad física. Todavía en la anterior administración israelí de Barak, cuando el primer ministro dio la luz verde para ejecutar a conocidos luchadores palestinos obedeciendo a la guerra selectiva israelí, fue difícil mantener a salvo al jefe político de los palestinos.

A fines de la administración de William Clinton como presidente de los EE.UU. también fue evaluada la conveniencia de sustituir en la dirigencia palestina a Arafat y en tales discusiones participó, como es lógico suponer, el señor Tanet, director de la Agencia Central de Inteligencia, pero Clinton pretendió cerrar con broche de oro su segundo periodo presidencial consiguiendo la paz en el Cercano Oriente, para lo cual necesitaban a Yasser.

Hoy las cosas parecen haber cambiado un poco. Al haber tomado el ultraderechista Ariel Sharon las riendas del gobierno israelí las cosas tenían que desbocarse hasta alcanzar la situación actual. Y, para agravar el problema, el jefe del Departamento de Estado Collin Powell cree firmemente que Arafat ha perdido el piso, así que es sólo cuestión de tiempo para volver a plantear una tercera evaluación de la utilidad de Yasser en un conflicto donde inciden los intereses de los grupos hegemónicos más poderosos del planeta.

Quien logre reemplazar algún día a Arafat conocerá algún día que, ya desde ahora, las fuerzas más ocultas de la diplomacia clandestina, la de los servicios de inteligencia, trabajan horas extras para una sustitución que no ponga en peligro los precarios equilibrios sobre los que se sustenta la paz en la conflictiva región de los odios entre hermanos de distinta religión.


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